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viernes, 26 octubre 2018
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Martín Cárcamo: "Ha sido un año extraordinario"

En una entrevista sincera, el animador del Festival de Viña del Mar muestra por primera vez cómo es en cada ámbito de su vida. Confiesa que ha cambiado, que con los años ha aprendido a dominar sus impulsos para disfrutar de lo que más le importa que son sus hijos, su pareja, familia y amigos.

Por: Bernardita Cruz / Fotografía: Juan Pablo Montalva / Producción Moda: Paola Agulló / Makeup: Yani Urbina / Asistentes de fotografía: Rodrigo Olave, Nicolás Conobra, Carla Hidalgo / Post: Carlos Salcedo /
Agradecimientos: www.alpha3.cl (Arriendo helicópteros, Escuela de vuelo, traslado vip de pasajeros, trabajos aéreos)

Dice que hace tiempo decidió no ser más el hombre trabajólico que era, lo que le trajo grandes satisfacciones pero, también, muchas caídas. Confiesa que ha madurado, que ha cambiado y que aprendió a soltar, a no querer controlar todo, con tantos objetivos. Y fue justamente cuando aplicaba su nueva forma de manejar las cosas, que le comenzaron a llegar sorpresas y satisfacciones que hoy lo tienen en la cúspide de su carrera. Fuera de las pantallas, además de ser una figura creíble que lo ha llevado a ser rostro de importantes marcas, fue productor asociado en “Una mujer fantástica”, que terminó ganando un Oscar a la Mejor Película Extranjera. También, fue premiado con el Copihue de Oro a mejor animador en diciembre pasado.

Y en televisión, este año, el nuevo ciclo del programa “¿Qué dice el público?, que conduce junto a Don Francisco, tuvo un gran éxito. “Vértigo”, el estelar que anima con Diana Bolocco, no solo tuvo buen rating sino que, además, fue el punto de partida para muchos debates de los temas que ocupan a la opinión pública.

Meses más tarde, le llegó la oferta de animar el Festival de Viña… una oportunidad que lo tiene con mucho trabajo pero, también, muy entusiasmado.

Y su matinal “Bienvenidos”, ha logrado un sello que lo tiene muy orgulloso.

–El escenario del horario matutino en todos los canales ha cambiado. Hay más competencia y las diferencias de rating se han ido acortando. ¿Cómo les ha afectado esto?

–Llevamos 8 años. Es impresionante cómo pasa el tiempo. Todavía me acuerdo de cuando llegamos al programa, cuando se armó. Nos fuimos a la playa, a un retiro... Más laboral que espiritual eso sí (se ríe). La verdad es que hemos ido evolucionando y hoy tenemos un grupo increíble. Le tengo mucho cariño a todos mis compañeros.

–¿A todos por igual o hay algún predilecto?

–Eeeeh (dice pensando). Bueno uno siempre tiene predilectos (se ríe). La Tonka es mi predilecta. Piensa que el primer piloto que hice fue con ella cuando teníamos 20 años. No nos conocíamos, nos presentaron ahí. Me acuerdo patente que llegó con un gorro y una mochila.

–¿Y qué tal les fue con ese programa?

–Bueno... nunca salió al aire (carcajadas).

–Hace poco se dijo que estaban peleados, ¿era mentira?

