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Viernes, 30 Junio 2017
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Se conoce: Una niña de dos años y tres consejos

Mirella Granucci

Siempre he tenido una mejor relación con los niños que con la gente de mi edad. Mi comunicación con ellos es más fácil. Y, por cierto, más interesante. Me aburre la idea de que, por el hecho de ser adulta (supuestamente), yo tenga que jugar “como adulta” con los niños. En mi caso, no; yo soy la loca que hace el show, que se acuesta en el piso y hace el ridículo. Ridículo, de verdad, porque hay cosas que, convengamos, solo son lindas cuando las hacen los niños.

La semana pasada, Olivia vino a visitarme. Olivia es mi sobrina. Tiene dos años y habla como si tuviera dos bocas. Después de que me cambié a Chile, dejé de convivir de manera tan cercana con los niños y tal vez sea por eso que me fascina verla interactuar con el mundo: cómo hace sus bailes o inventa canciones con su voz aguda y dulcemente desafinada. 

Escribo esta columna para decir las tres cosas que aprendí con Olivia:

1. Si nadie le da atención, ella juega sola: La vi intentar jugar a la muñeca con un niño que conoció en la casa de unos amigos míos. Claramente, al niño le interesaba jugar con los niños más grandes, y la dejaba sola, pese a la insistencia de su madre. Olivia no se molestó. Al contrario, agarró unas muñecas que encontró y miniollas y fue a preparar comida de “mentirinha” para sus nuevos “amigos”. Con eso, Olivia me enseñó: si alguien no quiere “jugar” contigo, haz tu juego sola. Elige pasarlo bien.

2. Nada la pone más contenta que hacer feliz al otro: Olivia no es muy fácil a la hora de la comida. Mi hermana hace todo tipo de estrategias para lograr que su hija coma algo más que su favorito helado blanco (da lo mismo el sabor, ¡tiene que ser blanco!). Pero hay algo que siempre funciona: la sorpresa. Doy un ejemplo: “¡Mira, me lo comí todo!”. Y la gente, en este caso yo, digo: “Wow, ¡Olivia, no puedo creerlo! ¡Qué sorpresa linda me diste!”, y Olivia se ríe, dichosa.

Con eso, Olivia me enseñó: hay cosas que no tenemos tantas ganas de hacer, pero las hacemos para hacer feliz a quienes amamos. (Y eso nos alimenta el alma).

3.  Primero Olivia observa y después confía: De la manera que hablo, Olivia parece superextrovertida, y lo es, pero apenas cuando se siente en confianza. Cuando le presenté a un amigo, Olivia, con sus gigantes ojos azules, lo miró con sospecha. No quería saludarlo, solo observarlo un poco más. Pasados 10 minutos de verlo conversar conmigo, Olivia ya le contaba cosas entusiasmada y me pedía que la sentara a su lado.

Con eso, Olivia me enseñó: la confianza es algo que se gana y, antes de tirarse al vacío en una relación, intenta ser cuidadoso contigo mismo. (Gracias, Olivia, eso me hacía falta realmente aprender).

Ayer, Olivia se volvió a Brasil. Me dejó su oso gigante arriba de mi cama, un chupete en mi velador y muchas “saudades”.

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