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lunes, 27 agosto 2018
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Pamela Jiles: "Soy rarísima, muy atípica"

Viene de la TV y hoy ocupa un lugar en el Congreso. Llegó para quedarse, para visibilizar a los que nunca han estado, de alguna forma, cercanos al poder. Son sus “nietos” como los llama esta mujer que a sí misma se identifica como “la abuela”. Más allá del personaje, Pamela tiene las cosas claras, una de ellas es seguir salvando la vida de los niños del Sename –así lo hizo cuando junto a su pareja decidieron adoptar–, crisis que califica como un “verdadero genocidio”.

Por: Jonathan Reyes / Fotos y posproducción: Noli Provoste / Producción y styling: Vanina Rosenthal /
Asistente vestuario: Lorena Chillura / Maquillaje: Tere Irarrázabal para Lancôme /
Pelo: Luis Mardones para Kérastase / Zapatos: Aldo

Llega dispuesta a jugar, a pasarla bien y a impactar en la sesión de fotos. Por primera vez confiesa que mostrará piernas y escote. Cuesta creerlo de una mujer que toda su vida ha sido subversiva. La misma que hace unos años celebró con una botella de champaña envuelta en la bandera nacional en plena Plaza Baquedano la muerte de Augusto Pinochet. La misma que realizó una mediática performance vestida de militar queer en el frontis del Palacio de La Moneda para anunciar su candidatura a la presidencia hace algunos años. La misma que escribió de sexualidad, política y espectáculos con una pluma rosada en la mano. La misma que dejó “el periodismo serio” para girar a la farándula, quizás el acto más político que pudo hacer. Todas esas mujeres es Pamela Jiles. Pero más allá de la reconocida y autodenominada “abuela” hay una mujer con convicciones intransables que devela su carisma de una manera muy especial. Hace unos meses logró lo que para muchos era impensado, ocupar un lugar en el Congreso. Pamela se convirtió en una de las diputadas electas con mayor votación, representando al distrito 12 (La Florida, Pirque, La Pintana, San José de Maipo y Puente Alto), siendo parte del Partido Humanista y, por ende, del Frente Amplio. Ahí está todos los días con mochila rosada en una labor parlamentaria ardua que no ha estado exenta de polémica. Ella, va por más.

–En su calidad de presidenta de la Comisión de Familia de la Cámara de Diputados, ¿cuáles son los proyectos por los que ha dejado su alma en esa comisión?

–El proyecto de Adopción, sin duda, porque significa la única posibilidad cierta de salvar vidas de niños, niñas y adolescentes. En los primeros seis meses de este año han muerto 77 personas que estaban bajo la responsabilidad del Sename. Y seguirán muriendo porque no hay voluntad política real de cambiar la situación. Es una responsabilidad del Estado, por supuesto, pero la crisis es tan grave; es un verdadero genocidio infantil que exige respuestas inmediatas y especiales. Lo que debemos implementar con urgencia es un sistema de adopción que amplíe la cantidad de posibles padres adoptivos, que disminuya las barreras y acorte los plazos que dificultan adoptar. Eso garantiza que salvemos por lo menos mil niños al año. Y es lo que estamos haciendo desde el primer artículo de esta ley al amparar el derecho de niñas, niños y adolescentes a vivir en el seno de una familia, “cualquiera sea su composición”. Esa pequeña y simple frase cambiará la situación de miles de pequeños.

–¿Por qué dice que consiguió que los homosexuales puedan adoptar?

–Bueno, ese es un cambio histórico y un parelé a los que desde el gobierno se oponen al matrimonio igualitario, al aborto, a la eutanasia, al derecho a decidir de los niños trans y a la adopción homoparental. Pero, sobre todo, es un beneficio para los pequeños vulnerados en sus derechos al aumentar las posibilidades de familias que los adopten. Hasta hoy eran discriminados todos los padres que no fueran matrimonio heterosexual. Este cambio histórico hace posible que viudos, solteros, lesbianas, homosexuales, transexuales, mayores de sesenta años o divorciados, puedan convertirse en padres adoptivos, cuando un juez califica sus habilidades parentales, poniendo el interés superior de los niños por delante.

–¿Por qué junto a su pareja se decidieron por adoptar?

