17

nuevos articulos

Lunes, 15 Mayo 2017
Publicado por

Se encuentra: Esperanza

Mirella Granucci

Peinar la muñeca: expresión chilena que me costó mucho entender y que tiene mucho que ver con la situación que estoy viviendo.

Siempre es difícil empezar esta columna. Pero esta vez mucho más. Quiero ser honesta (tal vez porque es más fácil ser honesta acá, que en la vida real), pero me encuentro sin rumbo, perdida. Todo parece superficial y mentiroso. Y ni tú ni yo merecemos esto.

Y de pronto, un día caminando (algo que siempre me ayuda a pensar), me acordé de Esperanza. Y todo tuvo sentido. Esperanza es mi sobrina de tres años. Y la responsable de la primera vez que una guagua me hizo llorar de emoción (y sí, nunca pensé que algo así de siútico podría suceder, pero... sucede). Un día en su casa (yo, de vacaciones en Brasil), después de la ducha, mi hermana mayor le dice: “Esperanza, ahora tía Mica (yo soy tía Mica) va a peinar tu pelo”. Esperanza se desespera hasta el llanto: “No, no, no”.

Yo me hago cargo de vivir lejos de mi familia e intento –en vano y de forma torpe– recuperar todo el amor de mi sobrina en una semana. Pero, a pesar de mis esfuerzos, no estaba calificada (ni era lo suficientemente cercana) para peinar su pelito naranja. Entonces, mi hermana le dice(mientras yo siento que soy la peor tía del mundo): “Esperanza, tía Mica (yo de nuevo) sabe que se empieza a peinar de las puntitas, para que no duela... ¿cierto, tía Mica?”. Yo, descubriendo la información del siglo, respondo: “Claro... obvio”. Esperanza duda, pero se acerca. Y la peino sin mayores problemas. Lentamente. Y en las puntitas.

Y ahí, por unos minutos... me transformo en la mejor tía do mondo. ¿Por qué cuento esto? Porque ahora me toca a mí peinar mi cabeza llena de nudos. Y claro, en un intento desesperado, yo quise empezar a desenredarlos de la raíz. Los nudos más grandes. Los terribles nudos de la soledad. De la desilusión. Del miedo a ser, finalmente, un gran fracaso. Y duele. Y Esperanza, sin darse cuenta, me enseñó algo increíble con solo tres años: Para que no duela... hay que empezar por las puntitas.

Entonces, acá estoy, buscando resolver las cosas que puedo con el corazón que me queda. Es ridículo, pero empiezo por cambiar el plástico de la cortina de la ducha. Enmarco un cuadro, cambio un sillón. Busco una nueva depiladora (ya que robaron el celular de la mía y no logro contactarla, pero esta es otra historia). Y así, por las puntitas, espero lentamente llegar al gran nudo y lograr desenredarlo sin morir de dolor.

Leer articulo completo