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jueves, 25 octubre 2018
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Ricardo Lagos Escobar: "Estamos luchando por volver a las recetas de un mundo que se fue"

El ex Presidente no se sorprende con los giros que va teniendo el mundo. Sabe que hay algo profundo en la grieta que se ha abierto entre la élite y los ciudadanos, y llama a la centroizquierda a hacerse nuevas preguntas para elaborar las respuestas. “Nos quedamos en el pasado”, dice.

Por: Claudia Alamo / Fotos: Bárbara San Martín

Sin corbata. Ricardo Lagos Escobar tiene un semblante muchísimo más relajado que cuando participaba de la política contingente. Se ríe, bromea. Sus movimientos corporales tienen la forma que da la soltura. El ex Presidente no tiene presiones. Habla de los temas que le interesan, de los asuntos que le preocupan y que no siempre están pegados al día a día. Lo inquieta el futuro cercano.

A sus 80 años, viaja mucho. Se reúne con líderes mundiales. Le preocupa la debilidad que están cruzando las democracias en el mundo; lo que traerá aparejada la inteligencia artificial y cómo afectará a los mercados laborales. Lagos es de aquellos que cree que la globalización ha generado ganadores y perdedores, y que su mundo, la socialdemocracia, no ha dado las respuestas que el momento requiere.

Su vida transcurre entre una activa agenda internacional, entre sus escapadas a Caleu –su refugio–, una intensa relación con los nietos, muchas reuniones con gente joven en su Fundación Democracia y Desarrollo, y también se hace el tiempo para desarrollar lo que él llama “un nuevo oficio”: presentar libros.

–Cuando usted dejó el gobierno, se decía que Lagos había instalado una nueva izquierda en Chile. ¿Diría que esa socialdemocracia está vigente?

–Bueno, el tema es más amplio. La socialdemocracia pasa por una situación particular en todo el mundo. La gran crisis económica y financiera de 2008, fue un momento complejo. Ahí la izquierda falló. A mi juicio, el error fue que las políticas de la socialdemocracia no fueron capaces de distinguirse de las políticas clásicas. La izquierda no sacó la voz. Se quedó muda. La respuesta debió ser política y no desde el mercado. Porque la política es para ordenar a los mercados y no al revés.

–¿Será que la socialdemocracia terminó prisionera del mercado?

–No. Ni siquiera es eso. Simplemente, no entendieron que había un rol de conducción, de liderazgo que cumplir.

–Eso es en el ámbito de lo económico. La contraparte es lo que pasa en la sociedad, lo que sucede cuando gana un Donald Trump...

–Es que ahí me obligas a cambiarme de caballo. La globalización, como la entendemos, genera ganadores y perdedores. El sueño americano, la promesa de que “sus hijos van a vivir mejor que usted”, se acabó.

–Y en América Latina es al revés: los hijos acceden a lo que no pudieron acceder sus padres...

–Exactamente. En América Latina nuestros hijos están mejor que nosotros, el problema es que no estamos seguros de hasta cuándo. Eso siente la gente. Sabe que hubo años buenos y se dejó atrás la pobreza. El problema, te dicen, es la incertidumbre y el miedo de volver atrás.

–Si la globalización genera ganadores y perdedores. ¿Quiénes son los ganadores en este mundo tan ilegible?

–Los ganadores son, desde luego, las profesiones que van en alza. ¿Se ha dado cuenta de que en las universidades el mejor departamento es el de Economía y Negocios? O sea, el sector financiero está top. Los trabajos manuales simples, van para atrás. Si no hay una especialidad en tu trabajo, vas para abajo. Y si a eso usted le agrega la migración, la situación es un poco más compleja...

–¿En qué sentido?

–En que la migración se produce por un doble efecto. La gente se va de su país porque la situación está mal. Se va en busca de un mejor vivir. Pero, claro, ahí aparece la segunda parte de la ecuación: el desencanto. Está el desencanto de los que están obligados a hacer su vida en un nuevo país. Y aparece el desencanto de los que sienten que estos señores migrantes vienen a quitarme el empleo. Es complejo...

EL SENTIDO DE LA IZQUIERDA

–¿Qué debate debiera hacer la izquierda? ¿Cómo recoger esos temas que angustian a los ciudadanos?

–Me gustaría saberlo. A ratos siento que nos quedamos en el pasado y estamos luchando por volver a las recetas de un mundo que se fue. Pero cuando tienes la amenaza de que la inteligencia artificial va a liquidar una cantidad enorme de puestos de trabajo –algunos dicen que puede ser la mitad de los puestos actuales de trabajo–, ¿cuáles son tus respuestas para ese enorme cambio que viene? ¿Cómo vas a resolver las migraciones? ¿Qué decisiones vas a tomar sobe el cambio climático? ¿Cómo vas a resolver el tema de la droga?

