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Miércoles, 17 Mayo 2017
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Richard Gere, el esplendor de su madurez

Según The New York Times, el actor “nunca ha estado mejor” que en su más reciente rol como un judío intermediario entre los ricos y poderosos de Manhattan en “Norman”. Nos reunimos con él en Los Angeles para hablar de su película, su noviazgo con la española Alejandra Silva y las lecciones que le ha dado el paso de los años.

Por: Yenny Nun 

Después de saltar a la fama como el gran símbolo sexual masculino de la de década de los 80 con “American Gigolo”, Richard Gere ha hecho una carrera curiosa y personal, eligiendo sus personajes cuidadosamente en producciones grandes y pequeñas, algunas de ellas convertidas en enormes éxitos de taquilla, como “Pretty Woman”, “An Officer and a Gentleman”, “Chicago”, “Unfaithful” y “Shall We Dance”.

Aunque su carrera obviamente le ha traído enorme fama y fortuna, su carácter sencillo y amable, su constante curiosidad artística y su espiritualidad –es budista y fue fundador de “Tibet House” en Nueva York junto al compositor Philip Glass–, lo ponen en un sitio aparte de la gran mayoría de superestrellas de Hollywood.

Eso, sin embargo, no ha impedido que las revistas y tabloides hayan seguido de cerca su vida personal. Su matrimonio en 1991 con la supermodelo Cindy Crawford causó enorme curiosidad entre la prensa y el público, igual que su posterior divorcio en 1995. Luego de eso, Gere mantuvo romances con la actriz Kim Basinger, la pintora brasilera Sylvia Martins, la actriz Penelope Milford y la ejecutiva Dawn Steel. A los 67 años, su actual pareja es la atractiva española Alejandra Silva, de 35.

Gere nació en un campo en Syracuse, al norte del estado de Nueva York, y estudió en la Universidad de Massachusetts gracias a una beca de gimnasia. En 1973 hizo su debut en el teatro de Nueva York en el rol de Danny Zuko en “Grease”, que luego repitió en el West End de Londres. En 1977 apareció en un rol secundario junto a Diane Keaton en “Looking for Mr. Goodbar”, y un año después tuvo su primer papel protagónico en el drama de culto “Days of Heaven”, de Terrence Malick.

Nos reunimos con el actor en Los Angeles para hablar de su nueva película, “Norman”, dirigida por el director israelí Joseph Cedar. Ahí , Gere encarna a Norman Oppenheimer, un judío de Nueva York que actúa como mediano intermediario entre los ricos y poderosos de la ciudad. En su crítica, The New York Times señaló que Gere “nunca
ha estado mejor”.

–Esta película es muy interesante y conmovedora. ¿Por qué te interesó interpretar este personaje?
–Como sabes, soy muy cuidadoso al elegir las cosas que hago. Joseph (Cedar, director y guionista de la película) es probablemente el más respetado y exitoso director de Israel. Nos conocimos, tuvimos una larga discusión sobre política, y le dije que si alguna vez tenía algún proyecto que lidiara con el Medio Oriente, estaría interesado en conversar al respecto. Una semana o diez días después, me envió el guión. Lo leí, y sentí que no tenía ningún sentido que me ofreciera un papel como este. Si yo fuera el director o productor de esta película, ciertamente no me habría puesto a mí mismo como protagonista. Pero él me explicó que quería un casting que no fuera obvio. Podría haber contratado a muchos actores judíos de Nueva York, que seguro habrían hecho un fantástico trabajo, pero estaba buscando algo diferente.
“Este es un personaje que no tiene historia pasada, y como actor, siempre estoy interesado en la historia pasada de mi personaje. ¿Cómo vive? ¿Es gay o straight? Había muy poca información sobre este hombre. Pero mientras más me preguntaba, más me daba cuenta de que estas preguntas eran irrelevantes para un personaje como este. Cree tanto
en las medias verdades o falsedades que inventa, que tiene fe en ellas desde que comienza a crearlas. Lo más importante que encontré en este personaje es su habilidad para lidiar con cualquier circunstancia que enfrenta. Siente muy poca rabia. Se frustra, pero sus frustraciones no se convierten en una ira debilitante. No tiene sentido de venganza. Toma las humillaciones que vive, las reagrupa y las usa para seguir adelante. Es algo que encuentro fascinante en él”.

–¿Por qué eliges hacer un proyecto como este en vez de roles más “flashy” que seguramente te deben ofrecer?
–Esta es una película y un personaje únicos. Nunca he visto a un tipo como este, y probablemente nunca lo veré nuevamente. Tú me conoces durante mucho tiempo; nunca he hecho una película de 100 millones de dólares, ni siquiera antes. Todas eran de 6 o 7 millones, todas bajo los 10 millones. Todavía hago ese tipo de películas, pero ahora son independientes, no son parte de los grandes estudios. Mi proceso para elegir mis proyectos no ha cambiado, debe ser algo que me toque, que me emocione. No creo haber tomado nunca un trabajo por dinero o pensando en que me iba a dejar bien con el estudio. Nunca he tenido un plan de juego en ese sentido. No necesito trabajar; me gusta hacerlo, pero no tiene sentido hacerlo a no ser que se trate de algo especial.

