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Con carruaje y en un castillo. Lo que siempre soñó Cathy Barriga lo vio cumplido junto a Joaquín Lavín León en la Iglesia de Los Sacramentinos, otro de sus sueños. La fiesta reunió a lo más heterogéneo dy el Chile actual y tuvo el final feliz que ambos novios buscaban. Revista “Cosas” tuvo acceso a este matrimonio en todas sus fases, desde la intimidad de los preparativos hasta los mejores momentos de la fiesta.

Por Raimundo Encina R. / Fotos: Matías Bonizzoni y Gonzalo Romero.

* Para ver más fotografías del matrimonio, clic acá.

Nada empañó al matrimonio más esperado de la temporada. Ni siquiera los periodistas faranduleros, que hicieron tanto empeño por obtener buenas tomas en la iglesia, que incluso se encaramaron en el carruaje que acarreaba a la novia, rompieron un farol y espantaron al caballo a tal nivel que casi arranca galopando.

Revista “Cosas”, el único medio que obtuvo total acceso tanto a la ceremonia religiosa como a la fiesta, llegó al Hotel Fundador, en el barrio París y Londres, para ver cómo se preparaba la novia. Padrinos nerviosos, productores histéricos, fotógrafos oficiales, estilistas y amigos íntimos acompañaban a Cathy en el complicado trance prenupcial.

Como buena novia, ella se tomó las cosas con calma y a la hora que tenía que estar radiante y lista, aún ni pensaba ponerse el vestido. Afuera, en las inmediaciones del histórico barrio, además del antiguo carruaje con cochero y caballo negro, una multitud creciente se agolpaba en la puerta del hotel para ver salir a la ex bailarina de “Mekano”.

“Parece que la revista ‘Cosas’ pagó 10 millones por la exclusiva”, especulaba una señora en la calle. Y otra: “Yo adoro a la Cathy, ¡es tan linda!”. Turistas gringos que no tenían idea qué pasaba se dejaban invadir por la curiosidad reinante y fotografiaban a la muchedumbre. Aproximadamente a las 7:20 de la tarde, la novia salió acompañada de su padre en medio de una ovación generalizada. Comenzaba el sueño de esta mujer que prometió que su matrimonio sería como un cuento de hadas. Luego de saludar a los presentes y de dejarse fotografiar por sus fans, se subió al carro al más puro estilo diligencia del Farwest, para comenzar un recorrido de seis cuadras hacia la Iglesia de Los Sacramentinos, templo ubicado en Arturo Prat con Santa Isabel y que por su estructura de cúpulas es conocido como nuestro Sacré Coeur criollo.

Durante los 20 minutos que demoraron en llegar al bellísimo templo, la carroza estuvo flanqueada por un gentío que quiso acompañarla. Exactamente a las 7:40, con 40 minutos de retraso, estuvieron en la puerta de entrada de la iglesia. Ahí, la esperaban varios centenares de admiradores y un gigantesco lote de noteros, periodistas, camarógrafos y fotógrafos. El ingreso fue complicado. Nadie involucrado con la producción del evento fue capaz de prever que llegarían tantas personas. Los pocos guardias de seguridad fueron incapaces de frenar el entusiasmo de los presentes, y Cathy, que llevaba un ramo de besitos de rosas rojas en forma de corazón, tuvo que subir las escaleras de Los Sacramentinos ágilmente antes que algún “simpático” estropeara su magnífico vestido con cola larguísima y estampado con cristales Swarovski. Un diseño de Kathia Amar, la misma que vestirá a María José Prieto cuando dé el sí a Cristián Campos.

Maquillada por Claudia Bruzzone para Bobbi Brown, eligió oscurecerse los ojos “porque a Joaquín le encanta mi cara de niña mala”. Tanto su hijo Vicente (de 10 años) como Joaquín Lavín Jr., además de compartir a la misma mujer, vistieron trajes en tonos azules y negros creados por Marcelo Méndez de L’Uomo. Y siguiendo la costumbre de que la novia tiene que llevar algo prestado, lució un espectacular rosario de cristal de la legendaria Mónica Larraín.

