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viernes, 22 junio 2018
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Maite Orsini: "Este es el minuto de la revolución feminista

Levanta las banderas del feminismo con fuerza, rabia y convicción. Dice que ella se siente una mujer abusada, que ha vivido episodios de violencia, vulnerabilidad y humillación. Sabe que hoy los requerimientos de las mujeres están en el corazón del debate. Por eso, cree que el movimiento debe ser más trasversal y construir un lugar común para todas.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Matías Bonizzoni

Tiene 30 años y un lugar ganado en la Cámara de Diputados. Lejos quedaron sus años como actriz y su participación en varios programas de televisión. Maite Orisini hizo un giro total y tomó el camino de la política, de las causas sociales.

Abogada y militante de Revolución Democrática, la diputada dice que no nació feminista, sino que fue un “despertar” cuando sintió que ella también había sido víctima de abusos y humillaciones. Relata que conoce el machismo desde pequeña, pero que se ha ido curtiendo. “Siempre me ha tocado irrumpir en espacios masculinizados. Yo fui bombero por mucho tiempo. Ahora quiero volver a serlo. Jugué fútbol toda mi vida”, comenta sentada en uno de los lugares donde la presencia masculina es potente y antigua: el Congreso Nacional.

A su juicio, esta ola feminista que irrumpió en las aulas universitarias debe pasar a una segunda etapa: conectar con el sentido común de todas las mujeres de Chile. Y llevado a la política partidista, cree que algo similar debe hacer también el Frente Amplio: hablarle transversalmente a los ciudadanos y no solamente al 20 por ciento que votó por ellos en la última elección presidencial.

–¿Cómo describes esta ola feminista? ¿Es un movimiento revolucionario, como dijo Camila Vallejo?

–¡Absolutamente! Ha habido muchas revoluciones en el mundo y este es el minuto de la revolución feminista. Porque la demanda feminista, si bien ha estado presente en muchos momentos de la historia, recién hoy dejó de ocupar un lugar secundario o de acompañamiento a otras demandas. Ahora es un tema principal. Y eso, sin duda, es revolucionario.

–Y llegó hasta acá…

–Es una ola mundial. Lo vimos en Cannes cuando las guionistas salieron a decir que había demasiado machismo. En España, cuando se movilizaron muchísimas mujeres para protestar por el machismo en el Poder Judicial. En Argentina, con el aborto libre. Y eso muestra que el mundo está abriendo los ojos. No se trata de un pequeño grupo de la población que está siendo discriminado, abusado, incluso asesinado. Estamos hablando del 50 por ciento de la población que durante milenios hemos sido abusadas.

–En ese sentido, ¿el movimiento universitario debiera ser más amplio, abarcar más?

–En Chile, la ola feminista nace, justamente, a raíz de los abusos sexuales y la falta de protocolos eficientes en las universidades. Pero yo creo que el machismo va mucho más allá de lo universitario, de lo académico. De hecho, me atrevería a decir que es mucho peor cuando hablamos de mujeres pobladoras o mujeres que viven en ambientes rurales. Ahí sí que el machismo es brutal. Entonces, yo creo que el desafío que tiene este movimiento feminista es transversalizar las demandas y que las mujeres temporeras, las académicas, las universitarias, las pobladoras, todas unidas seamos quienes combatamos esta injusticia.

–¿Y cómo llevas el movimiento desde las universidades a los sectores rurales?

–Bueno, ese es el desafío más importante y el más difícil del movimiento feminista. Yo creo que se hace con conducción. Tiene que haber un grupo de personas que decida liderar, junto con las estudiantes, para llegar a otros sectores para lograr hacer sentido común.

–¿Por qué crees que no se ha logrado?

–Porque muchas veces llevamos el mensaje en claves muy técnicas y hay mujeres que no se sienten representadas. Por ejemplo, yo voy a muchos foros y algunas mujeres me dicen: “Pero a mí me encanta cuidar a mis hijos; estar en mi casa y hacer las labores domésticas. ¿Por qué nos imponen que tengamos que salir a conducir este país, si yo no quiero?”. Eso dice que estamos comunicando el mensaje equivocado.

