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miércoles, 14 febrero 2018
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#LosTreinta: Feliz jodido Día del Amor. Con cariño...

Por: Jonathan Reyes / @jonreyess

Aquí está, entre nosotros… un nuevo 14 de febrero se hizo presente. Este año me tocó pasarlo soltero (jamás solo. Usted no diga que está sola o solo porque es más pro decir que uno se ha encontrado consigo mismo y que en el ámbito sexual “no llueve pero gotea”). Hoy me desperté feliz, hasta que antes de salir de la cama para venirme a la revista hice mi ritual diario de revisión de mails, Instagram, Facebook, Twitter y Grindr. Ahí estaban ustedes, mostrando bellas fotos de sus viajes en pareja, recuerdos de sus salidas al cine, a comer, al crossfit juntos (una de las últimas y maravillosas modas del amor en pareja es hacer ejercicios de índole no sexual juntos). Hasta Michelle Obama le dedicaba un cariñoso saludo a Barack en Instagram: “Por siempre mío”. Era mucho, tenía que salir de la cama. Mientras esperaba un taxi era común ver a oficinistas con una rosa en la mano, con un globo en forma de corazón que seguramente ya tenía un destinatario seguro. ¿Hay una guerra no declarada entre solteros y comprometidos en este día?. Penélope decía en el chat grupal de amigos que para ella el Día del Amor es un día más. “Para mí es como el Día del Niño. No tengo hijos, no me interesa. Acá es lo mismo”. Un texto más abajo Lucy asumía públicamente que para ella sí es tema pasarlo sola, perdón… soltera. “Ya estoy decidida a comprarme una botella de vodka y cantar All by myself… Muy Bridget Jones…”. Mientras que Bruno, emparejado hace más de un año ponía la cuota racional al asunto “Esta es una fecha completamente inventada”. Inventada o no, siempre lo festejé. Estando en pareja o no. Un año coincidió que todo un grupo de amigas y amigos estábamos solteros. Ahí decidimos ir a cenar todos juntos para “celebrar nuestra linda amistad de años”. Deben saber ustedes que tengo un tema con la puntualidad. Siempre trato de llegar a la hora. Ese día me jugó en contra. Fui el primero en aparecer en el restorán pituco que elegimos para la ocasión. Era una mesa para seis, una mesa grande. Pasaban los minutos y mis amigos no llegaban. “Señor, ¿quiere algo para tomar mientras llega el resto?”, me preguntó el mozo. Pedí un pisco sour y unas ostras. Me comí todas las ostras, me tomé tres piscos sour y mis amigos no aparecían. Me empecé a rodear de parejas que obviamente celebraban San Valentín. Literalmente estaba solo, tenía que asumirlo. A la hora después se dignaron a aparecer. Las excusas sobre el tráfico en la ciudad, las demoras al salir de la oficina no importaban, yo ya me sentía como Carrie Bradshaw en aquel capítulo en que celebra su cumpleaños en un restorán y nadie llega.

Julio es gay. Lleva dos meses saliendo con alguien. La cosa pareciera ir en serio por lo que esta será una jornada especial para él. Ya nos sacó pica en el chat grupal sobre lo genial de este día. El sábado hay una fiesta Taurus. Usted amigo/a heterosexual que lee esto debe saber que son unas fiestas gays donde suena musical electrónica tipo tribal (por eso les dicen “tribaleras”) y la mayoría de los chicos terminan semidesnudos, muchos de ellos enfundados en “putishorts” y arneses de cuero. Un nuevo submundo gay que he ido descubriendo con los meses. Julio le pidió a su pololo (¿ya lo son oficialmente?) que lo acompañara a comprarse un arnés para la fiesta del sábado… todo muy sado, todo muy 2018. Su pareja, que es del tipo más fiesta en Blondie, más under, en un acto de amor, acompañó a mi amigo. Finalmente el muchacho terminó comprándose una polera donde se le pueden ver los pezones. Pareciera ser que las relaciones se tratan de eso; de ceder, de acompañarse, de jugar y disfrutar (se) juntos. Personalmente, este día ha sido uno más. Me costó años entender que también se puede ser feliz estando soltero. Antes no podía vivir si no estaba en pareja. Muchas de esas experiencias fueron buenas, otras pésimas y tal como ustedes, imagino, que uno aprende más de las malas que de las buenas. Mientras acá seguimos celebrando este 14 de febrero en Laos ya es el día 15 del mes. Mi amiga Luz se fue hace casi un mes a vivir la gran Julia Roberts en “Comer, rezar, amar”. Se ha descubierto a ella misma y también descubrió un inexplicable amor por los elefantes y los gorros de mimbre. Hace unas horas terminó la fiesta de “No Valentín” a la que fue en un bar cerca de una paradisiaca playa. “La pasé bien, pero definitivamente no era para mí”, me contó después. A mi también me invitaron a una fiesta de “No Valentín” esta noche. La condición del organizador es que cada amigo soltero lleve a otro amigo soltero al evento. Ya les contaré cómo me fue. Pero lo cierto es que la mejor relación es la que se tiene con uno. A veces cuesta años darse cuenta de eso, ¡pero por dios que vale la pena!.

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