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martes, 26 junio 2018
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Transformando el dolor

por: Patricia Lecaros

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento sí lo es. ¿Por qué? Porque a lo largo de la vida no podemos impedirnos atravesar por situaciones dolorosas, especialmente cambios y pérdidas, enfermedades y muertes, pero lo que sí podemos hacer es vivirlas de una manera sana. En caso contrario, la opción es enfermarnos y sufrir crónicamente por esto. 

Como seres humanos estamos dotados de variados mecanismos para enfrentar el estrés. Hay algunos muy básicos y otros más avanzados. Los más avanzados son aquellos que nos ayudan a enfrentar situaciones difíciles e incluso salir fortalecidos de ellas. En su columna “How healthy are your defense mechanism?” (en español, “¿Qué tan saludable son tus mecanismos de defensa?”) en la revista Psychology Today la Dra. Susan Krauss, Profesor Emérita de Ciencias Psicológicas y Cerebrales en la Universidad de Massachusetts Amherst, resume los mecanismos de defensa más maduros en los siguientes:

Sublimación: Cuando al sentirte ansioso, triste o enojado, optas por hacer algo constructivo como pintar, cocinar o hacer deporte.

Supresión: Cuando a pesar de sentir algún tipo de malestar, logras controlar la expresión de manera que no interfiera con tus planes, rutina o metas.

Anticipación: Cuando sabes que te tocará enfrentar algo complicado y te preparas y te organizas para ser lo más efectivo posible.

Humor: Cuando tratas de ver el lado cómico de la vida, incluso aunque sea frente a situaciones estresantes.

Altruismo: Cuando buscas el genuino bienestar ayudando a los demás.

El altruismo además ha demostrado ser una actitud de vida muy asociada a la felicidad. Para el famoso monje budista Matthieu Ricard, que reside en Nepal, reconocido por ser uno de los hombres más felices del mundo, el camino para lograr este bienestar está en el buscar no solo la felicidad individual sino la colectiva. Por defecto seríamos personas compasivas. Esta sería una reacción natural y espontánea de todo ser humano, sin embargo, al estar capturados por nuestras preocupaciones, habríamos dejado de ver de modo empático a los demás. 

La invitación es a no temer al dolor, a confiar en que podremos tolerarlo mientras hacemos otras cosas o ayudamos a los demás. Es sano reírse en momentos duros, es bueno prepararse para situaciones estresantes y poner “pausa” a los sentimientos es una muy buena estrategia ante ciertas ocasiones.

En la medida en que nos atrevamos a conectar con el dolor descubriremos que estamos más capacitados de lo que creemos para vivirlo y transformarlo.

[Foto: Pinterest]

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