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jueves, 27 diciembre 2018
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Luis Larraín: "He experimentado los límites más fuertes del dolor"

El ex presidente de Fundación Iguales salió este año de la escena pública. Tras perder la elección a diputado, se sincera con “Cosas” sobre lo que fue ese período. Debido a su insuficiencia renal crónica, Luis toma quince pastillas al día, pero la vida hoy le sonríe. Tras dos trasplantes de riñón, varias hospitalizaciones y un episodio de dolor pélvico crónico que pensó no iba a superar, se considera un hombre renovado y más libre que nunca.

Por: Jonathan Reyes / Fotos: Bárbara San Martín / Asistente de fotografía: Juan Lagos.

Hace exactos dos años, Luis Larraín se paró en el escenario de la Noche por la Igualdad, en el Hotel W, el evento más importante de recaudación de Fundación Iguales, para dar su tradicional discurso de agradecimiento a los asistentes. Nadie sospechaba lo que venía, excepto su familia y el directorio de la fundación. En ese momento, Luis anunció a las casi quinientas personas que se encontraban en el lugar –políticos, empresarios, rostros de televisión y amigos– que dejaba su cargo. Ahí mismo le pasó la posta a Juan Enrique Pi, el actual presidente de Iguales. Muchos quedaron sorprendidos, todos se preguntaban a qué se dedicaría ahora el hombre que luchó por sacar adelante proyectos tan emblemáticos como la ley de Unión Civil y que en esos años había ganado gran notoriedad pública. El paso era natural. A la vuelta de la esquina lo esperaba una campaña política intensa, compleja y agotadora para lograr un cupo como diputado del distrito 10 que incluye a las comunas de Providencia, Ñuñoa, Santiago, Macul, San Joaquín y La Granja.

Luis no ganó. En esta entrevista se abre por primera vez para sacar conclusiones de lo que fue su corto pero intenso romance con la política. Hoy trabaja como asesor en la Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo. “Este año ha sido el más distinto de mi etapa adulta, porque siempre ha habido algo que hacía que mi vida fuera un poco rara. Primero fue la diálisis: el año en que me titulé en la universidad, me empecé a dializar”.

Estudió ingeniería civil industrial, pero siempre se cuestionó si era eso a lo que se quería dedicar en la vida. Se fue de intercambio a Berlín, donde pudo vivir de forma más relajada su sexualidad. Entre medio congeló la carrera para estudiar teatro durante un año.

–Dejaste los pies en la calle para ser diputado. ¿Qué fue lo positivo y negativo de esa campaña?

–Lo positivo siempre es el aprendizaje. Aprendí mucho de cómo hacer campaña en un distrito tan grande como Santiago; podríamos haber hecho mejores estrategias. Uno puede defender sus causas y tener claridad sobre qué cosas va a votar, pero siento que en política no es tan importante la lealtad a tus causas sino que a tu partido, a tus líderes, a tu tribu.

–¿Y fallaron las lealtades?

–Más que eso, me resultó difícil el paso de activista a político, justamente por el asunto de las lealtades.

–¿Cuánto te afectó todo lo que pasó con Ciudadanos? Tu cupo era con ellos, pero después terminaste como independiente por Evópoli.

–Demasiado. Sabía que Ciudadanos tenía la misma posición que yo en varios temas, como diversidad, aborto, legalización de las drogas, etc. Era un lugar donde me sentía cómodo, pero el proyecto fracasó. Cuando renuncié a Iguales, lo hice por irme a un proyecto que incluía candidato presidencial, varios candidatos a senadores, otros a diputados, todo esto en una lista más amplia con Amplitud y otros actores, pero eso se fue desmoronando, a veces a mi espalda.

–¿Te sentiste engañado?

–No.

–Pero terminaste yendo por otra lista.

–Claro, pero porque no me quedó otra opción, no porque alguien me hubiera engañado. Sí me hubiese gustado que desde Ciudadanos me hubieran transmitido más información, pero en parte es mi responsabilidad por no haber sido militante. El proyecto por el que me fui de Iguales ya no era el mismo, pero ya estábamos en la mitad de la campaña, había pedido un crédito, tenía un equipo y muchos voluntarios motivadísimos trabajando y, lo más importante, tenía el anhelo de ser una voz de la diversidad sexual y de los trasplantados en el Congreso, por lo que sentía que tenía que terminar lo que había empezado. Cuando pasó lo del Servel, se le puso la lápida a Ciudadanos. Con eso, el partido no podía competir en la Región Metropolitana. Me ofrecieron ir por otras regiones, pero no sentía que fuera adecuado esa especie de “turismo electoral”. Ahí apareció el cupo de Evópoli, que tiene puntos en común con Ciudadanos. En Evópoli fueron generosos en el sentido que me dijeron que no me exigirían que apoyara a Piñera porque sabían las diferencias que yo tenía con él por su rechazo al matrimonio igualitario. Viendo todo esto con el tiempo, creo que lo mejor hubiera sido bajar la campaña porque sabía que perdería capital político al ir por una coalición que no me representaba del todo, pero es fácil ser general después de la batalla.

