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martes, 31 julio 2018
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Maya Fernández: “La gente empieza a extrañar a la Presidenta Bachelet”

La presidenta de la Cámara de Diputados dice que aún no se valoran las reformas del gobierno de Bachelet, pero cree que eso sucederá más temprano que tarde. “Ella corrió el cerco, absolutamente”, dice al señalar que ahora lo importante es la reunificación de las fuerzas progresistas.

Por: Claudia Álamo / Fotos: Matías Bonizzoni

Es una de esas frías mañanas de julio. Con sol prístino, pero con un vientecillo que calaba los huesos. La presidenta de la Cámara de Diputados llega caminando hasta un café en Ñuñoa, el barrio donde vive; el barrio que le recuerda su infancia en Cuba, el barrio donde está su peluquero, su feria, sus calles.

Es la vida con olor a barrio lo que Maya Fernández atesora. Eso es lo que vivió durante toda su niñez y parte de su juventud en Cuba. La nieta de Salvador Allende tenía casi dos años cuando fue el Golpe de Estado y partió a La Habana con su madre, Beatriz Tati Allende y su padre, el oficial cubano de inteligencia Luis Fernández Oña. Allá nació Alejandro, su hermano. Allá perdió a su madre, que se suicidó cuando Maya tenía 6 años y su hermano 4. Y allá fue criada por Mitzi, hermana de la Payita y a quien Beatriz dejó el cuidado de sus dos hijos. Por eso, Maya siempre dice que tuvo el privilegio de tener dos madres.

De esos años no solo le quedó el acento, también una forma de acercarse a la política. Ella confiesa que prefiere la política local, la que sucede en las Juntas de Vecinos, mucho más que aquella que se hace en los grandes salones. Quizá por lo mismo, no se proyecta más allá de seguir siendo diputada.

–¿Pero podría saltar a nuevos desafíos? Su apellido encarna algo...

–No, menos por mi apellido. No, qué feo. Yo solo pienso en el ahora. Y ahora soy parlamentaria.

–¿Qué le impone llevar el apellido Allende? ¿Es como una obligación?

–Absolutamente no. El día que yo haga algo por obligación sería terrible.

–Entonces, ¿qué significa para usted ser de nieta de Allende?

–Un orgullo. Además, me pasa que cuando uno mira los temas que hoy preocupan y los compara con las medidas que planteaba el gobierno de Salvador Allende, es increíble. Uno ve los temas sociales que plantea una parte de la derecha, y hay algunos que serían casi allendistas. El derecho a la salud, de las pensiones, todo sigue estando vigente.

EL ROL DE LA OPOSICIÓN

–Hoy, la oposición parece casi inexistente. ¿Qué rol cree que debiera tener la centroizquierda?

–No comparto la pregunta de la inexistencia de la oposición. Fuimos capaces de llegar a un acuerdo para presidir ambas cámara del Congreso. Puede ser un acuerdo administrativo, es cierto, pero eso permitió mostrar que sí existe una disposición al diálogo entre las fuerzas progresistas. Estamos en una fase de querer encontrar los temas que nos unen. Y, reitero, la oposición sí existe.

–Pero en términos de un proyecto país, no se ve un relato de la izquierda.

–Es que eso se construye. Porque para ofrecer un proyecto país, es súper relevante generar muchas conversaciones y encontrarse.

–¿Se ha hecho un mea culpa a la altura de la derrota? La envergadura del triunfo de Piñera debiera dar para un análisis mayor, ¿o no?

– Por supuesto que después de una derrota como la que tuvimos, siempre tiene que haber un análisis. Mi impresión es que esa derrota hay que analizarla desde diferentes planos. Porque si bien perdimos la elección presidencial, ganamos en la parlamentaria. La oposición es mayoría en el Congreso. Eso también se debe considerar.

–¿Cómo cree que debiera reconfigurarse la izquierda y volver a ser competitiva en las elecciones?

–Efectivamente, tiene que haber un replanteamiento de cómo nos encontramos las fuerzas de izquierda en un proyecto común. Tenemos que ofrecer una alternativa a los ciudadanos y ciudadanas del país. Y si tú ves la votación de Beatriz Sánchez y la que obtuvo Alejandro Guillier, no es que la izquierda haya desaparecido ni mucho menos. Tenemos apoyo ciudadano.

–¿Y se podrá sumar la votación de Beatriz Sánchez? Tanto ella como el Frente Amplio se han construido desde la crítica a lo que fue la Concertación y la Nueva Mayoría.

–Sí, pero ella representa ideas de las fuerzas progresistas. Yo no la pondría en la derecha. El tema es cómo dialogamos para construir un proyecto común.

–¿Y ve al Frente Amplio en disposición de sumarse a los partidos más tradicionales de la izquierda chilena?

–Cualquiera que quiera construir algo va a necesitar de las otras fuerzas políticas. No imagino que quieran tener un proyecto país ellos solos. Aquí se requiere unidad.

IDEAS EN DISPUTA

–Se habla de una nueva derecha y es lo que hace Joaquín Lavín cuando plantea viviendas de integración social en Las Condes. ¿No teme que esa nueva derecha les quite las banderas?