–Nunca fue así. Con la Tonka tengo una relación que me gusta mucho porque es muy sincera. Cuando hemos tenido diferencias o roces, lo hemos hablado. Imagínate lo que es estar durante ocho años, más de cinco horas diarias juntos. Entonces, tú quieras o no, conoces muy bien a la persona que tienes al lado. Con la Tonka somos amigos, nos tenemos mucho cariño, nos conocemos bien, tenemos además códigos súper interesantes que se logran solamente con el tiempo. A ella la respeto mucho. Es una mujer que tiene carácter y eso me encanta. No competimos y eso también es sano. Porque cuando llevas tantos años es como estar en una relación de pareja, en términos laborales. Hay que ceder, otras veces salir tú adelante o restarte y dejar que la otra persona brille. O si tiene algo que decir y tú estás en desacuerdo, hay que saber llevar eso. Sí confieso que una vez tuvimos una diferencia en un festival hace unos años. Ahora lo miro con distancia y lo encuentro divertido, pero en su momento hubo una tensión. Íbamos a animar en Antofagasta. Justo era el Día de los Enamorados, entonces estaba planificado que nos diéramos un beso al inicio del festival, pero al final no ocurrió. Y fue muy gracioso porque yo siempre bromeaba con que cuándo íbamos a animar juntos algo así, que ahí nos íbamos a dar un beso, que ya se lo había dado con Sergio Lagos… ¡y me dijo que prefería que no! Eso como que me desarticuló porque tratamos de buscar otras opciones, pero no funcionaba... Y claro, después me molestaban, me decían que andaba picado porque la Tonka no me había querido dar un beso (carcajadas).

–Los matinales están teniendo cada vez más panelistas y también hay una notoria rotación de ellos, ¿cómo lo ves?

–Hacer un matinal de tantas horas implica que hay que ir renovándose y sorprendiendo al público con distintos discursos, conversaciones, y eso es difícil. Y no significa que el panelista sea bueno o malo, sino que es parte de la dinámica de un programa así. Hoy tenemos un panel que es muy potente. Son personas con personalidades muy distintas que hace que se genere debates, pero con altura de miras. A todos los admiro bastante.

“LA ENTRETENCIÓN ES ALGO SERIO”

–Otro programa que animas y que ha tenido un gran éxito es “Vértigo”, pero que no ha dejado de causar debate y ha generado harta polémica.

–Lo que pasa es que este año fue extremadamente intenso para “Vértigo”. Tiene una forma de hacerse que es muy particular. La gente quizás no cree, pero nosotros sabemos cómo un capítulo va a empezar, pero no cómo va a terminar.

–¿Tampoco sabes antes la rutina de Yerko?

–¡No! Y yo muchas veces tuve discusiones por eso. Pero el programa está concebido así, que los animadores también sientan ese vértigo. Yerko a veces me representa y otras no. Así como muchas veces Yerko no representa a Daniel Alcaíno. Y eso es muy difícil de administrar, porque tú eres un anfitrión, llevas la conversación. Pero en un momento Yerko es el protagonista del espacio, y cuando dice algo que a uno no le parece, no puedes cortarle la rutina, no corresponde, pero sabes que eso va a tener consecuencias. Hay veces en que me duele la guata...

–Yerko es políticamente incorrecto, ¿qué tanto lo eres tú? ¿O te da miedo eso?

–Lo soy más en mi visión de vida que en mis discursos. Soy un conductor de televisión y mi tarea no es dividir, sino más bien aunar. He sido arriesgado en muchas cosas que he hecho en mi vida... alguna vez me he manifestado también en televisión. Pero en todo caso, no me da susto hacerlo.

–¿Tampoco te da miedo decir si prefieres a Tonka o a Diana?

–(Carcajadas).

“HE CAMBIADO”

–Has dicho varias veces que eres otro Martín.

–Siempre he sido una persona con un ruta muy clara en lo profesional. Puede sonar ridículo, pero tuve una suerte de revelación como a los 20 años, de a lo que me quería dedicar. En esa época yo estudiaba ingeniería comercial, pero siempre había estado vinculado a los escenarios, en los típicos grupos de teatro, animado fiestas de colegio y cosas así. Un día, viendo el programa “Pase lo que pase” con Felipe Camiroaga y la Karen Doggenweiler, me dije “yo tengo que estar ahí”. Y fui a hablar con mis papás, les dije que me quería retirar... estaba en tercer o cuarto año.

–No deben haber estado muy contentos...

–Bueno... Tuve que terminar la carrera (se ríe).

–¿Qué implicó llegar a la televisión?

–Es que yo decidí ser animador y para eso sacrifiqué muchas cosas, como años de vacaciones, cumpleaños…, pero me hacía muy feliz. Y eso tiene un costo, porque te vuelve endogámico, te empiezas a poner repetitivo. He estado luchando los últimos años contra eso, porque lo que primero es una virtud después se convierte en un problema. Yo siempre estaba en una situación como de alerta permanente, siempre queriendo ir un paso más allá en lo laboral. Pero hace algunos años me detuve.