–Yo me pregunto al revés, ¿cómo es posible que todos aquellos que dicen poner a los niños primero, no adopten? Me parece natural adoptar puesto que es la única manera de salvar la vida de esos niños. Si cada uno de los que hacen gárgaras con la infancia vulnerable, fueran al Sename ahora mismo y asumieran el imperativo moral de salvar a uno, no tendríamos esta cantidad de niños muertos.

“Cuando estalló la crisis del Sename, con Pablo (su pareja) entendimos que nuestra obligación moral era salvar al menos una vida humana. Iniciamos los trámites y al cabo de una larga y compleja carrera de obstáculos nos convertimos en padres de dos hijos. Eso es lo único realmente importante que hemos hecho en nuestra existencia”.

–¿Cómo es la experiencia íntima de la adopción?

–Escuchar que tus hijos te dicen “mamá” o “papá” es una fuente infinita de felicidad.

–¿Cómo han sido estos meses en su nueva función como parlamentaria?

–Espectaculares. Me siento parte de una gesta poética y política que llevará al Frente Amplio a gobernar el país. Nuestra bancada es potente, bella y alegre, tiene defectos, pero también la pureza y la capacidad necesaria para abrir el camino a los millones de ciudadanos que han estado excluidos del poder. Es muy conmovedor ser “la abuela” del Frente Amplio, me produce felicidad.

–Siempre fue muy activista y comprometida con diversas causas. Finalmente, ¿el objetivo era llegar a la política?

–En televisión no hice otra cosa más que política. Gramsci y Foucault me enseñaron que se puede generar ideología desde la pantalla, desde el holograma de lo real. Baudrillard con su teoría del simulacro me mostró que los signos mediáticos pueden presentarse –en determinadas condiciones– como una realidad más real que la realidad, pero con mayor poder de seducción. Con ese instrumental me transformé en un personaje demarcatorio: “La abuela”, que encarnó “lo ajeno al modelo” de manera hiperreal, una identidad queer, contrahegemónica, de alta visibilidad. Eso es completamente político.

–¿Por qué le gusta que le digan abuela?

–Así me puso mi pueblo, mi fleto-power, las mujeres que se sienten mis nietas o se identifican conmigo porque soy “lo ajeno al modelo” justamente. Ellos vieron en mí un contra-modelo televisivo que se erigió desde el ominoso rincón de la farándula. Una entidad queer que ama a su ejército de nietos e impugna a la élite en pantalla porque conoce sus códigos y juega con ellos. Esta abuela insumisa, mordaz, contracultural fue rápidamente valorada por la audiencia huérfana de representación legítima en el nivel político formal. Y, lo más importante de todo, mantengo una sintonía diaria con mi pueblo, con los olvidados, intentando instalar su voz y su sentir en los espacios de la élite.

–¿Por qué dice que es queer?

–Porque subvierto todos los roles en mi propia existencia, dado que son construcciones no naturales. Mi género es el de los oprimidos. Soy lesbiana, hombre, mujer, transexual, o lo que sea de manera fluida. Cuestiono la heteronorma en todos mis actos. Me opongo al opresor con mi cuerpo y con mi deseo, convencida de que la revolución será posible solo cuando construyamos nuestra propia identidad de oprimidos, nuestros imaginarios, en oposición a los patrones heteropatriarcales que dieron origen a nuestra esclavitud. Trabajo en esto hace más de cuarenta años, cuando nadie visibilizaba nuestra existencia “rara” en los medios de comunicación ni en el escenario político. Ya entonces yo me instalé como una queer en los medios, a vista y paciencia de todo el mundo, y me dediqué a hacer política con ese instrumental “raro” hasta hoy.

–¿Usted se siente rara?

–Rarísima, muy atípica. Me interesa el espacio mediático y político para crear actos performativos, como los que propone Judith Butler, donde es posible desarrollar la convicción de que lo personal es político y que el deseo es el único sólido que no se desvanece en el aire.

–¿Qué es peor? ¿La farándula o la política?

–La farándula no es más que una sátira del poder, solo que menos corrupta y más democrática porque la masa tiene allí mayor posibilidad de bajar y subir personajes, generar opinión pública incidente y hablar de los grandes problemas del país de una manera aparentemente más inofensiva para la élite.