En la entrada estaba el varias veces candidato presidencial Joaquín Lavín Infante, junto a su estupenda señora, Estela León, que lucía un elegante vestido rojo italiano; el flamante novio, que agradecía que su prometida finalmente llegara, y la madre de Cathy, la señora Ilse Guerra. Luego de saludar con una sonrisa a cada uno de los invitados, recibían a la novia del año o de lo que va del año.

Al ritmo de música sacra, ingresaron al magnífico templo los protagonistas de la noche. Los novios, escoltados de 10 pajes que oscilaban entre los 4 y los 10 años, finalmente quedaban ajenos al bullicio de afuera, y ya estaban listos para recibir el sacramento del matrimonio. Durante la corta misa, que no incluyó comunión, la liturgia fluyó dentro de los ritos tradicionales, y la sobriedad fue esta vez la protagonista.

Cathy, quien nos confesó ser “lo más llorona que hay”, demostró su sensibilidad cuando su hijo Vicente leyó la primera lectura. Fueron sus primeras lágrimas de la noche. El salmo responsorial estuvo a cargo del ex alcalde de Santiago, quien hizo repetir a todos los concurrentes: “El Señor es compasivo y misericordioso”. En el momento de las peticiones, se rogó por el alma de Felipe Cruzat, quien murió ese mismo día, y por “Poli”, la hermana consagrada del novio.

Aparte de esas lecturas, en la iglesia no hubo discursos ni salidas del protocolo eclesiástico. Los padrinos cercanos al altar siguieron con solemnidad cada uno de los momentos de la ceremonia, la cual tuvo como puntos cúlmines el momento en que compartieron anillos, cuando el sacerdote bendijo la unión y cuando la soprano presente interpretó el “Ave María”, de Schubert, y la canción “Por ti volaré”, de Andrea Bocelli.

Durante la homilía, el sacerdote recalcó que el compromiso matrimonial significa “comprometerse para siempre en un mundo tan desechable”. Finalizada la misa, la clásica marcha nupcial hizo retumbar Los Sacramentinos y los novios se dirigieron a la salida bajo la atenta mirada de un público dominado por los líderes de la derecha chilena.

Afuera de la iglesia, el número de espectadores se había acrecentado. Pese al acoso periodístico, que hizo que muchos de los invitados tuviesen que esperar más de 20 minutos para abandonar el lugar, la “Robotina” cumplió una de sus promesas: lanzar el ramo ahí mismo como un homenaje a la gente que la ha llevado a ganar varios concursos de televisión.  La prensa asistente, especialmente la dedicada a desmenuzar la vida privada de “Farandulandia”, hizo lo imposible por obtener las mejores tomas del emotivo momento. Uno de estos camarógrafos no dudó en montarse al carruaje, causando la indignación de los novios y especialmente del caballo, que estaba notoriamente alterado.

Pese al impasse, los recién casados pudieron abandonar el lugar y dirigirse al Hotel Fundador para descansar un rato antes de partir a la fiesta. A muchos kilómetros del lugar, en el sector El Manzano del Cajón del Maipo, ya estaba todo listo para recibir a los 280 invitados. Sin embargo, faltaba mucho aún para que llegaran. Las dos vías de acceso posibles estaban colapsadas por el tráfico de un viernes al anochecer. Más aún, la de Avenida La Florida que estaba más atestada que lo normal debido al recital de “Kiss” en esa comuna.

Sólo a las 10:30 de la noche, los invitados comenzaron a llegar a “Casa Bosque”, el lugar especialmente escogido por Cathy, ya que considera que “es como un castillo de cuento”. Efectivamente, se trata de un restaurante que evoca los palacios de las fábulas infantiles, repleto de detalles en madera, que finalmente resultó ser el escenario perfecto para este verdadero cuento de hadas casi inédito en este país: una unión matrimonial entre el heredero de la derecha más tradicional que va quedando y una “selfmade woman” que se hizo famosa agitando su cuerpazo en televisión.  

