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martes, 19 junio 2018
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En Nueva York, 10 minutos con Cara Delevingne

Con ocasión de la presentación de su nueva campaña para TAG Heuer, nos sentamos con la famosa modelo y activista en la terraza de un elegante hotel en Manhattan para hablar de su carrera, su dinero, sus ambiciones y su estilo.

Por: Manuel Santelices / Fotos: Gentileza TAG Heuer

“Welcome!”, me saluda con una gran y muy profesional sonrisa una encargada de relaciones públicas en cuanto se abren las puertas del ascensor en el bar de la azotea del Península Hotel, en Manhattan. El ruido es ensordecedor y la luz, escasa. “Cara te está esperando”, anuncia mientras me lleva por un pasillo, luego por otro y finalmente al bar, donde debemos cruzar por una multitud que, en su mayoría, lleva un celular iluminado en una mano y un dry Martini en la otra. “Ahí está Cara”, me indica.

Una de las modelos más famosas del mundo permanece tranquilamente sentada, acompañada de dos mujeres, en un rincón en medio de todo el alboroto. Aún en la oscuridad es rápidamente reconocible por su pelo corto y platinado y sus espesas cejas negras que destacan aún más sus ojos verde-azules. Lleva puesta una chaqueta de cuero sin mangas, top con agujeros, ajustados pantalones y botas con el tipo de taco alto, altísimo, que solo una supermodel podría manejar. Todo en negro.

Como una reina en su trono, Cara ha estado concediendo audiencias de entre 5 y 7 minutos a periodistas durante un buen rato, una de sus responsabilidades como embajadora de la marca de relojes TAG Heuer. Esa misma noche había presentado su nueva campaña en la boutique de la relojería en la Quinta Avenida, una serie de videos y fotografías, donde posa junto a un león, realizados en África por David Yarrow, uno de los fotógrafos de vida salvaje más respetados del mundo.

“Mi experiencia con esta marca ha sido distinta a todas las que he tenido”, dice mientras da un mordisco a una de las mini-burger que le han traído en una bandeja. “Realmente se interesan en lo que puedo aportar como embajadora, aceptan mis ideas, mis obsesiones”.

Una de esas obsesiones, cuenta, es la vida salvaje. “Los animales siempre siguen sus instintos, están en una constante búsqueda de supervivencia, y eso me parece precioso. Siempre fue mi sueño fotografiar con un león, pero nunca pensé que pudiera hacerse realidad. Y lo hice no solo con un león, sino en medio de la vida salvaje. Fue como estar en el cielo”.

Lejos de sentirse satisfecha con su espectacular carrera en el modelaje, Cara ha probado suerte en el cine y la literatura, y además es una reconocida activista en causas sociales y políticas, en especial aquellas que tienen que ver con asuntos de género y LGBT.

–Tu carrera siempre parece tener un segundo mensaje, que quizás es el más importante para ti. ¿Es así como te guías profesionalmente?

–Así es. Todos vivimos en una sociedad donde tratamos de proteger a nuestras familias y ganarnos la vida, y para eso se necesita dinero. El dinero me parece importante en ese sentido y me siento muy afortunada de las oportunidades que me da mi trabajo. Pero si lo hiciera solo para ganar dinero, no estaría siendo fiel a mí misma. Ganar dinero no te hace necesariamente feliz. Lo que me importa es hacer una diferencia real en el mundo; hay muchas cosas maravillosas en nuestro planeta, pero también muchas otras que necesitan cambiar. Si tengo la posibilidad de aportar algo, quiero hacerlo. No estoy diciendo que sea perfecta o una excelente persona, pero hago lo más que puedo para traer algo bueno al mundo.

–Esa posición te ha ayudado en tu carrera, pero seguramente no fue fácil en un principio en un negocio como el de la moda. ¿O sí?

–Honestamente, no soy una mujer de negocios, sino una mujer creativa. Los negocios me aterran, es un mundo muy duro, y por eso tengo personas que se encargan de aquello. Lo que realmente me gusta hacer es crear; tengo ideas, me encanta trabajar con otras personas, soy muy sensible. En los negocios no puedes usar tus emociones, tienes que dejarlas de lado, y eso no funciona en mi caso. Por eso tengo un gran equipo y una red de apoyo. A medida que una se hace mayor, aprende que no todos tienen las mejores intenciones. Yo confío muy rápidamente en la gente, tengo la idea de que la humanidad es algo hermoso y que todos tienen la intención de entregar amor. Es algo que no me gustaría perder, y creo que lo perdería si me preocupara de la parte financiera de mi carrera.

–Hay mucha gente que se siente pesimista respecto al estado actual de la humanidad. ¿Qué piensas tú?

–Hay que tener esperanza. Es muy triste no tener fe. Todos podemos vivir en el miedo, pero el miedo te debilita. Es importante como mecanismo de defensa para mantenerte vivo, pero al mismo tiempo te impide vivir realmente. No quiero sentir miedo de expresar quién soy. Eso no significa que sea ingenua o que sea tan optimista que raye en la tontera. Estoy muy consciente de las cosas demenciales que pasan en el mundo, pero tengo confianza en que al final la gran mayoría quiere apoyarse unos a otros.

–¿Esa seguridad en ti misma es natural o la aprendiste con el tiempo?

–Desde niña me encantó romper reglas, salir de mi zona de confort. Me encanta esa sensación de salir de tu cabeza y tu cuerpo y perderte en otro lugar. Es perder el miedo, sentirte viva. Lo sentí como adolescente, y ahora como adulto lo siento más que nunca. Tengo una enorme sed de vivir.

–Eres muy joven y has tenido mucho éxito, lo que no puede ser casualidad. ¿Eres ambiciosa?

–Soy ambiciosa, pero más que nada tengo mucha energía. Si no estoy haciendo algo, me siento muy inquieta. Si no estoy creando todos los días, me vuelvo loca. Me encanta dar algo a los demás, y si no hago algo con eso... es muy difícil. Estoy siempre moviéndome, haciendo algo. En este mismo momento tengo 10 proyectos en los que estoy trabajando, y eso me pone feliz. Quizás cuando envejezca quiera dormir.

–Vienes de una familia de mujeres con gran estilo. ¿Qué aprendiste de ellas?

–Sé que para muchas mujeres el estilo es algo que mantienes durante el tiempo, pero para mí cambia constantemente. Tengo la suerte de venir de una familia con un buen gusto extraordinario, y admiro el estilo de otras personas, aunque jamás usaría sus tenidas. Para mí, el verdadero estilo es muy personal, no tiene nada que ver con usar tacos o zapatos planos, o verte atractiva, o agradar a los demás. Uno puede sentir cuando una persona está cómoda con lo que lleva puesto o no, igual como puedes sentir cuando alguien, aunque esté sonriendo, se siente triste por dentro. //@revistacosas

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