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jueves, 17 mayo 2018
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Rachel Weisz: Opresión y liberación

La conocida actriz regresa a las pantallas con “Desobediencia”, la primera película en inglés del chileno Sebastián Lelio. Coprotagonizada por Rachel McAdams, el filme cuenta la historia de dos mujeres sometidas por la religión ortodoxa judía que encuentran refugio en un apasionado y prohibido romance.

Por: Yenny Nun

A los 48 años, Rachel Weisz y su marido, Daniel Craig, más conocido como James Bond, esperan un hijo. Será el segundo para la actriz, que tiene otro hijo de 12 años, Henry Chance, con su ex pareja, el director Darren Aronofsky. Ni ella ni Craig son fanáticos de hablar de su vida privada, ninguno de los dos tiene cuenta de Instagram o Twitter y, según confesó ella en una entrevista reciente con The New York Times, no son especialmente talentosos –ni tienen mayor interés– en presentar su relación como parte de su “marca”.

La actriz tiene reputación de talentosa e intelectualmente brillante. En su carrera ha tenido todo tipo de roles, desde la heroína hollywoodense en “The Mummy”, hasta la misteriosa activista en “The Constant Gardener”, el filme de Fernando Meirelles que le valió el Oscar como mejor actriz de reparto en 2006. Su película más reciente es “Desobediencia”, coprotagonizada por Rachel McAdams y dirigida por Sebastián Lelio, el primer filme del director chileno en inglés. Ahí, Weisz encarna a Ronit, una fotógrafa que vive en Nueva York y que regresa a Londres para asistir al funeral de su padre, líder de una comunidad judía ortodoxa. Poco después de su llegada, reinicia un apasionado romance con Esti, una mujer atada por las tradiciones religiosas, ahora casada con Dovid, protegido del rabino y primo de Ronit.

La película ha causado enorme atención no solo por tratarse de un conmovedor relato de opresión y liberación, sino también porque marca el regreso de Lelio a las pantallas luego de ganar el Oscar por “Una mujer fantástica” e, inevitablemente, porque el filme incluye una apasionada escena romántica entre las dos actrices que ya ha ocupado columnas y columnas de comentarios. “La primera vez que me reuní con ellas fue memorable”, cuenta el director.

“Estaba nervioso porque, en el fondo, no sabía si iba a haber química entre ellas. Estaba en un restaurante hablando con Rachel McAdams cuando vi desde lejos llegar a Rachel Weisz. Se sentó y comenzaron a conversar. De inmediato me di cuenta de que iba a haber una gran electricidad entre ambas. El hecho de que sean tan diferentes, iba a funcionar perfecto en el juego de atracción y magnetismo que exige la película. Desde mi perspectiva, verlas a las dos interactuar fue una suerte de epifanía”.

Nos reunimos con Rachel Weisz en el Four Seasons de Beverly Hills poco antes del estreno de la película, que hace unos días fue presentada además en el Festival de Cine de TriBeCa.

–Tu personaje es muy fuerte, parece conocerse bien a sí misma y no le importa lo que piense el resto. ¿Te pareces a ella?

–No lo sé... No estoy segura qué significa ser un personaje fuerte. Ella es rebelde y tiene un reflejo que la hace reaccionar en forma desobediente. Pero de muchos modos tengo la impresión de que es muy débil y vulnerable, y eso, pienso, es lo que la lleva a volver al lugar de donde viene a cortar de raíz con su niñez, su familia, su religión y su comunidad. Corta con todo y continúa con su vida, pero lo hace en forma coja. Sé a qué te refieres, pero yo la veo un poco distinta. Si estás siempre escapando de algo, no eres realmente libre. Esta película se trata de entender la libertad, y a veces la desobediencia es importante, fundamental, pero cuando hay demasiada, como en el caso de Ronit, no estoy tan segura de que sea verdadera.

–¿Cómo fue trabajar con Sebastián Lelio? Esta es su primera película en inglés...

–Sebastián habla inglés fluido, y diría que su inglés se hizo mejor y mejor durante la filmación. Él fue el primer director al que le envié el libro (Rachel es también productora del filme), lo que es increíble, porque es chileno, católico y heterosexual. No tiene nada que ver con el mundo que retrata esta película, pero lo leyó, quiso hacerlo, hizo los dos primeros borradores del guión y luego trajimos a una dramaturga inglesa llamada Rebecca Lenkiewicz. Sebastián tuvo un fantástico equipo que hablaba inglés a su alrededor. No fue como el caso de Ang Lee, que no hablaba una gota de inglés cuando hizo “Sense and Sensibility” o “The Ice Storm”. Son directores de una cultura diferente, pero con un ojo muy sensible.

–Elegiste trabajar con él incluso antes de que ganara el Oscar...

–¿Estás tratando de decir que solo trabajo con gente que haya ganado un Oscar?

–¿Habías visto alguno de sus filmes?

–“Gloria”. Esa película fue sorprendente para mí, porque, como sabes, trata de una mujer de 58 años, de sus deseos sexuales, las miserias de sus citas, las vueltas humorísticas... Aquí voy a generalizar, pero en la mayoría de las películas norteamericanas, esa mujer sería una tía o una abuela con dos parlamentos en el guión; estaría ubicada en una esquina de la historia. Lo que hizo Sebastián, fue tomar a esa mujer madura, revelar su sexualidad y empujarla al centro de la historia. Pensé que era un hombre gay, lo asumí así, ni siquiera se me pasó por la cabeza que pudiera ser heterosexual.

–Y está casado con una noruega...

–Sí, y es una mujer increíble. Sebastián hizo algo parecido con “Una mujer fantástica”, porque una mujer transexual tampoco ocupa generalmente el centro de la historia. “Gloria” me pareció una obra maestra, y por eso le pedí que dirigiera nuestra película.

–¿Por qué te atrajo una historia de judíos ortodoxos? Todas las religiones tienen sus fundamentalismos...

–Podría haberse tratado de la comunidad Amish en Pennsylvania, por ejemplo, pero todos recuerdan “Testigo en peligro” con Harrison Ford. Lo que buscaba era la historia de dos mujeres, y encontré muchas que trascurrían en la década de los 50, cuando ser gay era tabú. Hubo algo en esta que me atrajo especialmente, porque ocurre muy cerca de donde crecí en el norte de Londres, pero no conozco a nadie de esa comunidad, no tuve acceso a ella. Nadie lo tiene, a no ser que hayas nacido ahí. Naomi Alderman, que escribió la novela, creció en esa comunidad, la abandonó, y se radicó en Nueva York. Es un poco como Ronit, y eso es lo que hace al libro tan extraordinario.

–Me parece que uno de los mensajes del filme habla del coraje de desaparecer...

–Sí, estoy totalmente de acuerdo. En cierto modo es como “La forma del agua”, que es un cuento de hadas que habla de que debemos ser libres para amar a quien queramos, ser lo que queremos ser. Para mí, “Desobediencia” habla de lo mismo, pero en una forma más contemporánea.

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[Foto: Hollywood Reporter]

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