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Miércoles, 28 Junio 2017
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Mariana Di Girolamo: “No quiero acostumbrarme a la fama”

Por: Bernardita Cruz / Fotografía: Max Jorquera para Studio7/ Styling: Esteban Pomar / Maquillaje: Tere Irarrázabal para Nars / Pelo: Luis Mardones.

La protagonista de “Perdona nuestros pecados”, teleserie nocturna de Mega, cuenta que ha debido acostumbrarse a lidiar con los saludos y los aplausos, sin dejar de tener los pies en la tierra. Además, habla de los controvertidos temas que aborda esa producción y los compara con el Chile actual.

Hace algo más de dos años, esta actriz de 26 llegó al mundo de la televisión. En ese entonces, aceptó un papel en la incipiente área dramática de Mega. Se trataba de María Belén Risopatrón, una adolescente de clase alta que pasó de vivir como millonaria a hacerlo con menos de lo justo y necesario.
De inmediato, su personaje se hizo querido por el público que, además, seguía cada escena de su romance televisivo con Augusto Schuster, siendo los coprotagonistas adolescentes de la historia.

Y así como el cariño del público fue inmediato, la llegada de la fama, con sus pro y contras, también. Confiesa que es un tema que aún le complica. “No quiero acostumbrarme a la fama. Es algo súper extraño. Es muy impresionante, por ejemplo, que cuando estás saliendo en la televisión, la gente te reconoce muchísimo y te saludan en las calles, y tus seguidores de Instagram suben de manera abismante. Resuenas mucho. Pero después, cuando estás en un período sin pantalla, baja todo eso”, comenta. 

Con “Pobre gallo” le pasó lo mismo y, ahora, con “Perdona nuestro pecados”, aunque reconoce que con esta última está llegando a otro tipo de público, por la temática y por ser una teleserie nocturna. “No son tan efusivos como los adolescentes que gritan ‘¡ayyyy!’ cuando te ven (se ríe). Ha sido extraño todo esto de la fama. La fama es rara. Pero tampoco te puedo negar que a veces es rico el reconocimiento, el apoyo. Aunque en ocasiones es sumamente desagradable. Me pasa que de repente me angustio...”.

–¿Por qué? Sentirte incómoda es una cosa, pero ¿angustiarte?
–¿Por qué la gente siente que me conoce? ¿Por qué esa familiaridad? A veces se arma un tumulto y no me gusta . Te sacan una foto y llama la atención, entonces se empieza a juntar la gente. Es extraño, pero al final uno entiende.

–¿Te has llegado a sentir violentada?
- No fisicamente.

–Hoy tienes pareja. ¿Cómo convive él con tu fama?
–Sí, hace más de dos años. Hay que saber por dónde moverse. Trato de no exponerlo y de no hablar hablar de él, por respeto, al igual que lo hago respecto de mis otros cercanos, amigos, familia…

–¿Se te subieron los humos a la cabeza, al encontrarte tan rápido con la fama?
–Hay una lucha constante con el ego. Bueno, yo soy actriz; uno trabaja para entregarle algo al público, y esperamos gustarle o resonarle en algún remoto sentido… Y uno trabaja también para los aplausos, que es lo que viene después que uno termina una función. A mí me pasó eso: luchas para mantener el ego donde corresponde, como ha sido siempre. Tampoco me considero una persona egocéntrica. Yo creo que eso viene un poquito más de la formación familiar y del colegio.

–¿En qué consiste esa lucha?
–En el fondo, hay que entender que esto es un trabajo. Lo que he intentado hacer es aferrarme a lo que tengo desde antes de que esto sucediera, que es mi familia, mis amigos, mis compañeros, y trabajar mucho, entender que es fruto de esfuerzo.

–¿Pero nunca se te fue de las manos?
–Más que nada, me pasó algo con las marcas, al principio. Me engolosiné con eso. Con lo entretenido que era que hubiera marcas que te quisieran regalar cosas.