–¿Qué te hizo detenerte?

–Uno va madurando. También los golpes de la vida, mi separación con todo lo que significó, tener que reordenar mi vida para estar mucho más atento a lo que necesitan mis hijos.

–¿Cómo era Martín como papá antes y ahora?

–Era mucho más proveedor y también cariñoso, pero no me gustaba hacer varias cosas y ahora es al revés. Bueno, menos mal que ya pasó la época de los pañales (se ríe). Y sí, confieso que me carga lavar. Además, están todos mis hijos en edades muy distintas (14, 13 y 7 años). Pero trato de estar para ellos. Los fines de semana que se vienen a mi casa, por ejemplo, típico que me toca acompañarlos a algún campeonato deportivo… ¡Y me tengo que levantar a la misma hora que lo hago para el matinal! (Carcajadas). Y también los voy a buscar a fiestas. Ya llegué a esa etapa.

–¿Qué es lo más difícil de ser un padre separado?

–Uno lo que más quiere en su vida son sus hijos. Se extraña el beso de las buenas noches. Con la mamá de los niños tenemos una muy buena relación, nos ponemos de acuerdo, transamos, es más flexible, pero igual es difícil, porque aunque llegues tarde a tu casa, sabes que tus hijos están ahí durmiendo y que los vas a ver en la mañana... En todo caso los veo mucho más que cualquier papá separado y para mí eso es un regalo.

–Tienes un hijo que adoptaste en Haití. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

–Él y sus hermanos son lo mejor que me ha pasado en la vida. Es una experiencia completamente nueva, desconocida, pero al mismo tiempo es lo más enriquecedor que pueda haber. Él es un niño increíble que está feliz y eso es lo más importante. Creo que ha abierto mucho mi forma de pensar y de mirar la vida. Estamos en un país que está en vías de entender muchas cosas, más allá de la adopción, que tiene que ver con el cómo se va construyendo este nuevo Chile. Yo soy de familia de inmigrantes, entonces comprendo perfectamente lo que significa venir de otro país, de raza y cultura. Eso sí, mi hijo llegó muy chico, de un año y siete meses, así que ya es un chileno más.

–¿Qué ha sido lo más lindo de adoptar?

–Para mí, es un acto de amor... no de generosidad y eso mucha gente lo confunde. Es de un amor profundo, en su máxima expresión.

–Él es bastante más chico que tus otros dos hijos… ¿Es fácil que te doble la mano?

–Un poco (se ríe).

–Esta es la primera entrevista en la que hablas tanto de tu familia…

–Sí, es verdad. No había hablado tanto antes por muchas cosas. Una es porque están en períodos de crecimiento y hay que ser cauto, considerado. Además, tienen una mamá, sus propias vidas y trato de ser respetuoso con todo eso. Pero sí, también entiendo que soy una persona pública. No se trata de no hablar del tema, pero sí con la prudencia que corresponde.

–Tampoco hablas mucho de tu pareja (Alejandra del Sante). ¿Cómo se conocieron?

–Estoy pololeando, bien contento. Nos conocimos trabajando en comerciales. A ella la admiro mucho en su rol como mujer, como compañera y también destaco su esfuerzo. Estar con una persona expuesta como yo, no es fácil y ella lo ha manejado muy bien. Hemos ido armando un sistema que nos permite ser respetuosos de los horarios. Porque los de ella también son complejos. La verdad es que me costó mucho adaptarme a eso...

–Pero si el de los horarios complicados eres tú…

–Sí, sé que es una patudez, pero me costó, soy honesto (se ríe). Pero como te digo, he cambiado mucho. Hay que ceder, entender, aprovechar los espacios que hay para poder vernos con tranquilidad. No exigirse más de la cuenta. En eso creo que la Ale me ha ayudado mucho. A vivir más el día a día y con alegría, tranquilidad. Es una excelente compañera, una súper mujer, la admiro mucho.

