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viernes, 9 junio 2017
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Se puede: 30 días sin decir mentiras amorosas.

Mirella Granucci

Hace 30 días escribí una columna donde me desafiaba a rehabilitarme de mi adicción al amor… Me costó al inicio. El mundo está raro. Yo estoy rara. Miles de personas que buscan afecto. Y nadie que entregue muchas cosas… Mis 30 días fueron así: El primer hombre (hombre 1), que tal vez le gustaba de verdad, pero que vivía ocupado con su propia vida, me preguntó, cuando le dije que tendría que dejar de hablarle por un mes: “¿Me estás jodiendo?”. No sé si puedo ocupar esta palabra aquí, pero así fue tal cual. No, no lo estaba jodiendo. Estaba intentando analizar lo que realmente sentía por él… Y, bueno, lo que ocurrió fue que nunca más me habló. Otro hombre (hombre 2), con el que salí un par de veces en el pasado, y que siempre trataba de dejarme claro que no le interesaba tanto, me escribió, en tono de “¿Cómo has estado? Hace tanto tiempo...”. Con él fue fácil: En este caso, yo fui la que no le contestó más.

Y el hombre 3. El hombre que vivía lejos. El amor imposible y virtual. ¿Es posible amar virtualmente? O tal vez solo sea posible amar así. Cuando no conocemos del todo. Cuando no vemos las cicatrices, los monstruos y la oscuridad en que aquel ser vive cuando se apaga la pantalla… Ups, creo que la palabra no sería “amar”, sino “enamorarse”. (Mejor, volver a leer todo lo escrito hasta ahora y cambiar todo lo que es “amor” por “enamoramiento”). En fin, me costó no hablar con el hombre 3, no pensar en el hombre 3… Maldito hombre 3. Pero lo hice. Creo que lo hice, porque tenía que escribir esta columna. Porque no podía defraudar a los lectores. Pero lo admito: tuve una recaída. (Los domingos pueden ser terribles). ¿Qué descubrí después de 30 días? El hombre 1 me da lo que me gustaría recibir: cuidado, atención, pero a distancia, sin ahogarme, dejándome “libre” para sentir que aún tengo todas las otras posibilidades —que no necesariamente son reales–.

El hombre 2 es mi espejo en relación con el hombre 1. No le gusto, pero me busca cuando necesita sentirse acompañado. Hombre 2, si lees esta columna —lo que dudo, porque nunca te interesaste por lo que hago—, te digo: “Eres egoísta. Somos egoístas. Y los egoístas no aman”. Y, por último, mi querido enamoramiento virtual, el hombre 3. Aquí estoy confundida, lo reconozco. No me amas. No te amo. Pero siempre pienso en ti. Suspiro a cada “Like” que me das. (Sí, patético). Conclusión 1: No amo a ninguno. No ahora, aún. Conclusión 2: Me falta estar más tiempo sola… O, mejor, más tiempo conmigo. ¿Si me sirvió el desafío? Sí, voy a terminar mi primera novela el próximo mes. ¿De qué se trata? Amor.

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