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lunes, 4 diciembre 2017
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Tina Brown: Los diarios de Vanity Fair

La legendaria editora acaba de lanzar las memorias de sus años en Vanity Fair, la revista que bajo su dirección –en los años 80– revolucionó el mundo de la celebridad y se convirtió en la bitácora obligada de una década de excesos, lujos y Trump.

Por: Manuel Santelices / Fotos: Getty Images

Tina Brown tenía apenas 29 años cuando se hizo cargo de la recién relanzada Vanity Fair en 1983, y lo hizo con una sola misión “seducir, seducir, seducir”. Armada con un presupuesto sin límites, el talento de fotógrafos como Annie Leibovitz o Harry Benson, periodistas como Bob Colacello, Dominick Dunne y Marie Brenner, el total apoyo de Condé Nast, y una década –la de los ’80– dorada en excesos y celebridad, no tuvo mayores problemas para elevar la revista en poco tiempo hasta convertirla en la biblia de la fama que es hasta hoy. Sentada en la cúspide de los medios, la Brown extendió sus tentáculos desde los bancos de Wall Street hasta la Casa Blanca en Washington o las colinas de Beverly Hills, elevando a un puñado de iconos en su portada, que, en esos días, era la más codiciada del mundo.

La semana pasada, la editora lanzó al mercado estadounidense su nuevo libro, “The Vanity Fair Diaries 1983-1992”, una bitácora de sus años en la revista. La publicación no pudo haber sido más oportuna, justo cuando Vanity Fair anunció que la ex editora de libros de The New York Times, Radhika Jones, sucedería al actual editor, el monumental Graydon Carter, que a su vez fue el sucesor de Tina Brown.

Por supuesto, el mundo editorial que recibe Radhika es muy distinto al que recibió Tina. Su libro parece a veces una lista de poderosos que ha caído en desgracia, en el olvido o, en el caso de Donald Trump, han dado un inesperado giro a sus vidas. Ivana Trump, por entonces una de las grandes figuras de la sociedad de Nueva York y, en ciertos círculos, motivo de burlas, comentarios y parodias, ocupó la portada de Vanity Fair junto al título “Ivana be a star!”.

Bajo la dirección de Tina, Goldie Hawn posó montada en un elefante, Whoopi Goldberg se sumergió en una tina llena de leche, Cindy Crawford apareció afeitando a K.D. Lang y, en una de las portadas más recordadas de las décadas recientes, Demi Moore posó desnuda y embarazada para el lente de la Leibovitz. Mucho antes de que los grandes estudios, sellos discográficos o marcas de cosméticos controlaran con mano de hierro el acceso a las celebridades, Julia Roberts, Sharon Stone o Michael Douglas se abrían sin prejuicios a la revista para hablar hasta de sus asuntos más personales. Una entrevista de Vanity Fair no era realmente una entrevista, era un evento.

En su libro, Tina recuerda algunos de los momentos más icónicos de su dirección, como cuando su equipo llegó a fotografiar a los Reagan en la Casa Blanca y Ron, que sabía sobre el poder de la imagen, decidió poner en el stereo (sí, eran stereos) la canción “Nancy with the laughing face” de Frank Sinatra y –como si estuvieran totalmente solos– sacar a bailar a Nancy y terminar el baile con un beso que fue captado y publicado a dos páginas en la revista. “Esa edición voló de los quioscos”, recuerda la editora.

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