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lunes, 4 diciembre 2017
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La magia del Lago

Agua, volcán, cielos prístinos. Esos son los telones de fondo del Teatro del Lago en Frutillar para desarrollar su misión cultural y educativa con la comunidad.

Por: Claudia Alamo

Agua, volcán, cielos prístinos. Esos son los telones de fondo del Teatro del Lago en Frutillar para desarrollar su misión cultural y educativa con la comunidad. El ballet “Cascanueces” –que tiene nueva temporada– es el reflejo más claro de la sinergia que se produce cuando artistas de talla mundial comparten escenario con jóvenes locales.

La Navidad se alimenta de la magia de los ritos, de la alegría de la celebración. También de momentos simples. La sensibilidad se instala en la primera capa de la piel. Por eso, la música, el arte, la danza son parte del menú de estas fiestas. Te llevan a un estado interior especial.

De los muchos ritos que se han ido instalando en la historia, está el ballet “Cascanueces”, de Tchaikovsky, que irradia un espíritu, una magia especial en estas fechas. Esta obra, todo un clásico navideño, fue estrenada en diciembre de 1892 en San Petersburgo.

Este año, al igual que el anterior, el Teatro del Lago ofrece este emblemático ballet y lo hace en ese espectacular anfiteatro que construyó la familia Schiess en Frutillar hace una década y que está a la altura de los mejores teatros del mundo, tanto en arquitectura como en despliegue técnico. Y el “Cascanueces” no solo es especial por el peso de su historia, sino porque cristaliza la labor social, educativa y cultural que esta apuesta tuvo desde un comienzo: abrir diálogo, hacer sinergia entre la cultura de primer nivel mundial con la comunidad nacional.

Aquí se trata de más de 140 alumnos en escena, interpretando los más diversos roles, quienes revivirán una vez más la historia de Clara, su cascanueces y el viaje por el mundo de los confites.

Para la puesta en escena de esta obra, la directora artística del teatro, Carmen Gloria Larenas, pidió al coreógrafo Esdras Hernández que trabajara con los alumnos de la Escuela de Ballet del teatro en el entendido de que debía ser un proyecto de creación en la que participaran todos activamente.

“El coreógrafo trabajó la obra codo a codo con los alumnos. Ellos podían hacer sus sugerencias y ser parte de la maravilla que emana de los procesos creativos”, dice Carmen Gloria al explicar que esta obra resume la labor más esencial del teatro.

Para apuntalar el espíritu colaborativo, se sumó el vestuarista argentino Mariano Toffi, quien trabajó una parte del vestuario en Argentina y el resto lo hizo en Chile con costureras de la zona.

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