En el lugar los esperaba un exquisito cóctel, mientras llegaban los novios. Pablo Longueira conversaba animadamente con Pablo Zalaquett. José Miguel Viñuela con María Luisa Godoy. Andrés Chadwick compartía unas copas con Jovino Novoa. Raúl Torrealba junto a su mujer y Julio Dittborn estaban entusiasmadísimos. Cecilia Morel junto a Pilar Vergara y Cecilia Echenique copuchaban de lo lindo. Sebastián Piñera hablaba de quién sabe qué aspecto de su programa de gobierno con Alberto Espina. Ignacio Kliche, idéntico a su padre y a su abuelo, lucía a su estupenda polola, Lisette Sierra. Por ahí incluso se divisó a Sarita Vásquez, radiante y delgadísima, mientras compartía unos canapés con algunas amigas que al parecer van a su centro de estética. En definitiva, una nutrida concurrencia política compartía con muy pocos rostros de farándula, mientras los familiares de Cathy gozaban con el cóctel y ni parecían asombrarse con tanto “famoso” presente.

Cuando finalmente llegaron los novios, a eso de las 11 de la noche, “Casa Bosque” retumbó en aplausos, y antes de saludar a nadie, Cathy tomó el micrófono. Agradeció a todos su presencia y que hubieran llegado a un lugar tan lejano. Sacó risas. Joaquín Jr. también saludó. Finalmente invitaron a los padrinos a acercarse a la escalera en que se encontraban. Estos, tímidos, prefirieron sólo acercarse un poco a ellos, pero no subieron. Ya había pasado lo más tenso y ahora sólo cabía festejar.

Inusualmente, antes de la comida, comenzó a sonar una especie de vals: “Un mundo ideal”. Cathy y Joaquín se entregaron al baile, en donde seguramente la “Robotina” instruyó a su novio con mucha anticipación, ya que salió perfecto. Luego, los padrinos se unieron y todos bailaron con todos, tal como suele suceder en estas ocasiones. Después, vinieron los valses más tradicionales. Y de ellos, por lejos el más aplaudido fue el baile de Joaquín padre con su nuera.

En las afueras del recinto había un montón de medios de comunicación que suplicaba por alguna cuña. Los padrinos tuvieron el gesto de salir a saludarlos y Joaquín Lavín respondió algunas preguntas. Sebastián Piñera, sin perder el tiempo, hizo lo mismo en solitario, y conversó un buen rato con los periodistas asistentes, sin pudor de candidatearse en el matrimonio del hijo de su amigo.

Continuó la recepción entre tostaditas con camarones y mucho champagne, hasta que por los parlantes se escuchó: “Los invitamos a pasar a la cena en los salones adyacentes al hotel”. Los invitados, con tremendas ganas de comer, por lo tarde que ya era, no dudaron un instante en empezar a enfilar hacia los comedores.

El primer plato fue un canasto de masa con camarones ecuatorianos, acompañado de lechuga y verduras. El segundo, pescado con salsa de camarones junto a porotos verdes envueltos en tocino, para ellas, y a los hombres, carne de cordero al estilo “Picapiedra”. En los mesones con postres destacaban los tiramisú, las ponderaciones y las típicas tortas de matrimonio que al parecer tienen un alto porcentaje de gelatina. Sin embargo, la gran protagonista fue la gran torta de novios con dos pingüinos gigantes de chocolate, aves que Cathy adora, por practicar la monogamia.

La fiesta comenzó con un doble de Pedro Fernández, aunque el baile sólo se desenfrenó cuando un primo de la novia, ex miembro de “Sexual Democracia”, comenzó a interpretar cumbias junto a su banda. El protocolo se esfumó entre tragos y, al ritmo de la música, la pista se llenó de entusiastas bailarines. En un sector de los comedores, el corazón de la derecha chilena compartía animadamente junto a sus elegantes mujeres. El director de “El Mercurio”, Cristián Zegers, disfrutaba de los postres, mientras en el salón contiguo Sarita Vásquez esperaba que alguien la sacara a bailar.

Una noche de contrastes sin duda. Dos mundos tan disímiles como son la familia de una bailarina que alcanzó la fama a punto de esfuerzo y de “reality”, y la de un hombre proveniente de una familia conservadora ligada al Opus Dei estaban ahí. Una noche donde lo único que importó fue el amor de esta pareja.

Los felices novios optaron por quedarse a dormir en el hotel de “Casa Bosque.” El 8 de abril fue el cumpleaños de Cathy. Lo celebraron juntos en la luna de miel que están realizando en la Riviera Maya de México. “Ese día me voy a ir de shopping y voy a tener hartos regalitos. Tendremos un día para todo, para relajarse, la pachanga, la cultura, la playa, para salir y para comer”, nos confidenció, entre risas, la novia.