17

nuevos articulos

viernes, 3 agosto 2018
Publicado por

Meghan Markle: La educación de una duquesa

A poco más de dos meses de haberse convertido en esposa del príncipe Harry y miembro de la familia real, la ex actriz estadounidense está convertida en la gran estrella de la monarquía británica. Su reciente gira a Irlanda confirmó que su nuevo rango y la vida de casada le vienen de maravillas.

Por: Manuel Santelices / Fotos: Getty Images

Meghan Markle, con su sola presencia, llegó a revolucionar a la vetusta monarquía británica, pero no hay duda que la corona también ha tenido un profundo impacto en ella. Con una gracia, elegancia y talento que tiene encantados hasta a los más escépticos, la ex actriz y actual duquesa de Sussex se ha adentrado en su nuevo rol como mujer del príncipe Harry y miembro de la familia real con una naturalidad asombrosa, conquistando a la gran mayoría de los súbditos británicos, al resto del mundo y, claramente, a la mismísima reina Isabel II que –nos atreveríamos a decir– la ha acogido como una de sus favoritas. Resulta evidente que ambas disfrutan su mutua compañía. La monarca pocas veces sonríe con más entusiasmo que cuando está junto a la mujer de su nieto, y Meghan apenas puede contener su sonrisa al encontrarse ahí, en un sitio tan inesperado y maravilloso, al lado de la monarca más admirada y respetada del mundo.

Que ha habido algún chascarro, lo ha habido. Era inevitable. Como ha descubierto Meghan, su nuevo título acarrea enormes privilegios y responsabilidades, pero también una lista gigantesca de indicaciones protocolares, tradiciones y normas establecidas que, quizás, sean para ella las más difíciles. Desde el color que debe usar en sus uñas hasta en qué mano debe llevar la cartera, todo está rígidamente calculado, y el simple hecho de que hubiera cruzado las piernas en una foto oficial junto a su marido, la reina y un grupo de jóvenes líderes del Commonwealth en Marlborough House, causó un pequeño escándalo porque, como sabe cualquiera que haya nacido noble, ninguna miembro de la familia real cruza las piernas jamás en público.

En cierto modo, Meghan está a salvo de críticas virulentas respecto a estas ligeras indiscreciones de estilo. La gran mayoría de los británicos considera estas reglas pasadas de moda, cadenas históricas que tienen poco y nada que ver con la vida actual, y el hecho de que ella, consciente o inconscientemente, las rompa, puede jugar a su favor en términos de popularidad.

Meghan se ha ganado rápidamente el corazón del Reino Unido y a estas alturas es probablemente la mejor embajadora que la monarquía tiene en su imagen exterior. Su belleza y su estilo provocan suspiros en cientos de revistas y blogs alrededor del mundo, que siguen cada elección de vestido, cartera, zapato o peinado con la dedicación de un monje frente a un altar. La duquesa nunca decepciona en estas materias, en parte gracias a la ayuda de un guardarropa que en las últimas semanas ha incluido piezas de Dior, Givenchy y Roland Mouret.
Su reciente visita a Irlanda junto a Harry –su primera gira oficial como duquesa– fue un triunfo desde todo punto de vista, incluyendo el de la moda. A su llegada a Dublín, apareció por la escalerilla del avión en un vestido verde, el color tradicional de Irlanda, diseñado por Clare Waight Keller para Givenchy que, como tantos otros vestidos en su clóset, se las arregló para ser modesto y discreto y, al mismo tiempo, increíblemente sexy.

La visita de tres días fue una nueva oportunidad para ser testigos del talento natural de Meghan para conectar con la gente más diversa. En la mansión presidencial de Áras and Uachtaráin, jugó con los perros del Presidente Michael Higgins y su mujer, Sabine Coyne, mientras posaba para los fotógrafos. Luego, acompañada de Harry, visitó ferias científicas estudiantiles, campos de deportes para adolescentes en situación irregular, monumentos y sitios históricos, y donde fuera fue recibida con flores y banderas, abrazos y apretones de manos, y con una algarabía que hizo recordar a la que siguió a la princesa Diana a todas partes hace tres décadas.

El viaje también permitió dar un vistazo a la relación de los duques, que parece ser más amorosa y aflatada que nunca. Ahora como marido y mujer, el romance no ha desaparecido. Por el contrario, se siente aún más evidente en sus miradas de complicidad, en la forma en que ella lo observa mientras él da un discurso, en el modo en que él, delicadamente, le toma la mano cada vez que puede y en la admiración que transmite cuando la ve sonriendo mientras es aplaudida por una gran multitud. ¿Quién iba a pensar que la mejor lección de amor del nuevo milenio vendría desde la monarquía inglesa? //@revistacosas

Leer articulo completo