–¿Siempre supiste que serías un gran actor?
–No estoy seguro, pero sí sé que hubo dos momentos importantes en mi carrera. El primero fue mientras estudiaba en la Universidad de Massachusetts y fui aceptado para hacer una temporada de verano en el teatro Eugene O’Neil l en Provincetown, un teatro muy famoso. Fue uno de esos momentos en que sabes que tu vida está cambiando de curso. El segundo fue cuando me estaba quedando en el Chateau Marmont y recibí un llamado de Terry Malick para invitarme a participar en “Days of Heaven”, mi primera película importante. Sentí que era un momento en que mi destino me estaba llevando al cine. Pero no supe que, a los 67 años, estaría todavía haciendo películas, y películas que me ponen orgulloso.

–¿Cuáles crees que son las ventajas y las desventajas de la fama?
–¡Un millón de cosas, pero nunca las admitiría aquí! (bromea). La verdad es que no hay nada positivo respecto a la fama; hay cosas positivas respecto a tener éxito. Pienso que son dos cosas muy distintas. No tengo interés en la fama. No conozco a nadie que esté interesado en ella, que viva de ella. Hay gente famosa que no sabes qué hacen, solo son famosos. Es como el azúcar, no significa nada. Es una adicción. Pero creo que el éxito lleva al éxito, y el éxito lleva a la confianza en uno mismo, al aprendizaje y a la expansión. He tenido una suerte increíble y nunca la doy por descontada. El hecho de que esté aquí, haciendo lo que me gusta, y pueda enviar a mis hijos a la universidad sin preocuparme de dónde sale el dinero, es algo grande. Si necesito una operación, puedo pagarla. Eso es raro. La mayoría del mundo no puede hacerlo. Esa parte de ser exitoso es muy valiosa para mí, y por eso creo que me interesa expandir el éxito alrededor. El éxito no es algo para ser guardado o encerrado en muros, debe salir al mundo y ser repartido.

–¿Sientes que has tenido una carrera con altos y bajos?
–Mi carrera es un círculo que no termina nunca, por eso me sorprende estar todavía aquí. Pero como dije, mis elecciones nunca han tenido que ver con ser comercialmente exitoso o ganar mucho dinero, sino con hacer algo que me interese junto a personas con las que sienta una conexión creativa. No puedo trabajar con gente que no me guste o que estén en una onda diferente a la mía. No puedo. Me cierro. A estas alturas tengo una comprensión mucho mayor respecto a mis elecciones. Por un lado son muy intuitivas, pero por otro, son extremadamente racionales.
Juventud y energía

–¿Qué sientes respecto a la madurez, a hacerse viejo?
–¿Por qué mi pelo se ha vuelto blanco y el tuyo está más oscuro? (bromea).

–Cuando joven eras considerado un gran símbolo sexual, aunque en realidad eras mucho más que eso. ¿te puso incómodo alguna vez?
–Nunca presté atención a cosas como esas, era algo que no tenía nada que ver conmigo. Era suficientemente listo como para darme cuenta de eso. Pero es un hecho de la vida: sales a la calle y la gente proyecta muchas cosas en ti. Tienes que encontrar tu propio camino a través de todo eso. No hay una academia que te lo enseñe, tienes que
aprenderlo por ti mismo.

–¿y lo aprendiste?
–Mi papá va a cumplir 95 años en dos semanas y creció en un campo lechero. Cuando tienes un padre como ese, eres muy aterrizado. La ventaja de hacerse viejo es que, si tu mente aún funciona y no tienes alguna enfermedad seria, continúas aprendiendo y adquieres cierta sabiduría. Eso es muy bueno. Obviamente, no puedes correr tan rápido como lo hacías y hay otras cosas donde no tienes tanto éxito como antes.

–¿y cuál es la ventaja de tener una novia mucho más joven?
–¿Es más joven que yo?

–tiene 32.
–No, es mucho mayor que eso. Tiene 35. Mira, uno se enamora o no de otra persona. Es básicamente eso, y no creo que tenga nada que ver con la edad. Aparte de si la persona es joven o vieja, lo que me gusta es su frescura, su energía, su apertura. (Alejandra) es una mujer muy abierta, siempre aprendiendo. No es competitiva, siempre quiere ser mejor en todos los sentidos, y no tiene miedo a mirarse al espejo y ser crítica con- sigo misma, que es lo que todos debemos hacer si queremos aprender. Es muy cariñosa. Tiene todas estas maravillosas cualidades. Pero no creo que sea una cuestión de edad, sino de energía: ¿estás aprendiendo todavía? ¿Estás viva? ¿Vives el momento? Esas son las preguntas que me importan.

–Como padre, ¿qué te importa enseñarle a tu hijo? ¿Qué has aprendido de él?
–Un hijo es un espejo. Cualquiera que tenga hijos, sabe que están constantemente diciéndote quién eres. Sientes muchas emociones, porque te estás mirando en el espejo. Cosas buenas, malas, las frustraciones, la rabia, la alegría, las bendiciones... lo sientes todo, porque te importan. Eso te hace vulnerable. Es muy fácil en la vida protegerse a sí mismo, rodeándote de una armadura. Pero con los hijos no puede ser así. Con ellos tienes que abrirte completamente.

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[Foto:noticiassin.com]

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