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viernes, 15 septiembre 2017
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Se encuentra: México (más) lindo

Mirella Granucci

Camino por la ciudad de México, una de las más grandes del mundo. Me duelen los pies, pero estoy feliz. La gente me sonríe. Las cafeterías son hermosas y, a pesar del caos del tránsito, todo parece calzar perfecto. Yo podría seguir en esta columna hablando de todo lo que hace que la ciudad de México sea La Ciudad de México, pero me concedo el derecho de compartir el detalle que me dejó enamorada de los mexicanos: un cartel frente a un local que decía “En este establecimiento no discriminamos. En la CDMX se prohíbe negar, excluir o distinguir el acceso o prestación de servicio a cualquier persona o colectivo social por su origen étnico, nacional, color de piel, lengua, sexo, género, edad, discapacidad, condición jurídica, social o económica, identidad indígena, identidad de género, apariencia física, condiciones de salud, religión, formas de pensar, orientación o preferencia sexual, por tener tatuajes, o cualquier otra razón que tenga como propósito impedir el goce y ejercicio de los derechos humanos”.

Y las mismas palabras eran reproducidas en casi todos los otros locales a los cuales fui. Estos carteles no están hechos de un material que con el tiempo se vaya a echar a perder. Al contrario, en general son placas de metal muy bien afirmadas a la pared. La sensación que tuve fue de que esta ley ya no es cumplida por obligación, sino con orgullo.¿Será que siempre ha sido así? No sé. Me imagino que no... Pero ahora, cada cartel cobra más sentido que nunca y se convierte en una respuesta potente a un presidente estadounidense que tal vez nunca la sepa escuchar y a tantos otros personajes.

Me emociona el talento de la gente que logra sacar lo mejor de lo peor que les toca vivir. Y no puedo dejar de hablar de mi recurrente tema: el poder de la elección. La posibilidad de elegir, conscientemente, para cambiar la propia realidad.

Si nos toca una“situaciónTrump”como esta, podemos callarnos ,sin generar un cambio real. Pero también podemos ver eso –no se enojen con lo que voy a decir– como una “bendición oculta”. Una posibilidad, que tal vez quisiéramos evitar, pero que pone a prueba nuestros valores, nuestro sentido crítico frente al mundo, y finalmente nos hace ser más empáticos.

Tal vez, y solo tal vez, lo que esté pasando ahora puede, en contraposición, generar debate, traer a la luz posiciones más maduras frente al tema, y finalmente construir Unidad. Ok, no queríamos que pasara. Sería lindo que no fuesen necesarios estos carteles repartidos por toda la ciudad apelando al sentido común. Pero es lo que nos toca vivir y hay que sacar lo mejor de eso. Hay que verlo –lo repito– como una “bendición oculta” y una oportunidad de redimirnos por el pasado. Gracias México por ser valiente. [email protected]

Manuel Sosa es mexicano, ilustrador de esta columna y mi amigo de Instagram desde 2014.

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