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martes, 26 diciembre 2017
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Mariana Di Girolamo: Ni tan pecadora

Cada noche, la sintonía de Mega sube en forma asombrosa a la hora de transmitirse una historia llena de amor y de los actos más condenables. Aquí su protagonista cuenta los costos de esa fama y confiesa sus propios pecados.

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Por: Bernardita Cruz / Fotos: Paula Ziegler / Producción: Claudia Illanes / Maquillaje y pelo: Berni Silva / Asistentes de fotografía: Patricio Miranda y Sebastián Cuevas / Asistente de producción: Feña Paredes

A comienzos de marzo de este año, por las pantallas de Mega comenzaba una de las historias de amor más tórridas vistas por los chilenos. María Elsa, encarnada por la actriz de 27 años Mariana Di Girolamo, es una joven escolar en plena década de los 50, de clase alta y, además, símbolo de virtud y moral, que cae en los brazos de un sacerdote en medio de encendidas escenas. Además, su padre, Armando Quiroga, interpretado por Álvaro Rudolphy, es un poderoso y repudiable patrón de fundo que siembra el pánico en el pueblo Villa Ruiseñor, a punta de violaciones, latigazos y asesinatos.
Fue tal el éxito de esta historia que sus protagonistas se aprontan a comenzar las grabaciones de una segunda temporada, aunque Mariana explica que no habrá descanso para el público entre una y otra. “A nosotros nos han entregado comno hasta el capítulo 100 y tengo entendido que la segunda temporada parte como en el 112, así que todavía no sabemos muy bien qué va a pasar”, explica.

–Ojalá que quede alguien vivo... Porque el personaje de Álvaro Rudolphy ya ha matado a la mitad del elenco.

–(Se ríe). ¡Sí! Se está transformando en un asesino en serie, prácticamente. Y Álvaro se esmera en defenderlo. Salió una nota en un diario en la que hablaba del lado humano del personaje... ¡pero si es perverso! O sea, sí hay que humanizarlo desde la crianza que tuvo, desde sus falencias, pero es un asesino. Álvaro es un gran actor. Yo lo conocí en “Pituca sin lucas”. Es muy versátil y lo veo muy entusiasmado con este personaje.

–Precisamente en las teleseries donde han compartido escenas, como “Pituca sin lucas” y “Pobre gallo”, tanto las tramas como sus personajes eran súper distintos a los que hoy les toca interpretar. Debe ser bastante agotador personificar este tipo de roles. Has tenido escenas desgarradoras...

–Y vinieron todas juntas. Partimos con la escena donde el personaje de Álvaro me pega latigazos. Lo que grabamos fue muchísimo más largo que lo que se vio, porque las teleseries se editan harto. Fue muy desgastante. Luego vino la secuencia del parto. Trabajamos con una guagua recién nacida, hubo mucha labor de maquillaje, todo fue muy intenso. Y al día siguiente tuve que grabar la escena donde a María Elsa le decían que esa guagua había muerto. Después, la depresión del personaje y luego le dicen que está viva y viene el odio hacia el padre, la madre, a todos. Ha sido agotador...

–Y a ti como persona, ¿te afectó?

–Sobre todo la secuencia del parto. Terminé como trapo. En mi caso, no es real eso de que te quedas pegada en la emoción, pero el agotamiento físico y mental existe. No es que después termine afectada, pero volver a la casa, a la vida cotidiana, a estudiar para el día siguiente, es duro. Pero tengo gente que me apaña en esto, que me alienta. El desgaste de un protagónico yo recién lo vengo a entender. Se graban muchísimas más escenas y, en este caso, es un drama, un thriller. Entonces, la diferencia es real, comparado con “Pitucas sin lucas” o “Pobre gallo” que eran personajes mucho más secundarios.

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