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viernes, 3 noviembre 2017
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Sebastian Kurz en Austria: giro a la derecha

Sebastian Kurz, el primer líder político millennial europeo ha prometido ejercer más control sobre sus fronteras, disminuir la llegada de inmigrantes y no permitir que ningún refugiado reciba beneficios estatales antes de pasar al menos cinco años en el país.

Por: Manuel Santelices / Fotos: Getty images • Cancillería austriaca

A los 31 años, Sebastian Kurz, que al cierre de esta edición era el casi seguro próximo Primer Ministro austriaco, ya puede ser considerado el líder político más joven de Europa y el responsable de un preocupante giro a la derecha y el populismo en ese continente. Kurz, que hasta ahora se desempeñaba como ministro de Relaciones Exteriores de su país –un cargo que ejerce desde que tenía 27 años– llevó a su Partido del Pueblo a un importante triunfo en las elecciones realizadas hace dos semanas con una plataforma que, más que nada, apuntó a limitaciones en la inmigración y que, según sus adversarios, estuvo marcada por un abierto tono xenofóbico y anti islámico.

Austria, como Alemania, Bélgica, Francia y otros países europeos, ha tenido problemas para lidiar con un extraordinario flujo de inmigrantes y refugiados que ha puesto gran presión en sus sistemas de protección social y ha provocado intensas tensiones religiosas y culturales. Kurz insistió en que los extranjeros que llegan al país –más de 100 mil en el último año– debían adaptarse rápidamente al estilo de vida austriaco o ser deportados.

Su mensaje tuvo evidente eco en el electorado, pero alejó al Partido del Pueblo –un partido demócrata cristiano de centroderecha fundado después de la Segunda Guerra Mundial– de la filosofía que había mantenido hasta ahora y lo acercó al Partido la Libertad, un sector de extrema derecha vinculado al neonazismo.

Kurz planea formar con este último la coalición de mayoría que necesita para gobernar, luego de que el Partido del Pueblo sufriera un quiebre con sus antiguos socios, el Partido Social Demócrata de centroizquierda que, justamente, llevó a estas elecciones adelantadas.

El primer líder político millennial europeo ha prometido ejercer más control sobre sus fronteras, disminuir la llegada de inmigrantes y no permitir que ningún refugiado reciba beneficios estatales antes de pasar al menos cinco años en el país. Más controvertido aún han sido sus llamados a impedir que organizaciones extranjeras apoyen económicamente a mezquitas en Austria, insistir en que los musulmanes tengan acceso solo a versiones del Corán en alemán y previamente aprobadas por el gobierno, y su “burka ban”, que prohíbe el uso de velos para cubrir la cara de mujeres en público.

 

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