–También debe haber un cambio en tu relación con la plata… ¿Cómo es ahora? Incluso, has hecho publicidad y también está el negocio de las redes sociales.
–Al principio, con Instagram, sí. Se paga muy bien. Ahora, cobro en contadas ocasiones y siempre con cosas que tienen que ver conmigo. Por lo general, si subo algo es porque me gusta mucho. Pero, en términos generales, ha cambiado harto mi relación con el dinero. Mis orígenes son de clase media, media-alta. De mucha riqueza cultural, pero no monetaria. De padres artistas. Estudié en un colegio que siempre dije que no era para nuestra realidad. Era un colegio muy caro, en San Carlos de Apoquindo. La mayoría de los alumnos que estaba ahí, era de familias con mucho dinero. Pero mis papás optaron siempre por darnos la educación como herencia y yo lo encuentro maravilloso. Recibí una súper buena educación. De ahí adquirí un poco mi gusto por la música, mis primeras inquietudes por el teatro, pero sí había paseos a los que no podíamos ir o regalos que no podíamos hacer… ¡No te estoy hablando de pobreza, para nada! Solo estoy hablando del contraste con mis compañeros. Nada más. Y siempre estuve trabajando en todo tipo de cosas. Siempre tuve mis veraneos, nunca me faltó nada, pero sí estudié con crédito con aval del Estado. Sabía que no podía entrar a una universidad privada, por eso me saqué la mugre estudiando para la PSU. Así pude entrar primero a la Chile y después a la Católica.

–Sí, dos universidades porque el teatro jamás fue tu primera opción. Estudiaste obstetricia…
–En realidad, yo quería ser enfermera y en la PSU no me fue tan bien como yo esperaba para entrar a la Católica, que era lo que yo quería, o a la Chile. Como no me alcanzó, entré a obstetricia, un poco por descarte, porque pedían 10 o 15 puntos menos que para enfermería, pero daban la opción de cambiarse por dentro. Y no me gustó. Me salí no para entrar a otra cosa, sino para ver qué quería hacer, porque era infeliz en esa carrera. Y ahí decidí entrar a teatro.

–Eres hija de Paolo, hermano de la actriz Claudia Di Girolamo. Teniéndola a ella como tía, ¿nunca tuviste antes interés por actuar?
–No, para nada. Claro, yo a la Claudia la iba a ver a sus obras y veía sus teleseries cuando me dieron permiso para ver una. Vi “La Fiera”, “El circo de las Montini”, “Romané”, “Pampa Ilusión”… En el colegio también hacíamos súper buenos musicales. Pero estudiar teatro no era algo que me llamara particularmente la atención. En el colegio había un extracurricular de teatro, pero era pagado, así que no lo hice. Nunca me desarrollé mucho en ese ámbito. Pero me pasó que en obstetricia tomé un electivo de teatro y me di cuenta de que ahí era feliz. No estudiando genética ni embriología ni esas cosas.

–Cuando ella supo que ibas a estudiar teatro, ¿lo conversaron?, ¿te dijo algo?, ¿son cercanas?
–Ni cercanas ni no cercanas. Los Di Girolamo siempre hemos sido una familia súper aclanada, pero la gente va creciendo, los abuelos van envejeciendo, y naturalmente nos vamos disgregando. Tratamos de reunirnos los primos, los tíos, con los tatas, pero para acontecimientos súper específicos. Y con la Claudia siempre he tenido mucha confianza, pero no somos de vernos regularmente ni nada.

–También tienes dos primos actores, uno de ellos Pedro Campos, que también actúa en teleseries.
–Sí, él y Antonio son hijos de la Claudia y Cristián Campos. Con Pedro nos tocó actuar juntos en “Pobre gallo”. Lo pasamos muy bien actuando juntos. Además, siempre hemos sido súper unidos, porque tenemos casi la misma edad. Y sí, he recurrido a él para preguntarle cosas, pedirle consejos, incluso inquietudes sobre contratos de publicidad. Es que él tiene más experiencia que yo en términos televisivos. Ah, y tengo otro primo que también está estudiando teatro.