–Tras el episodio con el diputado Urrutia, ¿qué sintió?

–Sentí que el Frente Amplio entró ese día al Congreso, porque hasta entonces no se había notado un cambio, hasta ese momento este individuo había proferido ofensas tan graves como “terroristas con aguinaldo” y nadie había tenido el valor de pararse de su asiento y confrontarlo. Nadie había interpretado a los excluidos del poder, el dolor que nos infieren una y otra vez sin que podamos defendernos. Lo que hacen es volver a torturarnos… Eso sentí. Y tenía que llegar una mujer, una mujer de sesenta años, de la mitad de la envergadura física del agresor para enfrentarlo y dejarlo reducido a lo que es: un cobarde.

–¿Qué le genera ese personaje?

–Pena.

–Patricia Maldonado salió a apoyarlo diciendo: “Vamos diputado Urrutia, siga dando la pelea. Nunca olvide que los valientes mueren de pie y los cobardes mueren de rodillas y llorando”. ¿Cree usted que ella debería salir de pantalla?

–Ella siembra odio y produce dolor a tal extremo que se ha convertido en un corpóreo del odio y del dolor. Cada vez que aparece en televisión vuelve a enfermar a este país. Es necesario que pida perdón a las víctimas que ha ofendido tan gravemente. Me parece que no es compasivo ni decente que use un corvo acerado colgando del cuello. A diferencia de personajes como Evelyn Matthei, de José Antonio Kast, de Urrutia y de Patricia Maldonado, yo no creo que haya que eliminar personas ni del Congreso ni de la vida ni de la televisión.

–¿Echa de menos su vida anterior fuera del Congreso? ¿O qué echa de menos de esa vida?

–Echo de menos mi trabajo y mi sueldo, que era superior a la dieta parlamentaria. Yo lo pasaba estupendo en “Primer Plano” y todos los viernes espero que me llamen de vuelta. Tampoco fue tan sencillo adaptarnos a ganar menos, porque mantenemos a un enorme familión y Pablo, además, tuvo que dejar su trabajo para asumir como asesor ad honorem.

“También echo de menos el intenso contacto que siempre he tenido con la vida real. El Congreso es un edificio muy feo y encerrado, en el hemiciclo no entra la luz natural, es como un internado un poco tétrico que te aleja del mundo, pero por suerte hay un enorme salón que se llama El Pensador donde trabaja la prensa acreditada. Allí, con mis colegas periodistas, camarógrafos y gráficos, encuentro más inteligencia, más emoción, más verdad, más capacidad política que en algunas bancadas parlamentarias”.

ANÁLISIS POLÍTICO

–¿Qué opina de toda la polémica por la salida de Mauricio Rojas del Ministerio de las Culturas y de los nuevos ministros?

–Nominar a Mauricio Rojas fue como poner al diputado Urrutia de ministro de derechos humanos. Se trata de un negacionista peligroso y de un impostor que dice ser ex mirista, aunque no militó ni un segundo en el MIR; dice haber sido exiliado, aunque jamás tuvo prohibido estar en Chile; posa de intelectual, aunque su único pergamino es pertenecer al coro de “yes-man” del insoportable Vargas Llosa.

“Este capítulo reactivó un debate incómodo para Piñera, en que Mario Desbordes se le pasó a la oposición. Apareció la extrema derecha justificando las violaciones de derechos humanos. Y cada vez que nos dicen que hay que ‘poner contexto’ al horror, pero que con eso no están justificando el horror, lo que nos están diciendo es que si tuvieran la menor posibilidad volverían a perseguirnos, torturarnos, matarnos y desaparecernos”.

–¿Cuál es su pronóstico respecto de Carolina Schmidt en Medio Ambiente y de Marcela Cubillos en Educación?

–A Schmidt la entiendo como la empleada modelo del gran empresariado. En ese sentido, representa muy bien el signo de este gobierno y parece un nombramiento adecuado, lo hará espléndido transformando el ministerio en una elegante oficina de partes. Pero Marcela Cubillos… que recibió minuta de Ponce Lerou y después patrocinó esas indicaciones a favor de SQM, que se opuso tenazmente al divorcio por “razones valóricas” y después se divorció, que considera que la educación es un bien de consumo que debe adornarse con beneficencia… En vez de bingos podrán ser completadas con toques arribistas en este caso. Marcela Cubillos dará botes como ministra de Educación.