–Yo encuentro muy bueno que Joaquín Lavín haya salido con un proyecto de viviendas sociales. Pero la verdad es que la noticia es porque eso es en Las Condes. ¿Sabes cuántos comités están luchando por hacer lo mismo en Ñuñoa, en San Joaquín, en La Granja? Pero eso no es noticia. En cualquier caso, qué bueno que la derecha ahora diga que hay que construir viviendas sociales.

–La noticia no es solo porque es en una comuna como Las Condes, sino porque lo lidera Joaquín Lavín.

–Es importante lo que él hace. Es mediático, y yo no le resto valor a lo que hace Lavín, todo lo contrario. Es un alcalde que se atreve a hacerlo. Yo esperaría lo mismo del alcalde de Ñuñoa. Aquí hay una enorme demanda de viviendas sociales también.

–¿Diría que hay una derecha distinta?

–Sí y lo encuentro bueno. Hay más diversidad en algunos temas. Por ejemplo, hace cuatro años presentamos un proyecto de eutanasia con Vlado Mirosevic. Era un tema tabú. Hoy se está debatiendo en la Comisión de Salud y hay varias voces de la derecha que dicen que es muy necesario de discutir porque tiene que ver con la dignidad de las personas. Eso es súper bueno. Lo mismo que cuando escucho gente de Chile Vamos que apoya la adopción homoparental…

–El tema es quién va a capitalizar esos avances.

–Yo creo que es un poco mezquino legislar pensando en quién lo va a capitalizar.

–Me refiero a que la valoración que hará la ciudadanía respecto a quién se hace cargo de sus preocupaciones…

–Es la democracia la que capitaliza esos avances. La ciudadanía sabe que en la derecha también hay diferencias, contradicciones, en torno a una agenda más liberal. Lo digo porque se dice que somos nosotros los que tienen diferencias internas, pero ellos también las tienen. Ahora, sí es importante que nosotros demos saltos y nos hagamos cargo de otros de la agenda de seguridad pública, del rol de las pymes. Tenemos que tener una mirada sobre esos temas.

“SE CORRIÓ EL CERCO”

–El gobierno de Michelle Bachelet planteó un proyecto país más de izquierda y no le fue bien. No pudo reelegir a alguien de su coalición y tuvo un alto rechazo...

–Hay que ver las cosas en perspectiva. La gente ya empieza a extrañar a la Presidenta Bachelet. Y es que ella hizo cambios sumamente importantes, pero que no se valoran todavía. En la medida que las reformas se empiecen a concretar, la gente va a valorar mucho más los profundos cambios que ella implementó. Los resultados de sus reformas se van a ver en el largo plazo.

–Pero no solo la ciudadanía no valoró esos cambios. Ha habido voces críticas desde la ex Nueva Mayoría. ¿Por qué cree que pasó eso?

–Porque a nosotros nos costó transmitir estos cambios a la ciudadanía. Pero también es cierto que cambiar un modelo educacional, era muy difícil. Teníamos un sistema súper establecido en Chile y cambiarlo no era fácil. Hay tantos intereses… Pero la Presidenta corrió el cerco, absolutamente. A algunos les hubiera gustado que lo hubiera corrido más.

–¿A usted le hubiese gustado que se corriera más el cerco?

–Creo que lo importante es que se corrió… Hay gratuidad en la educación; se terminó el sistema binominal que era impensable y se aprobó el acuerdo de unión civil, perdóname, eso es correr el cerco. La ley de aborto por tres causales, también.

–¿Y cómo se sostienen esas reformas en el tiempo? En el caso del aborto por tres causales, ha sido difícil por la objeción de conciencia…

–La ciudadanía se tendrá que ir dando cuenta de quiénes son los que están poniendo la barrera de la objeción de conciencia. Y también tendrán que preguntarse quiénes son, finalmente, los liberales. A nosotros solo nos corresponde defender lo que hicimos.

–¿Por qué hay sectores del bacheletismo que dicen que nadie defiende el legado?

–Habría que preguntarle a ellos.

–¿Pero que cree usted?

–Te acabo de decir que no. Te acabo de decir que hemos defendido cada uno de los cambios que se hicieron.

–Usted es parte de una generación que no fue la de los grandes próceres de la transición ni tampoco de los jóvenes del Frente Amplio. ¿Diría que la suya es una generación que quedó truncada, frustrada?

–Tú eres muy negativa. Como que todo es crítica y es frustración. Yo no lo veo así. Tal vez es porque yo partí después en política y lo hice como concejala. Nunca tuve un rol activo en los gobiernos de la Concertación. Yo no tengo esa frustración.

–Más que una frustración personal, me refiero a que en lo político hay una generación que no logró desplegarse...

–Puede ser. Pero si miras la bancada del PS, hay bastante recambio. Además, hay que considerar que los nuevos movimientos políticos han surgido por el desgaste de la política tradicional. Y para muchos, entre votar por alguien que pertenece a un partido tradicional o por una fuerza joven que también representa las ideas de izquierda, vota por lo nuevo. Pero lo interesante es que un sector importante de la ciudadanía sigue optando por las fuerzas progresistas.

–¿Diría que la sociedad chilena sigue teniendo un anclaje en ese mundo progresista?

–No soy experta electoral, pero yo creo que sí. Hay temas que importan y donde nuestra postura es clave. Por ejemplo, el tema de las pensiones es dramático. Ahí se notarán las diferencias. Nosotros creemos que el sistema de las AFP fracasó. La derecha va a defender el modelo. Ahí se van a marcar las diferencias. //@revistacosas

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