17

nuevos articulos

martes, 27 marzo 2018
Publicado por

Rapa Nui: El ombligo del planeta

Vivir la Tapati, fiesta tradicional de Isla de Pascua, es sumergirse en un cofre rico en tesoros culturales, pero es también tomar conciencia de los grandes desafíos que enfrenta ese territorio insular chileno ante su atractivo inesquivable para el turismo mundial.

Por: Oscar Sepúlveda

Viajar a Isla de Pascua permite tener una nueva comprobación de aquella tesis que indica que las características geográficas de los lugares determinan en buena medida el carácter de su gente. Y cómo no, si todas las personas somos una mezcla de nuestra herencia genética con la capacidad de adaptarnos e interactuar con el medio que nos rodea. Por algo a los chilenos se nos atribuyen rasgos isleños. La cordillera nos ha separado del resto del planeta y nos ha dejado ocupando lo que muchos consideran el último rincón del mundo. Aparejado con ello, nuestras costumbres reciben muy tardíamente la influencia de otras culturas. Por eso somos más tímidos, temerosos, conservadores, anticuados y hasta más depresivos que muchos otros pueblos del planeta.
Rapa Nui es la más famosa isla chilena y, por su ubicación en medio del Pacífico, ha sido bautizada como el “ombligo del mundo”. Esa característica geográfica, tanto como su denominación, probablemente han moldeado el carácter de ese pueblo hasta hacerlo sentirse el centro del mundo o “el hoyo del queque”, como se dice en lenguaje chileno coloquial.
Lo anterior tiene su efecto positivo en la elevada autoestima y en el alto sentido de la dignidad personal que exhiben los rapanui, rasgos valorables en cualquier persona, por supuesto, pero también implican un problema, dado que no siempre es fácil comprenderlos a primera vista para los miles de visitantes que llegan cada año atraídos por el exotismo de este lejano lugar, un sitio tan remoto que de hecho se lo considera el punto habitado más distante de los cinco continentes.
Situaciones tan simples como pedir a un garzón que se apure con la orden en un restaurante, poner un pie inadvertidamente en un sitio considerado sagrado o desordenar las poleras en una tienda para revisarlas antes de comprar, puede generar una áspera reacción en la población local.
Ese rasgo de autovaloración un tanto exacerbado en los isleños los lleva a ser muy seguros de sí mismos, al punto que, aunque viven del turismo, no sienten que deban ser obsecuentes –y muchas veces tampoco amables– con los visitantes, menos aun si estos son chilenos. Esto último, porque hay un largo historial de tensiones entre la isla y el Estado chileno.
Ese rasgo altivo que algunos turistas hasta pueden percibir como hostilidad, probablemente sea el mecanismo defensivo cultivado por un pueblo que sufrió penurias, tragedias y hasta maltratos brutales en épocas no tan lejanas.
La fragua del carácter rapanui tiene larga data. Cuenta la leyenda que alrededor del año 600 d.C. una catástrofe natural asoló la isla Hiva del Océano Pacífico. Ante ello, el ariki (rey) Henua Hotu a Matu’a buscó salvar a su pueblo de una posible extinción. Uno de sus consejeros, Haumaka, tuvo en sueños la visión de un territorio donde sería posible emigrar. Así lo hicieron y se instalaron en ese nuevo sitio, hoy conocido como Rapa Nui, por mil años, hasta que en 1610 llegó una segunda oleada de inmigrantes, de una raza corpulenta y maciza, que contribuyó a la construcción de monumentos megalíticos como los moai y los ahu. También desarrollaron la escritura rongo-rongo, la única existente en la Polinesia.
Fue en 1722, cuando el holandés Jacob Roggeween desembarcó en este lugar con tres naves durante la Pascua de Resurrección, que esta fue bautizada como Isla de Pascua, como es conocida hoy en el mundo. La posterior explotación colonialista de sus habitantes y su utilización como parte del tráfico de esclavos está acreditado por los historiadores.
Fueron desfilando distintas arremetidas colonizadoras, pero los abusos no pararon. Hasta hoy se escuchan con frecuencia en Rapa Nui las quejas de los lugareños por los atropellos sufridos durante los 25 años en que la isla fue controlada, a comienzos del siglo XX, por la empresa británica Williamson & Balfour, tras asociarse con el estanciero Enrique Merlet, a quien el Estado de Chile se la arrendó tras anexarla en 1888. A tal punto llegaron las humillaciones que se cuenta que los rapanui en presencia de un inglés tenían prohibido mirarlo a los ojos. Otra ignominia fue que la población local fue confinada a un rincón de la isla, la bahía de Hanga Roa, que fue rodeada de un cerco de alambres para evitar la libre circulación.
Posteriormente y hasta 1966 tomó control de la Isla la Armada nacional, período que no está exento de graves denuncias por abusos hacia los lugareños, que iban desde las violaciones de mujeres hasta el confinamiento de sus maridos en el leprosario local.
Tras diversas protestas, en 1966, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, se concedió a los isleños la ciudadanía chilena y se les otorgó por primera vez derecho a voto.