–Antes del ajuste ministerial pidió en Twitter que no se tocara a la ministra de la Mujer Isabel Plá. ¿Por qué?

–La ministra Plá tiene glamour, un bien escaso en Palacio. Además, en cinco meses, Plá ha demostrado extrema habilidad política: es la única que logró levantar una agenda con cierto sentido social y densidad programática, la que aporta un relato más sofisticado al piñerismo, la única capaz de conjugar lealtad extrema al Presidente con la libertad personal de un político pensante. Piñera es un hábil político rodeado de una trouppe de pateros insufribles. ¡Lo compadezco! Así que Plá es la mejor carta presidencial de la derecha hoy, salvo que tomemos en serio la campaña que ha levantado el Presidente en favor de su cónyuge.

–Usted ha sido mencionada también como posible candidata a la primera magistratura. El presidente de su partido lo anunció hace unas semanas.

–Todos los parlamentarios del Frente Amplio estamos disponibles para asumir la tarea que nos asignen nuestras bases. El Partido Humanista es la segunda fuerza electoral del Frente Amplio –tras RD–, contamos con cartas competitivas, por supuesto que vamos a levantar nuestro candidato o candidata presidencial que concurrirá a una primaria del Frente Amplio en la que será el pueblo el que se pronuncie. Es decir, será mi ejército de nietos el que defina si soy candidata presidencial.

–¿Por qué votó en contra del proyecto de reforma constitucional que promueve la igualdad de derechos y dignidad entre mujeres y hombres?

–Voté como habría votado mi abuela Elena Caffarena, feminista fundamental de este país. Voté contra la constitución Lagos-Pinochet, contra la trampa institucional de tratar de maquillar al principal instrumento político del pinochetismo. Llegamos al Congreso para impugnar al poder, no para acomodarnos y hacer aceptable lo inaceptable. Yo no estoy disponible para una constitución Frente Amplio-Pinochet que, por lo demás, va en contra de nuestro programa. Nuestro mandato preciso es trabajar para que una asamblea constituyente haga una Constitución democrática, nadie nos mandató para enmendarle la plana al engendro de Guzmán. Pelearé incansablemente para que nadie reemplacé al pueblo soberano, y ya estoy mayorcita para caer en feminismos de kindergarten.

–¿Qué es eso de feminismo de kindergarten?

–Se refiere a la amnesia de la que advierte Paul Preciado. No es lo mismo movimiento de mujeres que movimiento feminista. El feminismo se opone a los comportamientos que legitiman la dominación somatopolítica, como presentar indicaciones a la Constitución Lagos-Pinochet. El feminismo –aunque yo prefiero hablar de transfeminismo o queerfeminismo– es la ideología de las corporalidades subversivas, del deseo. Es la resistencia al neoliberalismo que nos volvió cuerpos esclavos, productivos y reproductivos. Va más allá de conseguir la igualdad legal de la mujer blanca, heterosexual y de clase media. Más allá de asumir reivindicaciones de igualitarismo sexual muy vinculadas al broadcasting de Internet, muy trasnacionalizadas, muy supeditadas a intereses burgueses.

–¿Está diciendo qué hay feministas de kindergarten en el Congreso?

–Por supuesto. Le recuerdo que Beyoncé dice que es feminista y Joaquín Lavín también. Está bien chacreado el término. El feminismo revolucionó la teoría política al analizar las relaciones de poder y combatir las causas que producen las diferencias de clase, de raza y de género, es decir, combate al patriarcado cuyo producto más extremo es el sistema neoliberal. En la Comisión de Mujer y Equidad de Género no hay un solo varón, como si allí se tratarán “temas de mujeres”. Hay dirigentes del Frente Amplio que mandan a las parlamentarias de voceras solo cuando hay que hablar de aborto.

–¿Cómo es su Chile ideal?

–Sin un solo niño más que se pregunte por qué nadie lo quiere o por qué no lo va a buscar su mamá. //@revistacosas

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