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miércoles, 29 agosto 2018
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Para avanzar hay que detenerse

por: Patricia Lecaros

El estrés se ha tomado nuestras rutinas y hábitos. Dormir poco, comer rápido y sentir ansiedad son parte de la cotidianeidad de muchas personas. Afortunadamente, veo cada día más centros de yoga, programas de meditación y emporios saludables dispuestos a hacer frente a este nuevo ritmo de vida. Unos más que otros transitamos hacia una mejor calidad de vida, donde nos hace todo el sentido comenzar por tener una vida más pausada y reflexiva. Pero, ¿cómo se puede tener una vida más consciente?

La coach Tris Thorp, integrante del centro del Dr. Deepak Chopra en California, en su columna “5 Ways to Slow Down… in Order to Speed Up” (“Cinco formas de reducir la velocidad... para acelerar”) desliza algunas sugerencias. Thorp aconseja un buen dormir, un despertar contemplativo, una meditación al día, un tiempo de ejercicio físico y contacto con la naturaleza. Y aunque parezca imposible, sabemos que es posible tener una reunión mientras se camina, como Barack Obama suele hacer. O meditar diez minutos antes de salir de la casa en la mañana como señaló la escritora y reconocida columnista estadounidense Arianna Huffington. Para ella, la felicidad, la productividad y la práctica de la meditación estarían absolutamente entrelazadas.

Coincide la psicóloga inglesa LLona Boniwel, quien sugiere estrategias para una vida más “slow”. Según ella, nos conducirían en la búsqueda del placer hedonista (momentáneo), del placer eudaimónico (aquel relacionado con sentirse autónomo) y nos guiarían a ir tras la autoconfiaza y hacia un propósito o sentido en la vida.

Sus propuestas son:

  • Disfrutar la vida en familia. Invitar a la pareja a una comida los dos solos, jugar con los [email protected] a algo que a ambos les encante, preguntarles a los abuelos por alguna anécdota de su juventud.
  • Agendar tiempo para alguna pasión o hobby. Puede ser un deporte, alguna manualidad o algo que se solía hacer tiempo atrás y retomarlo.
  • Darse un momento para reflexionar sobre cómo se podría disfrutar más el trabajo, no solamente en el resultado o meta final, sino cómo podría ser más entretenido, creativo o productivo en el día a día.
  • No llevarse trabajo para la casa.
  • Permitirse algunos momentos para hacer “nada”. En estos estados de calma y observación, según ella, suelen surgir ideas muy creativas.
  • Reírse y disfrutar reírse con los demás.
  • Soñar con lo que a uno le gusta.
  • Disfrutar las cosas simples de la vida: un café, un abrazo, un recuerdo.
  • Meditar

Hace sentido querer andar más lento, estar más atento a lo que se hace, idealmente una cosa a la vez, y ver qué información aparece desde nuestro interior. Los beneficios de la práctica del mindfulness —o la atención o conciencia plena— y la meditación no solo incluyen mejorías en la salud emocional y física. También reportan un aumento en la creatividad y en la capacidad de tomar buenas decisiones.

No es necesario viajar al Tíbet para aprender a meditar. Tampoco pretender tener la mente en blanco para conseguir una vida más “mindful”, más consciente. Bastaría detenerse de cinco a diez minutos al día para respirar atentamente y tomar contacto con la propia experiencia. De esas pausas pueden surgir excelente ideas o decisiones.

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