–No parecen ser los temas que la clase política chilena tiene en su lista de prioridades…

–No, pero esos son los temas del mundo hoy y que exceden a un país. ¿Quién hubiese imaginado hace unos años que íbamos a tener setenta mil haitianos? Y vemos que resolver el tema migratorio es de los asuntos claves para el futuro del planeta. Para qué decir el tema de la droga que, por desgracia, ahora lo tenemos instalado en Chile de una manera muy grande y grave. Entonces, ¿vamos a preocuparnos cuando sea tarde?

–Su mundo político, que antes interpretaba a la gente, está fragmentado, agrietado. ¿Cuándo y cómo perdió el vínculo con la ciudadanía?

–Lo que ha pasado es un proceso más profundo en la relación entre la ciudadanía y los que dirigen. Llámele élite, como quiera. El punto es que hasta ayer la política era vertical. El líder hablaba, pontificaba, lo escuchaban. Ahora, con la inmediatez de las comunicaciones y la horizontalidad, cambió totalmente el escenario. Acá los jóvenes sub 30 llegan, entran y me dicen: “Hola Ricardo, ¿cómo te va?”. Lo dicen con absoluta naturalidad. Nacieron en un mundo diferente.

–¿Será solo un tema generacional? ¿No será que se desconectaron de la gente no más?

–Es complejo saber en qué momento te vas desconectando. ¿Sucede porque llevas mucho tiempo en el poder? ¿Será la vieja frase de que el poder desgasta? Pero Andreotti dijo: “El que no lo tiene se desgasta mucho más”. ¿O será que te acostumbraste al poder y pensaste que ya no era necesario esa conexión?

–¿O será que se perdió la confianza? Mucha gente castigó a la centroizquierda cuando se enteró que el yerno de Pinochet financió a varios...

–Bueno, hay una confianza que tiene que ver con los valores éticos, con entender el servicio público como debe ser: estar ahí es para servir y no para servirse.

–¿Pero eso no muestra una ruptura con el electorado que culturalmente era de centroizquierda?

–Puede ser, pero eso no anula una historia. ¿Usted cree que eso es porque las políticas que se implementaron no fueron las adecuadas? Lo dudo. ¿En cuánto creció el producto en Chile? ¿Cuánta gente salió de la pobreza? ¿Qué porcentaje de jóvenes del quintil inferior estaba en la universidad y cuántos hay ahora? ¿Hubo redistribución de ingresos? Sí señor, hubo redistribución, modesta, pero hubo.

–No es lo que creen los jóvenes del Frente Amplio...

–Lo que digan los jóvenes del Frente Amplio me parece digno de considerar. Tiene que ver con cómo nosotros entendemos lo que hicimos. Yo no conozco otro período en la historia de Chile en que se haya progresado tanto. Ahora, dicho esto, no necesariamente la gente te tiene que votar porque hiciste cosas buenas. Siempre se buscan otros horizontes. En ese sentido, me parece razonable que haya una generación que tiene una mirada distinta.

–¿Usted ve el futuro de la izquierda en los jóvenes del Frente Amplio?

–Bueno, tienen que hacer el ejercicio de ponerse de acuerdo, en algo.

–¿Pero los ve con contenido, con fuerza...?

–¿Cuál contenido? Me ha costado ver el contenido, o los documentos que puedan tener. He visto el frescor de plantearse ante el país, he visto rostros nuevos. También he visto la eficiencia en algunos para gobernar, pero son muy pocos los que están en esa situación...

–Como Jorge Sharp.

–Claro, a eso me refiero. Pero también tú ves eficiencia en cuadros jóvenes del Partido Comunista. Entonces no es exclusivo de ellos.

–Como Daniel Jadue.

–Por supuesto. Entonces, claro, ahí tú ves que algunos se dan cuenta de lo que significa gobernar. Que hay recursos limitados, que no se puede hacer todo de una sola vez.

–¿Y que otra cosa es con guitarra?

–Bueno, o que se aprende con la guitarra.

–¿Usted tiene esperanza en ellos? ¿O siente que están siendo menos de lo que imaginó?

–A ver, uno está mirando las cosas muy de afuera. Por supuesto que es interesante lo que representan. Todo lo nuevo siempre resulta interesante. Y hay que acostumbrarse. De lo contrario, los países se anquilosan. El recambio es normal en una sociedad, y en buena hora que ocurra. Ahora, que algunas cosas sean exitosas y otras no tanto, está por verse. Yo recuerdo a los jóvenes de la Falange que terminaron en la marcha de la patria joven. Bueno, ¿qué es lo que es eso?