–¿Y qué les respondes?

–En mi opinión, también es feminista decidir quedarte en tu casa para criar a tus hijos. El tema es que esas mujeres sean libres para tomar esa decisión y no que lo hagan porque la sociedad se los impone y les prohíbe ocupar un espacio distinto.

–¿Qué es lo que debiera limarse en el mensaje feminista?

–Creo que falta generar mensajes que le hagan sentido común a todas las mujeres de Chile. El machismo está en todas partes. No solamente en las universidades. Quizás, todavía no hemos logrado permear esas otras realidades como quisiéramos. Tenemos que trabajar en representar a todas las mujeres de Chile.

DISPUTANDO EL PODER

–¿Hay distintos tipos de feminismo desplegados?

–Hay distintas corrientes. Está el feminismo radical, el feminismo liberal y el feminismo marxista. Pero eso es más académico. Lo que de verdad nos une es que todas queremos igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Ahora, ¿cómo logramos eso? Eso es lo que está en curso. Yo no soy una académica del feminismo ni me he dedicado al activismo. Soy una mujer que en base a la experiencia, que en base a sentirse una y otra vez vulnerada, humillada, abusada, se hizo feminista.

–¿Está en juego una disputa de poder?

–Aquí hay dos problemas por distinguir. Por un lado, la violencia, el acoso, las violaciones, que en su gran mayoría son hacia las mujeres. Y por otro lado está la mujer como sujeto de derecho, como partícipe de la sociedad. Y ahí se nos ha relegado a un segundo plano; a un lugar privado, que es el cuidado de los niños. Se nos ha dejado fuera del quehacer ciudadano. Entonces, esta lucha demanda más poder para las mujeres, pero no porque queramos estar por sobre los hombres, o creamos que somos nosotras las que tenemos que gobernar –aunque algunas podríamos creerlo–; lo que queremos es que se equipare el poder entre hombres y mujeres.

–Entonces, ¿sí hay una lucha de poder?

–Sí, por supuesto. Las mujeres tenemos que ganar espacios de poder. Lo dijo muy bien la diputada Alejandra Sepúlveda en una intervención que hizo. Ella dijo: “Yo creo que los hombres no están disponibles para renunciar a sus privilegios”. Por lo tanto, la única manera de ganar esos espacios de poder es peleándolos.

–¿Qué rol debieran jugar los hombres? Si no están dispuestos a renunciar, algo tendrán que hacer...

–Me gustaría ver a los hombres movilizándose por su derecho al posnatal; por el derecho a que sus seguros de salud les paguen los partos de sus hijos; por su derecho a participar de manera más activa en la educación de sus hijos. ¿Por qué no se movilizan por esas cosas que el patriarcado también les ha quitado a ellos? De verdad, me encantaría más verlos activamente participando desde ahí, que ocupando la voz del feminismo o diciendo cómo tenemos que hacerlo. Porque, justamente, parte de lo que estamos demandando es tener nuestra voz.

–La rabia, ¿es un motor en el movimiento feminista?

–Yo tengo rabia. Sí. Es una rabia de miles de años de abusos, humillaciones, discriminaciones, violaciones, asesinatos, que fueron normalizados por todos y todas. Entonces, sí, tengo rabia, pero también tengo esperanza. Creo que un movimiento basado solamente en rabia no va a llevar a nada. Es rabia con esperanza.

–Para llegar hasta aquí, las mujeres hicimos un cambio. ¿Qué cambio debieran hacer los hombres?

–Es verdad. A mí me pasó que yo tuve un despertar feminista. No nací feminista. Nací en una sociedad súper machista. Y mi lado feminista despertó cuando me empecé a dar cuenta de que había sido muchas veces maltratada por mi condición de mujer. Pero lo vi después. No en ese momento.

–¿Y qué te pasó cuando lo hiciste consciente?

–(...)

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