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viernes, 21 diciembre 2018
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Sacerdote José Yuraszeck: "Veo en Chile mucho deseo de tender una mano"

El capellán del Hogar de Cristo dice que no hay para qué irse a África o al Sudeste Asiático para ayudar, “si las necesidades están en nuestra propia ciudad”. Este jesuita cuenta cómo ve y cómo vive la Navidad desde su cargo.

Por: Oscar Sepúlveda / Foto Retrato: Bárbara San Martín

Esta será la primera Navidad como capellán del Hogar de Cristo que vive el sacerdote José Yuraszeck, quien asumió en mayo de este año ese estratégico cargo. “No hay cosa más triste que vivir la Navidad solo”, advierte. “Eso ocurre cuando hay quiebres familiares, por ejemplo. Pero también hay muchas iniciativas de distinto tipo que convierten diciembre en un mes de encuentro. Yo veo que, independientemente de si se participa o no en la Iglesia Católica, muchos se preocupan de ir a los lugares donde hay personas que van a pasar la Navidad solas”, explica.

–¿Dirías que hay más solidaridad en este mes?

–En tanto hay “solitariedad”, se despierta la solidaridad. En general, el resto del año también, pero particularmente las fiestas de fin de año tienen una connotación de “cómo voy a estar solo”.

–En tu caso, ¿viviste la solidaridad en tu familia desde niño?

–Sí, primero la solidaridad interna, de acompañarse. Somos siete hermanos –yo soy el mayor–, y sí nos acompañamos. Estamos atentos a lo que cada uno necesita. Si alguno está triste por alguna razón, lo apañamos. Eso lo he vivido y lo sigo viviendo con mi familia.

–¿Algo de eso te llevó a ser sacerdote?

–Sin duda que lo que aprendí en mi casa y con los profesores en mi colegio, el Verbo Divino, me fui abriendo también a otras realidades.

–¿Consideras que el chileno católico practica ese espíritu solidario del cristianismo?

–Una buena cantidad, sí, y también el chileno no católico. Hay muchas personas que, no confesando una fe o no sintiéndose partícipes de todos los valores de la Iglesia, se suman ofreciendo su tiempo como voluntarios, a la causa del Hogar de Cristo, del Padre Hurtado.

–¿Los sacerdotes también viven solitariamente estas fechas, mientras todo el mundo celebra en familia?

–Yo soy jesuita, religioso, y vivo en una congregación en que somos siete. En ese sentido, no vivo estas fechas en soledad; probablemente hay otros que sí viven más solos, particularmente los curas diocesanos, los párrocos. Pero, en mi caso, lo menos que estoy es solo.

Cuenta el sacerdote José Yuraszeck que él celebra la Navidad en la comunidad Pablo Sexto, de Pudahuel. Ahí va a estar haciendo la misa en la noche del lunes 24, al igual como lo hace todos los sábados del año. “Lo que hacemos es que, ese día en la noche, los curas de las siete capillas, acostumbramos a reunirnos a comer y compartir un momento de paz. Y este 25, al almuerzo, iré a ver a mi familia y después tendremos una actividad en el Hogar de Cristo con personas en situación de calle”.

Explica el religioso que van a celebrar una misa en la calle y luego habrá una fiesta, en la cual el Viejo Pascuero llegará en el carro de Bomberos de Estación Central con regalo para todos.

Con solo seis años en el sacerdocio, José Yuraszeck, quien se define con humor como un “baby priest”, explica que el cargo que ocupa hoy es, sin duda, el de mayor responsabilidad que ha tenido hasta ahora. Dice que lo ha impresionado el compromiso de los trabajadores del Hogar de Cristo, particularmente de aquellos que tienen un trato directo con las personas favorecidas por los distintos programas. “Me han conmovido, por supuesto, las historias de inclusión de personas de todos los ámbitos que han llegado a estos programas en el suelo, con problemas de alcohol y drogas, personas muy dañadas que han estado mucho tiempo en la calle, y que aquí han podido ponerse de pie”, dice el capellán.

–¿Cómo se puede cuantificar gráficamente la ayuda que da el Hogar de Cristo?

–Al año atendemos a 36 mil personas, en distintos programas, con ocho líneas de acción: desde educación inicial, jardines infantiles, hasta residencias de adultos mayores. Si se pudiera cuantificar, es eso. Nosotros hablamos de promover trayectorias de inclusión con perspectiva de egreso. Eso significa que nos interesa que la gente no se perpetúe en estos programas. En el caso de los adultos mayores, hablamos de egresos celestiales. Tenemos salas de enfermos terminales, personas que no tienen, literalmente, dónde caerse muertas, y procuramos que al menos sus últimos días sean dignos y puedan recibir todas las atenciones y cuidados que necesitan. Agrégale a eso que tenemos funerarias que prestan servicios pagados o sociales, para los acogidos en el Hogar de Cristo. Procuramos que ese servicio también sea lo más digno posible.

–¿Cómo se financia la ayuda que dan ustedes?

–(...)

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