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Miércoles, 15 febrero 2017
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Unidos por las olas

Viven en la playa, surfean todos los días y están criando a sus hijos en contacto con la naturaleza. Estas cinco parejas han acomodado sus vidas para poder pasar la mayor parte del día corriendo olas, simplemente porque para ellos no se trata solo de un deporte, sino que también de un estilo de vida que tienen la suerte de compartir en pareja.

Por: Sofía Arnaboldi / Fotos: José Luis Salazar y Bárbara San Martín

Jessica Anderson y Tristán Aicardi
Jessica Anderson es hija de dos surfistas de California que se fueron a vivir a Pichilemu cuando ella tenía 8 años, y desde los 10 que surfea todos los días. Ha sido cinco veces campeona nacional y actualmente compite en el circuito mundial de surf. Hace ocho años conoció a Tristán Aicardi, cuando ambos fueron seleccionados para el equipo nacional y hace siete que viven juntos en Pichilemu. Aicardi compitió por años y hoy se dedica al free surf; o sea, recorre el mundo buscando olas y paisajes únicos para hacer material audiovisual para las distintas marcas que lo auspician, como Quiksilver o Royal Guard. “Nos ha tocado separarnos por largos períodos, aunque hablamos todos los días. El año pasado me uní al final de su viaje por Indonesia... Es difícil, pero estamos los dos en la misma, así que eso lo hace un poco más fácil”, comenta Jessica.

Roberta Irarrázaval y Guillermo Satt
Fanáticos de las tablas, Guillermo surfea desde los nueve años, ha sido cinco veces campeón nacional y en sus tiempos libres hace snowboard; Roberta ostenta siete títulos como campeona sudamericana de snowboard y en la playa acompaña a su pareja al agua. Se conocieron hace un año y medio en la montaña y desde entonces que están juntos, compartiendo su estilo de vida que se caracteriza por los viajes y el deporte. El año pasado, el material que juntaron recorriendo el mundo surfeando y haciendo snowboard se concretó en el documental “Japonesia”. “Tenemos muchos pro- yectos juntos y la suerte de compartir el mismo estilo de vida. Siempre estamos planeando viajes y nuevos proyectos: ahora viajamos a Hawaii porque estoy compitiendo en el World Surf League y luego nos vamos a Suiza a andar en snowboard... Y después adonde se nos ocurra”, comenta Guillermo.

Josefina Cross y Matías López
Matías López llegó a Puertecillo hace más de 20 años,cuando esta playa era un secreto conocido por un puñado de surfistas, que disfrutaba de olas en un paisaje idílico solo para ellos. Así, hipnotizado por el lugar, se instaló vivir a pocos metros de la rompiente. Por su parte, a Josefina le habían hablado de las olas de esta playa y recién salida de la universidad fue de camping a pasar el verano. Desde entonces están juntos y por años fueron los únicos habitantes en la punta sur de Puertecillo, haciéndose cargo del camping, del restaurante “Para de Gozar” y de cuidar y recoger la basura de la playa. También crearon la amasandería “La Gran Ola” donde preparan recetas integrales y orgánicas. Su amor por el mar se lo han transmitido a sus tres hijos, quienes surfean todos los días y Estela la mayor, de 10 años, se proyecta como una de las nuevas promesas del surf nacional.

Paula Valenzuela y Sebastián Menichetti
El surf –más allá de ser un deporte– es algo que Paula y Sebastián disfrutan como familia. Lo suyo es una opción de vida y aunque él es dueño del bar “Subterráneo” en Providencia, y ella es la creadora de Mia Luna, una marca de productos para mujeres, lograron manejar sus negocios desde la playa. “Sebastián me ayudó a formar un buen equipo y a delegar parte de mi trabajo para poder estar acá”, dice Paula. Los dos, además, desarrollan sus otras pasiones: Sebastián dedica parte de su tiempo a componer música y tocar instrumentos, y Paula hace yoga, disciplina que practica hace 11 años. “Para nosotros, el surf tiene que ver con una vida sana, con el deporte, la naturaleza, la ecología, con estar en forma, alimentarse bien, criar a nuestros dos hijos en un lugar sano y simple, sin tanto materialismo... Es una visión de vida”, aseguran.

Juan José Alonso y Antonia Salamé
Antonia siempre había practicado deportes sobre tablas y a los 28 años se aventuró con el surf, después de tratar por un rato decidió que quizás no era lo suyo. Justo en ese tiempo conoció a Juanjo, quien la motivó a seguir surfeando y le regaló una tabla ideal para aprender y un traje de agua calientito. Hoy, esta pareja vive en Puertecillo donde surfea todos los días. Aparte de compartir el gusto por el mar, los dos trabajan con diseños de ropa: Antonia es una de las socias de La Isla Bonita, y él, divide sus días entre sus diseños para la marca Stoked, sus cuadros y su campo de olivos donde produce el aceite de oliva Alonso. “He aprendido”, cuenta Antonia, “mucho del arte de Juanjo. Muchas veces, me pongo a sacar fotos de partes de sus cuadros y hago estampados para mi marca. Una vez hicimos una vitrina para mi tienda juntos y ganó un premio. Tenemos gustos muy parecidos, sobre todo en la influencia tribal. Nos complementamos muy bien".

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