–Además, tu abuelo es Claudio Di Girolamo, un importante dramaturgo, director, pintor e, incluso, asesor cultural. Es decir, tu familia es un referente importante en la cultura de Chile. ¿Tiene algún peso para ti el apellido Di Girolamo? ¿Es una presión llevarlo?
–O sea, tiene un peso, un significado, tanto para mí como para la sociedad chilena. A la Claudia, la gente la quiere demasiado, es de las mejores actrices que tiene este país. Mi tata es un peso pesado en términos culturales. Para mí, significa un tremendo orgullo. Pero es un peso, no una presión. Súper sinceramente, nunca he sentido eso.

ESOS PECADOS

María Elsa es hija del poderoso y repudiable Armando Quiroga, un verdadero patrón de fundo que siembra el pánico en un pueblo llamado Villa Ruiseñor. Pero ella es distinta. Es una adolescente que encarna la rectitud moral y la perfección. Claro que las apariencias engañan, y al mismo tiempo que circula por un camino lleno de virtudes, escandaliza al quedar embarazada de un hombre de otra clase social y, como si fuera poco, se enamora del cura del pueblo, siendo uno de los romances televisivos más tórridos y comentados este año.

Así es, en términos generales, la trama de “Perdona nuestros pecados”, la teleserie nocturna de Mega ambientada en los años 60 y que no deja de cosechar buenos frutos en cuanto a rating, como tampoco de causar revuelo por sus temáticas y escenas cargadas de violencia y abusos.
–Se trata de una historia muy distinta a lo visto anteriormente. Es bastante dura…
–Cuando grabamos esas escenas, al menos yo termino agotada. No soy de esos actores que se quedan pegados al personaje, pero hay un agotamiento físico que es real. A mí, de repente me duele el cuerpo. Terminas bien cansada, porque, sí o sí, hay un desgaste emocional. Estás actuando, pero estás encarnando esas emociones. Y este es un personaje que, a pesar de ser una adolescente, siente, ¡y pucha que siente!, y se mueve por sus pulsiones, y sufre, sufre y sufre. Llora y ama de la misma forma, con la misma intensidad. Pero también es jugada.
–¿Qué tan jugada eres tú?
–Me manejo con bastante mesura. Yo creo que el teatro es para mí el lugar donde se me sueltan más las trenzas. Pero en la vida soy bastante controlada. Siempre he sido así, súper matea, autoexigente. Mis locuras van por otro lado. Mis vías de escape son el baile. Me gusta mucho bailar, techno, hip hop, house, a ratos reggaetón, ¿por qué no?

–¿Qué impresión tienes de María Elsa, más allá de lo jugada que es?
–Para la época, es una revolucionaria. Me parece una niña muy valiente, empoderada, que vive consecuencias por sus decisiones y acciones, pero no le importa nada el qué dirán. Es bastante feminista, no le interesa el matrimonio, por ejemplo. Es muy crítica de lo que ve. Pablo Illanes (autor de la teleserie) dice que es como una especie de Gladys Marín (ex secretaria general del Partido Comunista) de la época.

–¿Qué piensas tú del matrimonio?
–No es que me importe, pero para mí es un compromiso. Bueno, yo no me casaría por la Iglesia… en general no sé si me casaría. Pero lo encuentro un compromiso que uno hace ante el otro más que ante una sociedad o un registro civil. Para mí, ni siquiera es un “te voy a amar para siempre”, sino más bien “te amo mucho, aquí y ahora”. Yo encuentro que casarse hoy en día es para gente muy valiente o muy loca. Estamos en una sociedad muy individualista. Pero, aun así, extrañamente mis cercanos cada vez se están casando más.

