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lunes, 18 diciembre 2017
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El poder del contacto

por: Patricia Lecaros

Ya en 1999 el psiquiatra Edward Hallowell, autor de decenas de libros y conferencista a nivel mundial, publicaba en la Revista Harvard Business Review, de la prestigiosa Universidad de Harvard, una columna llamada “The human moment at work” (en español, “El momento humano en el trabajo”) con la intención de promover más y mejores interacciones cercanas en contextos de trabajo. Esto, frente al auge de comunicación electrónica. Para entonces, la comunicación presencial no se daba con genuina atención frente a un otro. 

Hoy, casi dos décadas después, el psiquiatra Edward Hallowell propone que cinco minutos son suficientes para una sana interacción si durante ese tiempo ponemos atención a lo que le está ocurriendo a la otra persona, a lo que necesita o simplemente tenemos con ella un gesto de afecto o de consideración.

¿Puede haber algo peor que compartir un café con una persona que esté atendiendo constantemente a su celular? ¿Puede haber algo más frustrante que dedicar tiempo a reuniones familiares o sociales en las que nunca alguien pregunta “¿como estás?”.

La tecnología ha cambiado la forma en que nos relacionamos con los demás: La comunicación presencial es cada vez más escasa. Y esto, pese a que para secretar las hormonas de la felicidad, para conseguir el bienestar y la calma, lo que necesitamos realmente es el contacto directo con otras personas. El profesor de Psicología de la Universidad de California en Berkeley Dacher Keltner comenta en su columna “La ciencia del tacto: por qué el contacto físico puede hacerte más feliz y más exitoso”, publicada en la prestigiosa revista Wired, que mientras más comunicación táctil haya entre los miembros de un equipo, mejores son los resultados en el tiempo. Lo demuestra por medio de observaciones realizadas a equipos compuestos por jugadores de básquetbol y otros deportes.

Aunque nuestras costumbres sociales varían según la región, como explica el escritor Rick Chillot en su columna “The power of touch” (“El poder del tacto”, en español) en la revista “Psychology today”, sentir la conexión física con los demás tiene para todos los seres humanos un impacto positivo. Estudios han demostrado que el afecto táctil de una madre en niños pequeños los ayuda a dormir mejor, estar menos irritables y socializar mejor. Profesores y médicos, asimismo, son mejor evaluados por sus alumnos y pacientes si comunican sus emociones a través del tacto. Incluso se ha demostrado que las personas compran más en una tienda si el vendedor hace contacto táctil con el cliente o es más posible recibir ayuda de un extraño si al pedírselo he ejercido alguna conexión táctil.

No cabe duda que el tacto es una poderosa herramienta de comunicación, afecto y seguridad. Como señala la escritora Laura Guerrero, co autora del libro “Close encounters: communication in relationships” (“Encuentros cercanos: comunicación en las relaciones”), quien estudió la comunicación no verbal en la Universidad de Arizona, nos sentimos más conectados con alguien si nos toca. Biológicamente lo que ocurre es que cuando se estimulan los receptores de la piel a través de la presión, disminuyen las hormonas del estrés y se estimula la oxitocina, conocida como la hormona del apego.

Y aunque en el trabajo puede ser complejo el tema del tocar a otro, incluso percibido como un gesto excesivo o acosador, el contexto es importante. Hay reglas implícitas acerca de a quién podemos tocar, dónde y cuándo. Se ha estudiado que, por ejemplo, el contacto entre la zona de la espalda hasta las manos es la única área aceptable para tocar a otra persona cuando no se trata de una relación cercana.

Ahora que muchas celebraciones de fin de año se acercan, les propongo practicar lo que el psiquiatra Edward Hallowell planteó hace casi veinte años: Buscar “momentos humanos” en la relación con otros.

No se trata de incomodar a los demás, sino que de valorar el contacto que podamos conseguir a través del lenguaje no verbal, tanto en lo que podemos comunicar de nosotros mismos a los demás, o de lo que los demás nos intentan comunicar.

Podría partir saludando con un buen abrazo, decir palabras de afecto o de reconocimiento, demostrar apoyo y cariño al otro. Y al momento de brindar en estas fiestas de fin de año, no olvide mirar a los ojos: esa mirada podría ser lo más valioso de esa noche.

 

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