–Dígame usted.

–Una juventud que tuvo una visión, que la encarnaron con un liderazgo claro. Ellos se demoraron 20 años en llegar a ser una fuerza potente. Potente en el sentido de su ideario, de su identidad.

–¿Y al FA les da el beneficio de la duda?

–Lógico. Hasta que ellos formen un cuerpo identitario.

LA OPCIÓN QUE NO FUE

–Cuando usted bajó su candidatura dijo que se venía una ola conservadora. ¿Fue una advertencia?

–A ver, si hablamos a nivel país, ¿qué es lo que yo sentí en ese momento? Que se terminaba la Nueva Mayoría o la Concertación como la habíamos conocido. Se acababa el entendimiento entre el centro y la izquierda. Pero, además, estaba la constatación que Chile cambió. En esos seis o siete meses que recorrí el país, a cada población que llegaba la demanda era la misma: “¿Ha visto la casa que nos han entregado? No tenemos dónde dejar el auto”. Bueno, la gente tiene nuevos anhelos y necesidades.

–¿Eso explica por qué la gente votó por Piñera?

–Quiero explicar lo de Piñera. Él obtuvo un 36 por ciento en primera vuelta, y no tiene mayoría en el Parlamento. O sea, los sectores progresistas son mayoría, siempre y cuando pongan a la DC. Pero el Piñera que pasa de 36 a 54 por ciento en segunda vuelta, es porque conectó con las demandas profundas de esos sectores emergentes que quieren seguir creciendo. Y si de crecer se trata, la gente dice: “Le creo más a la derecha que a la izquierda”.

–A usted, ¿qué le complica de la centroizquierda hoy?

–Bueno, el cómo somos capaces de recuperar confianza, para tener credibilidad. Era mucho más fácil luchar contra Pinochet, porque es más fácil decir: “Los invito a votar en contra de este caballero”. Pero es mucho más difícil decir: “Los invito a votar por mí”, porque apareces tú con tus intereses crudos y desnudos. Además con una suficiencia como diciendo: yo sé mejor que usted lo que hay que hacer. Ahí hay un tema: de cómo abordas lo que la gente quiere y necesita.

–¿Para usted fue duro no haber logrado prender en la última elección presidencial?

–No es un problema de prender o no prender. Yo sentí una conexión que era más bien etaria. De 40 años para arriba todo el mundo te aplaudía.

–O sea, las declaraciones de Camila Vallejo, de Karol Cariola, de esa generación joven, hicieron eco en los jóvenes…

–Bueno, quizás pensaban que Lagos correspondía a una etapa del pasado. Encontraban que era un señor ya muy viejo, y con razón. Creo que, además, los nuestros nunca supieron explicar las cosas que hacíamos.

–Pero usted también le dio la espalda a su mundo político…

–Bueno, había gente que tenía una idea distinta no más.

–¿Así de simple? ¿No había una pugna ideológica más de fondo?

–Nunca lo vi así. Pero la lucha política tiene esas características.

–¿Y usted tiene el cuero duro? Es de los que cree que la política es sin llorar…

–La verdad es que estoy tan tranquilo con lo que he hecho. Porque aún habiéndome equivocado, nada ha sido intencional. Siempre he tratado de hacer las cosas lo mejor posible.

–¿Se siente satisfecho con las cosas que ha hecho?

–No me gustaría ponerlo así porque sería demasiado presuntuoso.

–En los años 90 lo veían como un “niño terrible” de la izquierda chilena y los empresarios hasta miraban cómo tomaba los cubiertos. Generaba miedo y hoy los empresarios lo respetan. ¿Cómo diría que fue cambiando la figura de Lagos?

–Siempre hay estereotipos y a veces ignorancia. Cuando me nombraron ministro de Educación, Sergio Onofre Jarpa dijo por ahí: “Y este caballero qué sabe de educación. No tiene ningún antecedente”. Él no tenía por qué saber que yo había sido profesor, que sabía de educación. Para él debo haber sido un operador político más. Y, efectivamente, cuando el mundo empresarial vio que yo sabía tomar los cubiertos en la mesa, como que se sorprendió. No es tan raro, ¿no? La clase media en Chile sabe tomar los cubiertos y sabe distinguir si el vaso es de cristal o es de vidrio. A eso me refiero con los estereotipos. Pero uno es lo que es. Y yo soy orgulloso de mi historia, de mi familia. Soy parte de la clase media de este país. //@revistacosas

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