–También hay otros temas importantes que incluso continúan siendo debatidos hoy, como el aborto. ¿Qué piensas de él?
–Yo creo en el aborto libre, más allá de las tres causales. Creo que cada mujer es dueña de su cuerpo. Pero también es cierto que la ignorancia sobre la prevención de un embarazo es pésima. La sexualidad aún es un tema que no se habla lo suficiente, así que mucho menos de la prevención. Cuando yo estaba en el colegio, todo tipo de práctica sexual era considerada pecado. Las clases de educación sexual también eran espantosas. Cuando nos mostraban genitales femeninos y masculinos, nos separaban a las mujeres de los hombres del curso.

–¿Y en tu casa se hablaban esos temas?
–Tampoco.

–¿Cómo ha sido, entonces, tu relación con la sexualidad?
–Ha estado basada en la experiencia, quitando los traumas que te dejan del colegio. Yo agradezco no haber sido de aquellas que salieron completamente traumatizadas. Conozco casos en que se las castró de alguna manera y les costó mucho iniciar una vida sexual, porque sentían que el sexo era sucio. Ese tipo de enseñanza la encuentro una soberana estupidez y ha causado muchísimo daño. Por lo mismo, hay mujeres que se embarazaban sin haberlo querido. En mi colegio pasaba eso por pura ignorancia. O sea, nunca se atrevieron a preguntar, no tuvieron idea de lo que era un condón. Entonces, creo que hay varias cosas que son previas al aborto.

–Otro de los temas de la teleserie, y que sigue cada vez más vigente, es el abuso sexual…
–Es que así sucedía. Era sabido que los hombres tenían a su mujer con la cual tenían los hijos, y con estas se acostaban cada cierto tiempo solo para cumplir con el matrimonio. Y paralelamente tenían a sus amantes y hasta abusaban de sus empleadas. También iban a prostíbulos, era parte de… Y hoy, el abuso sexual sigue existiendo y lo veo como una completa mierda.

–¿Qué otros temas que aborda esta teleserie están aún presentes en la sociedad chilena?
–El machismo sigue existiendo. La represión, de distintos tipos, también. Las prácticas abortivas ilegales y clandestinas continúan. Lo he visto con mujeres que conozco y ha sido para ellas sumamente humillante. También sigue existiendo el abuso, la opresión a la mujer. Eso sí, han pasado años y hoy veo a una mujer más empoderada. Hay cosas que ya no se permiten.

–La trama de la teleserie también transita por lo prohibido. ¿Cómo es tu relación con lo tabú?
–Es que es atractivo. Yo soy una persona que a veces sondeo los límites, pero no me atrevo a cruzarlos. Siempre he sido muy autoexigente, con muy buenas notas, proyecciones de futuro intransables. Me interesa explorar esos límites, pero no me permito atravesarlos.

–¿Nunca lo has hecho?
–Nunca he llegado muy lejos (se ríe).

–También hay una historia de amor prohibido entre esta adolescente empoderada y un sacerdote.
–Sí, y para mí el amor es algo libre. No creo en eso de a quién puedo amar y a quién no. Siempre van a estar tus amigos cercanos y tu familia que te pueden aconsejar, pero yo no tengo patrones por los cuales guiarme. También he amado poco, no soy una persona muy enamoradiza. Además, soy súper fiel y me entrego bastante.

–La infidelidad también tiene que ver con lo prohibido…
–Sí. Pero, ¿sabes?, a mí no me llama la atención. Porque es fatal lo que sigue después. Yo, que soy una persona súper culposa –algo que viene también de mi educación–, creo que no lo soportaría. Además que las relaciones con amantes, por lo que he visto, están destinadas al fracaso. Entonces, me interesa más la honestidad y, si ya no hay amor, ojalá tener la valentía para terminar. ¿Para qué llegar a una infidelidad?, digo yo.

–Hablando de culpas. ¿Cuáles son las tuyas?
–Tratar de no quedar mal con nadie. Me siento un poco incómoda con eso, pero es algo que también viene de mi educación. Como que siempre he tratado de satisfacer, me cuesta aceptar el caerle mal a la gente. Ahora menos, pero antes luchaba por eso. Por ejemplo, dejaba de opinar sobre ciertos temas, me callaba, ponía la mejor cara… Eso todavía me cuesta.

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