–¿Fue un error entonces ir por Evópoli?

–Creo que fue incómodo tanto para mí ir en una coalición de la que no era parte, como para ellos llevar un candidato independiente no alineado.

–Y hoy, ¿en qué sector político estás?

–Estoy donde he estado siempre, en el centro. Un centro que se articula con personas que vengan de la derecha o de la izquierda y que sean capaces de ponerse de acuerdo en varios temas. Un centro que no relativice las dictaduras ni las violaciones a los derechos humanos, que condene por igual todas las dictaduras, sean de derecha o de izquierda. Las convicciones están intactas, pero el proyecto político hasta ahora ha sido un fracaso. Por ahora no volvería a embarcarme nuevamente en una candidatura.

–¿Te costó parar la máquina?

–No, fue un alivio y necesitaba un respiro. Lo que sí hubo fue un poco de incertidumbre por saber hacia dónde sigue mi carrera profesional (se ríe). Creo que tengo muchas habilidades como ingeniero, internacionalista y activista que pretendo seguir poniendo al servicio de asuntos públicos de justicia social.

EL SOBREVIVIENTE

–¿Cómo está tu salud? Rechazaste el primer trasplante de riñón que te llegó de la lista de espera nacional y hace un tiempo tuviste que enfrentar un segundo trasplante donado por tu hermano sacerdote.

–En general, hoy estoy muy bien y feliz, porque este segundo trasplante ha sido más exitoso que el primero. Llevo tres años con este regalo que me dio mi hermano, tengo buenos niveles en mis exámenes, las diálisis pararon en 2010 después del primer trasplante y felizmente después nunca fueron necesarias. Tampoco es que yo sea sano; mis riñones funcionan, puedo tomar todo el líquido que quiero, pero me debo cuidar mucho más que el resto.

–En tu Instagram tienes una sección llamada “La ruta del enfermo crónico”, donde muestras todo lo que debes pasar para conseguir los medicamentos y poder hacerte los exámenes. Ahí se reflejan las falencias de nuestro sistema de salud.

–A la gente le encanta la “Ruta del enfermo crónico”. Hay quienes no entienden la diferencia entre enfermedades agudas y crónicas. Siempre tengo que hacerme muchos exámenes de control y visitar a varios especialistas. Mucho tiempo luché contra el acné, porque la piel sufre con los tratamientos. Con esto te bajan el sistema inmune para no rechazar el ADN extraño del riñón trasplantado. Hace poco más de un mes, estuve hospitalizado por una fiebre que me vino y los doctores nunca supieron a qué se debía. Pero mi peor crisis en los últimos años fue un episodio de dolor pélvico crónico que no me dejaba ir al baño, no podía tener relaciones sexuales, esa fue una época bien oscura. Fue justo antes de la campaña. Ahí experimenté los límites más fuertes del dolor. Ahora puedo vivir de manera normal y valoro todo lo que me está pasando. En algún momento mis amigos no entendían que yo vivía una realidad distinta porque antes me exigían rendir como si yo fuera alguien completamente sano; me decían “tómate una piscola más, cómo te vas a ir si es tan temprano”, y mi realidad era distinta.

–Ese episodio de dolor crónico que viviste, ¿pensaste que no lo ibas a superar?

–Me dio mucho miedo. Fue la hospitalización más larga que he tenido en mi vida. Nadie se explicaba a qué se debía. Nunca dije que no quisiera seguir viviendo, pero me daba susto la palabra crónico; pensaba que este dolor me iba a acompañar toda la vida. Era tan limitante como no poder ir al baño. Tuve mucha paciencia y buenos tratamientos que me ayudaron a salir adelante.

–Tengo la sensación de que hoy veo a un Luis más recuperado, alguien que hoy hace mucho deporte, que sale a fiestas, que disfruta de la naturaleza y de sus amigos. ¿En qué momento te relajaste?

–Tras la derrota en la elección, inmediatamente me puse a ver qué iba a hacer con mi vida y por eso empecé a buscar trabajo y el tiempo libre que tenía lo ocupé en ciertas prioridades como el deporte. Estoy con gimnasio cinco veces a la semana y con nutricionista, y estoy feliz con los resultados.

–¿Cambió algo más en ti durante este año?

–Sí, muchas cosas. Antes era muy descuidado con mis amigos, siempre eran ellos los que me invitaban y organizaban las juntas y eso cambió. Hoy tengo más tiempo y trato de dedicar muchos más espacio a esos afectos. He podido ir superando mi timidez y el ser apático. Me empecé a dar cuenta de lo rico que era verse más con mis amigos. Hoy soy yo el que toma la iniciativa y les digo que los quiero.

–¿Y cómo te va con los hombres? ¿Estás soltero?

–Ahora que estoy yendo al gimnasio y comiendo más sano, me va mucho mejor que antes (se ríe). Este año he podido salir más de carrete. He ido a fiestas a las que nunca había ido y he conocido a gente distinta. Hoy estoy soltero. Ha sido un año de descubrir y explorar. Uno pasa por etapas.

–¿Eres más libre?

–Definitivamente, hoy soy un hombre mucho más libre. //@revistacosas

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