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viernes, 23 marzo 2018
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Mario Horton: "La vida real es más violenta que esta teleserie"

Preparándose para estrenar en mayo la obra de teatro “Últimos remordimientos antes del olvido” que dirige Alejandro Castillo, y en medio de las intensas grabaciones de la teleserie “Perdona nuestros pecados”, que se ha convertido en todo un fenómeno de audiencia, este actor, que se califica como un ateo “darwiniano”, creyente en la ciencia, cuenta cómo ve la temática que plantea y qué parecido observa con el mundo real… con su mundo real.

Por: Bernardita Cruz / Fotos: Javiera Eyzaguirre / Producción: Benjamín Valdés / Maquillaje: Iván Barría / Asistente de producción: Diego Soruco / Asistentes de fotografía: Matías Escobar y Denisse Arias.

Envuelto en una sotana, Reinaldo llegó a Villa Ruiseñor con un solo objetivo: vengarse. ¿De quién? De Armando Quiroga, un poderoso, deleznable y repudiable patrón de fundo adicto a las violaciones, latigazos y sangrientos asesinatos. Eso sí, lo que el cura no sabía era que se iba a enamorar perdidamente de la hija del villano, María Elsa, una escolar encarnación de virtud, con la que viviría durante años un fogoso y prohibido amor. Todo esto, en los años 50.
Esa es la trama principal de “Perdona nuestros pecados”, la nocturna de Mega que no para de subir en rating, lo que incluso ha llevado a esa estación a poner en pantalla una segunda temporada. En este éxito televisivo, Mario Horton personifica al cura Reinaldo.

El actor comenta que llegó a ese canal teniendo una visión bien general sobre la historia que trataría la teleserie, aunque sí le contaron su parte en la trama: el rol de un sacerdote enamorado de una joven. Dice que su olfato le indicó que estaba frente a un buen desafío, ya que cree que los personajes más entretenidos son los que tienen más profundas contradicciones y este lo cumplía a cabalidad. Además, confiesa, le pareció que era un tema importante de poner sobre la mesa, aunque no sabe si con el tiempo ha sido lo que esperaba.

–¿Y qué esperabas?

–Yo pensé que esto podía generar una discusión respecto al celibato, por ejemplo, o respecto al rol de la Iglesia Católica en la sociedad chilena, con todo lo que ha pasado últimamente. Y no sé si ha tenido esos alcances, salvo, tal vez, en algunos grupos. Pero sí ha tenido otros impactos que me parecen interesantes, por ejemplo en términos de lo que significa la producción de la teleserie, que encuentro que ha sido un avance total. Tiene una complejidad enorme y han hecho la tarea de manera perfecta. El nivel artístico ha sido excepcional. Todos los actores están en niveles muy altos en sus interpretaciones. El guión tiene una cantidad de giros que son difíciles de encontrar en otras producciones y eso se ha cristalizado en que haya una segunda temporada. Entonces, creo que eso también impactó de algún modo en el género de las teleseries en Chile, en un momento en que se estaba diciendo que estaba agónico. Esta teleserie demuestra que la gente sí quiere ver ficción chilena.

–Exacto, se da en un momento en que la buena noticia para los actores es que el cine chileno va en alza pero, por otro lado, varios canales han tenido crisis en sus áreas dramáticas...

–La ficción –al menos como la conocemos desde hace algunos años– está atravesando... o atravesó una crisis, porque me da la sensación de que eso se está revirtiendo. Me encanta lo que está pasando con “Soltera otra vez” (Canal 13). TVN sigue haciendo sus producciones y Chilevisión al parecer se está rearmando con fuerza. Entonces, tengo la sensación de que esto, que desde hace unos años ha estado como en crisis, podría empezar a reordenarse.

–Las teleseries de antes se caracterizaban porque el bueno era muy bueno y el malo muy malo. Hoy es distinto. ¿Logras humanizar a Reinaldo? ¿Logras comprenderlo?

–Yo he tratado de trabajar las contradicciones del personaje más allá del que un cura que se siente atraído físicamente por una mujer. Esa es la lectura más fácil. A él no le gusta lo que le está pasando, para él no era placentero empezar a sentir estas cosas por María Elsa y ha luchado con todas sus fuerzas por contener esos deseos, porque su llamado es otro. Su verdadero amor es la religión. Pero no ha podido. Y son cosas que a la gente le pasan. Todos sentimos cosas que nos confunden. Uno trata de conducir un poco su vida hacia donde uno cree que tiene que ir y, de repente, aparecen obstáculos y eso es lo que le pasó a Reinaldo. Yo he tratado de humanizarlo desde ahí, desde proponer que la gente entienda su dolor, dudas, contradicciones y que empatice o no con las decisiones que va tomando. Yo creo que hay gente que está de acuerdo con lo que él hace y otra que no. Pero así es la vida. Es legítimo que nos pase.

–Y este tipo de situaciones, ¿qué tan frecuentes crees que son en la vida real?

–La realidad supera la ficción. Hemos visto casos de sacerdotes que han tenido historias desde las más oscuras, como la realidad chilena nos ha mostrado en los últimos años, hasta las más normales en las que uno dice “bueno, es un hombre y se enamoró”. Los sacerdotes son seres humanos, les pasan las mismas cosas que nos pasan a todos, y eso es lo que la teleserie también trata de mostrar.

–¿Y qué tanto te pareces tú a tu personaje

 

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