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martes, 11 abril 2017
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¿Podrás hacérmelo mejor que yo?

Nicole Cafatti

La tecnología ha logrado meterse en nuestras camas y, al parecer, está obstinada en reinventar la forma en que interactuamos sexualmente. Si antes una de nuestras grandes preocupaciones era cómo rendir mejor en la cama, hoy, en los tiempos de la competitividad, las interrogantes que se imponen son: “¿Quién va a superar mis propias destrezas?” o “¿Podrás hacérmelo mejor que yo?”.

Desde que en 1880 Joseph Mortimer G. innovó con el famoso vibrador a batería, nos dimos cuenta que el placer sexual también puede ser facilitado por la tecnología. Pero con el invento del smartphone se ha decidido ir más allá y ahora es posible conectar los juguetes sexuales al celular. De una manera brillante, “reemplazamos” el placer natural manual, por uno tecnológico y mecánico, que ha permitido volver más lúdica nuestra sexualidad.

Seguramente muchas parejas que se hayan distanciado por un viaje, pueden haber tenido la oportunidad utilizar estos avances y probablemente sentirse muy agradecidos, sobre todo cuando son viajes largos. La tecnología ha logrado hacer de la sexualidad un “juego”, y muchos de sus complementos permiten tener sensaciones cada vez más cercanas a las reales. Sin embargo, algo está ocurriendo en el mundo que nos hemos alejado del concepto de “juego” para intentar acercarnos lo más posible a lo “real”.

En marzo se lanzó al mercado una aplicación que permite ir mucho más allá que la mera posibilidad de controlar la intensidad de un vibrador. Logra simular un movimiento a través del smartphone. Entre otras cosas, esta app permite “lamer el teléfono”, con el fin de grabar el movimiento de la lengua y luego reproducir el archivo registrado con el juguete sexual recomendado, generando así la sensación de un “sexo oral” autoadministrado. Además, la app permite descargar catálogos de cunnilingus realizados por otros usuarios, para aplicarlos en tu juguete, dentro de los cuales los más cotizados son rutinas realizadas por actores porno.

¿Es esto conexión o desconexión? ¿Qué nos ocurre? Preferimos tener “sexo oral” con el teléfono antes que realizarlo entre nosotros. Y no solo eso: fantaseamos pensando que un actor porno lamerá mejor el teléfono que lo que nuestra pareja podría hacerlo. ¿Estamos conscientes de los riesgos de esa conducta? Estudios demuestran que los smartphone tienen 18 veces más gérmenes que un baño público. ¿Lamerías un artefacto de uno de esos baños solo para obtener placer sexual? Parece más lógico interactuar con otra persona, ¿o no? ¿Será que nos estamos cansando de la interacción real entre personas?

Innovar es necesario, sobre todo estando en pareja. La sensación de novedad ayuda a la estimulación sexual y tiene muchos beneficios, pero parece que estos nuevos avances no pretenden ser un medio para la conexión sexual, sino que buscan más bien satisfacer la necesidad inmediata individual. Esta constante disponibilidad, donde todo se vuelve cada vez más accesible y fácil, está reinventando una sexualidad basada en el placer individual que podría dejarnos cada vez más solos, incluso para tener sexo. Y probablemente termine afectando nuestro deseo.

Cuando deseamos, nos hacemos conscientes de que algo nos “falta” y nos movemos o motivamos para conseguirlo. El propósito ahí es disfrutar de aquello de lo que carecemos. Por ende, si tenemos un constante acceso al goce, dejamos de desear. En cuanto a la sexualidad, estamos llevando a la pareja a competir con nuestra capacidad para autosatisfacernos, imponiéndole una meta muy difícil de lograr. Nuestra pareja no podrá siempre acariciar de la misma manera y tampoco estará siempre disponible cuando lo deseemos. Entonces me pregunto: ¿podríamos llegar a dejar de desear al otro?

Es verdad que el invento del automóvil no hizo que la gente dejara de caminar, pero sí nos volvió más flojos al momento de explorar. La comodidad puede causar cambios que no imaginamos. Tokio, la capital de la tecnología, nos muestra un gran ejemplo de esto: su gobierno está muy preocupado por una nueva tendencia denominada Sekkusu shinai shokogun” o “síndrome del celibato”, donde los jóvenes están reemplazando el contacto humano y las relaciones a largo plazo por gratificaciones instantáneas, desarrollándose la nueva moda de las “novias virtuales”. Esta juventud está perdiendo el apetito carnal por el sexo. Inimaginable, pero cierto.

Estamos sumergidos en una cultura que nos da espacio para la autoexploración, pero quizás no nos damos el tiempo para analizar cómo queremos hacer esa exploración. Está en nuestras manos decidir cuánto usar de los recursos que tenemos y tomarlos por lo que son: ni más ni menos que “juguetes” para adultos.

Si de niños aprendimos la diferencia entre fantasía y realidad, no la olvidemos ahora. 

[Foto:mundotkm.com]

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