17

nuevos articulos

viernes, 25 mayo 2018
Publicado por

El matrimonio de Meghan y Harry: Un amor que revolucionó Inglaterra

La boda del príncipe inglés y la actriz americana quebró gran parte de las tradiciones, protocolos y convenciones de la monarquía británica, abriendo sus puertas de par en par a la modernidad. Su romance y fantasía, por otra parte, hicieron que este fuera un evento inolvidable.

Por: Manuel Santelices / Fotos: Getty Images

Fue un matrimonio como ningún otro en la historia de la monarquía británica. Un cuento de hadas, sin duda, pero también una lección de diversidad y multiculturalismo que, de un modo u otro, ejercerá un profundo efecto en la corona hacia el futuro.

El romance del príncipe Harry, sexto en la línea del trono, y Meghan Markle, una actriz birracial, divorciada y, a los 36, tres años mayor que él, quebró tradiciones centenarias desde el día que se conocieron en una cita a ciegas en un club privado de Londres organizada por una amiga en común. Según confesaron después, las chispas entre ambos surgieron de inmediato, pero inevitablemente este fue un romance destinado a la controversia y las dificultades.

Unos meses después, molesto y herido por los comentarios racistas y sexistas en la prensa y las redes sociales, Harry emitió un comunicado defendiendo a su novia –fue la primera vez que se refirió a ella en esos términos– y pidiendo respeto hacia ella y su relación. Su petición tuvo gran éxito entre el público, pero cierta parte de la prensa –en especial los feroces tabloides de Fleet Street– insistieron en presentar a Meghan y al príncipe como opuestos: él, miembro de una de las monarquías más veneradas de Europa; ella, hija de una familia modesta, disfuncional, rodeada de familiares que podrían haber sido sacados del elenco de una película de “hillbillies”. Y aunque este retrato no es completamente falso, es trágicamente incompleto.

Desde que anunció su compromiso oficial en los jardines de Kensington en noviembre pasado, Meghan se convirtió en la heroína de una telenovela familiar que incluyó recriminaciones de medio hermanos y sobrinos y, en un giro asombroso, la noticia, a solo unos días del matrimonio, de que su padre, Thomas Markle, no la acompañaría al altar porque no quería “avergonzar a su hija y la familia real” después de haber organizado una sesión de fotos con un paparazzi. Otra versión de los acontecimientos, más digna pero no confirmada, es que tuvo que someterse a una urgente cirugía al corazón.

Como sea, en la víspera de su matrimonio, Meghan llegó al majestuoso Hotel Cliveden House en Windsor, uno de los más hermosos de Gran Bretaña, sin otra familia directa que su madre, Doria Ragland, una profesora de yoga y asistente social afroamericana y descendiente de esclavos del sur de Estados Unidos, según informó The New York Times, que en solo unas horas se convertiría en consuegra de Carlos, príncipe de Gales.
De ahí en adelante fue imposible detener las ruedas de la historia.

A pesar de venir de mundos tan distintos, Meghan y Harry tienen en común una visión abierta del mundo y una clara intención de hacer una diferencia a través de su ejemplo. Aparte de todo lo demás, Meghan es feminista y no tiene problemas en expresar su opinión cada vez que lo considera necesario. Estos son atributos que quizás un príncipe del pasado hubiera considerado problemáticos para la corona, pero no Harry que, siguiendo la huella marcada por su madre, la princesa Diana –que no por nada es recordada como “la princesa del pueblo”– ha mostrado siempre más interés en el mundo real, en la calle, que en los claustrofóbicos protocolos de la monarquía.

Lejos de desconfiar de sus universos tan distintos, la pareja parece apreciarlos. Y en un matrimonio que sin duda puede ser llamado histórico, hicieron que el resto del mundo viera, al menos por unos minutos, las maravillosas posibilidades que la diversidad puede ofrecer.

¡Lee el artículo completo en nuestra edición impresa!

Síguenos en redes sociales a través de TwitterFacebook e Instagram // @revistacosas

 

Leer articulo completo