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Martes, 20 Junio 2017
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Se necesita: empezar a hacer la cama para ordenar la vida

Mirella Granucci

Me siento un fraude, me justifico, me torturo y vuelvo a decirle a la almohada, donde tengo apoyada mi cabeza, que las elecciones que he tomado no son tan terribles. Pero es en vano. No me lo creo y, cansada del ping-pong cruel que juego conmigo misma, me quedo dormida sin darme cuenta. Pero ayer, mientras hacía la negociación conmigo misma —una de esas donde sabemos que muchas veces nadie resuelve nada— me acordé de un hombre con el que tuve una cita. Era un hombre muy bueno e inteligente. Uno de esos —porque sentí que él era mejor que yo— que pensé que no resultaría. (Y no lo digo por humildad o baja autoestima, lo digo porque aquella era mi versión: «Necesito un hombre malo para salvarlo de él mismo y para sentirme una buena mujer»).

Estábamos en el restaurante chino de mala muerte que me encanta.Y yo disparaba cómo mi vida no funcionaba, cómo no lograba hacer las cosas bien. Él me escuchaba con cariño y paciencia. (Sí, definitivamente, él era mejor persona que yo). Después, me dijo: “Una vez escuché una conversación en la que un hombre hablaba de algunas cosas que le hicieron la vida más fácil.Y la primera de ellas era que hacía la cama todos los días de la mejor manera posible. Entonces, él empezaba el día sabiendo que había hecho una cosa bien. Y después, si resultaba un mal día, él sabía que volvería a una cama hecha con excelencia... Creo que tienes que empezar a ver las cosas que, por más simple que sean, haces bien. Y cada una de ellas te ayudará a hacer otras bien. Estás atrapada porque ves solo las cosas malas y crees que en algún momento tendrás que hacer un gran acto épico que te resolverá toda tu vida, pero no existe tal acto. Existen pequeñas elecciones durante el día que resuelven pequeños aspectos de la vida”.

Me acordé de eso la noche pasada. De él. De la cama bien hecha. De los pequeños actos que nos ayudan a sentir que estamos haciendo las cosas bien, o por lo menos que nos hacen sentir que estamos avanzando. Por primera vez en las últimas semanas dormí con plenitud, y no atrapada en algo que no iba a resolver a las once de la noche. Sí, es obvio: hoy hice mi cama (por si acaso, yo siempre hago mi cama), pero hoy la hice de la mejor manera posible.Y además de escribir esta columna en el plazo correcto (que era algo que también me estaba costando últimamente), nada cambió mucho, no les voy a mentir. Pero mañana será mejor, habrá otros pequeños actos, y esta noche, una deliciosa cama bien hecha me espera para un sueño (más) tranquilo.

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