POLO TURÍSTICO INTERNACIONAL

Hoy Rapa Nui es un importante destino turístico, famoso en todo el mundo. Hasta su aeropuerto Mataveri se puede llegar en Latam desde Santiago o Tahiti, en vuelos que duran 5 o 6 horas.
Dado su clima templado, con lluvias subtropicales que dan agradables y entretenidas sorpresas con bastante frecuencia, se puede visitar este lugar en cualquier estación del año, aunque lo ideal es hacerlo en febrero para poder disfrutar la fiesta local conocida como la Tapati Rapa Nui. Se trata de un verdadero festival de bailes, canciones y competencias deportivas inspiradas en sus tradiciones. Esta fiesta se realiza desde fines de los años 60 y ha sido impulsada en especial por los alcaldes Juan Edmunds Rapahango, ya fallecido, y su hijo, el actual alcalde de Rapa Nui, Pedro Pablo Edmunds Paoa (56), conocido por todos como “Petero”.
Fue él, que ha ocupado el cargo ya por seis períodos, el orgulloso anfitrión de esta celebración que recibió este año a una selecta delegación de invitados, encabezada por Ernesto Ottone, el ministro de la Cultura y las Artes saliente. En su honor se inauguró una figura frente al futuro Teatro Municipal, que está a media cuadra de otra próxima gran obra comunal: un moderno edificio que albergará al Centro Lector y que se encuentra en plena construcción, con una inversión total de mil 500 millones de pesos.
Cada noche y durante 15 días, el amplio escenario natural de Hanga Vare Vare, junto al mar, recibió el desfile de grupos de danzas tradicionales y contemporáneas. Las presentaciones artísticas tuvieron ribetes impresionantes. A lo más, en el continente uno ha visto bailar a unos ocho pascuenses en el restaurante Bali Hai. Acá cada grupo de baile lo componían entre 200 y 300 bailarines, todos danzando a la vez con sus cuerpos pintados y atuendos típicos, con unas coreografías dignas de una inauguración de los Juegos Olímpicos. El espectáculo llega a ser emocionante y es una buena ocasión para que los locales difundan la hermosa lengua rapanui no solo entre los turistas venidos de Europa, Estados Unidos, Asia y América, sino también entre sus nuevas generaciones.
En medio de los festejos, el alcalde Petero agradeció el respaldo del Estado para dar vida a los dos proyectos, que implican una inversión de mil 500 millones de pesos, señalando: “A pesar de la lejanía de Rapa Nui, valoramos el apoyo y la gestión del ministro Ernesto Ottone que siempre ha tenido en su corazón a la isla. Con estas dos obras se materializa ese afecto, y en ellas se albergará el amor que Rapa Nui tiene con su pueblo y con el mundo”.
Según Ottone, la Tapati es “uno de los elementos más representativos del trabajo desarrollado en torno a la salvaguardia de la cultura de los pueblos originarios y su importancia en el fortalecimiento de la identidad de este territorio”.
Esta es la fiesta cultural más importante del territorio insular, que cada año congrega a las familias y la comunidad en torno a la elaboración de vestimentas, coreografías e indumentaria para las distintas competencias que se desarrollan durante dos semanas.
Una de las competencias más importantes para los isleños es la elección de los reyes simbólicos de la isla entre dos parejas que deben demostrar destrezas físicas y conocimientos acerca de su cultura originaria. La dupla ganadora de este año fue la compuesta por Waitiare Kaltenegger Ika y Koro Pate Tuki.
Otros eventos relacionados con la Tapati fueron la tradicional competencia tau’a (triatlón), takona (pintura corporal) y la confección de carros alegóricos por parte de los equipos representantes de las candidaturas. Además, hubo encuentros de Kai Kai, Pintura en Mahute, Tallado de Reimiro (figura icónica rapa nui), danzas, cantos, confecciones de coronas de flores, entre otras actividades. La participación es masiva e involucra a jóvenes, niños, adultos y ancianos, integrando a isleños y miles de visitantes. Entre estos últimos, pudo verse este año a conocidos rostros de televisión, empresarios, como Jorge Errázuriz o Marcelo Tokman, y a actrices, como Paz Bascuñán, quien junto a su familia ya son asiduos visitantes de la isla.
A lo largo de su historia, la Tapati ha reunido más de 40 artes ancestrales, destrezas que enseñan el arte de vivir en respeto y libertad, evocando el culto del Hombre Pájaro (Tangata Manu).
Hay en estas fiestas una riqueza cultural que cualquier país envidiaría. Chile ve engalanado su nombre con aquellas imágenes de filas de moai que observan impertérritos el horizonte mientras intrigan e impresionan al mundo, desde mucho antes que la película producida por Kevin Costner multiplicara su popularidad a nivel global, generando un nuevo impulso al turismo.
El fenómeno del creciente número de visitantes implica también para el gobierno local un interesante desafío y a la vez envuelve cierta contradicción de cara al negocio turístico.
Cuando le preguntamos al alcalde Petero cuál debiera ser a futuro el destino principal de la isla, señala que el conservacionismo como el mayor museo natural del mundo. Ese enfoque conservacionista implica un cuidado especial del medio ambiente y, por lo tanto, con el tipo y calidad de visitantes que la isla quiere recibir, “que no es cualquiera”, nos advierten. De hecho, una antigua aspiración de los isleños es la ley de residencia y permanencia que, inspirada en la protección del medio ambiente, está próxima a entrar en vigencia. Dicha normativa no estará exenta de polémicas dado que permitirá el ingreso de personas, sean extranjeros o chilenos, solo por 30 días, salvo que puedan exhibir un contrato de trabajo estable o a honorarios.
Pero si luego le preguntamos al jefe edilicio de qué vive Rapa Nui, no vacila en responder: “Del turismo”.
Hacer calzar esa ecuación no es fácil y en eso están hoy todos los enamorados y defensores de ese territorio y su cultura. //@revistacosas

Leer articulo completo