–¿Es difícil estar contigo?

–Es que tengo niveles de intensidad muy altos y esa ha sido una de las grandes razones del porqué en algunas cosas me ha ido muy bien y en otras he cometido errores importantes. Entonces, mi intensidad a veces es abrumadora. Eso lo he ido manejando para entender que la vida no se acaba mañana, que todo tiene su tiempo, que hay miles de cosas que no están en mí. Y eso te lo trae la madurez y este es un amor más maduro, con los pies bien puestos en la tierra. Me ha costado mucho soltar y no solo en lo profesional. Me he hecho terapia, algo que antes miraba con desprecio, sentía que era una pérdida de tiempo. Y me ha ayudado a aprender a domar esta personalidad.

CAMINO A VIÑA DEL MAR

–Con esa intensidad, no debe ser fácil prepararse para animar el principal festival de América…

–Si esto me hubiera pasado hace tres años, estaría corriendo como bola de flipper (carcajadas). Ahora estoy haciéndome cargo, pero desde un punto de vista súper sano, con reuniones, ensayos, lectura de libreto, viendo el vestuario que ya está elegido... Lo único que queremos con la Mari (María Luisa Godoy, su coanimadora en Viña) y con el equipo, es que todo sea emocionante, que la gente lo pase bien. Son 60 años de festival. Es una fiesta. Además que es mi Viña, donde crecí, ahí está mi familia, mis amigos…

–¿Cómo ha sido la relación con María Luisa Godoy?

–Increíble. Es súper profesional, matea, amorosa, humilde, buena compañera. Además, es muy entretenida. Y el otro día la vi vestida de gala, cuando nos sacamos las fotos oficiales del festival, y se veía despampanante. Además, nos pasa algo muy especial. Ella vive a unas cuadras de mi casa. El otro día llevé a mi hijo a la plaza y allá llegaron sus niñitas.

–¿Cómo fue el momento en que te enteraste que animarías Viña?

–Un día me llamó a su oficina Javier Urrutia (director ejecutivo de Canal 13). Ahí me dijo que querían que yo cumpliera ese rol.

–¿Cómo reaccionaste?

–Dije un garabato que no creo que quieras publicar… (carcajadas).

–Me imagino que no a él…

–¡No! Para mis adentros (ríe a carcajadas).

–¿Qué hiciste luego? ¿A quién le constaste primero?

–Salí de ahí y llamé a mi polola, pero no le dije nada hasta la noche.

–Te dijeron que animarías el Festival de Viña del Mar, ¿y no le contaste de inmediato?

–Te juro.

–¿Qué dijo tu familia?

–Mis papás están súper orgullosos. Imagínate que somos de Viña, así que todo el mundo los ha felicitado. Y mis hijos también están felices, obviamente con ganas de ver a algún reguetonero (se ríe).

–Este festival de alguna forma te unirá a Felipe Camiroaga, tu amigo, quien también estuvo sobre ese escenario.

–Yo he estado en la Quinta Vergara en todos los frentes. En galería, platea, como jurado y cuando Felipe animó, estuve acompañándolo detrás del escenario. Nosotros éramos amigos de verdad, con un cariño y confianza enormes. Por ejemplo, él iba a la casa de mis papás en Viña y después de almorzar se iba a dormir siesta. A ese nivel. Y también me apoyó mucho como cuando yo estaba con un programa en TVN, que al principio le iba pésimo. Él andaba de viaje y me llamó especialmente para darme ánimo. Me dijo: “Así que te está yendo como las pelotas…” (se ríe). Y después más encima me dice con tono de broma: “No te preocupes, a mí varias veces me ha ido así y mira donde estoy de vacaciones ahora” (carcajadas).

Y sí, en este festival sé que él va a estar conmigo. Yo le hubiera pedido que me acompañara, al igual que él lo hizo conmigo. Pero no está físicamente, así que se lo pedí a uno de sus grandes amigos, Daniel Sagüés, quien además el es director del “Bienvenidos”. Entonces sí, esos días, de alguna forma, Felipe estará conmigo en ese escenario. //@revistacosas

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