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jueves, 7 junio 2007
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Victoria Buchino: "Madre Teresa me guiña un ojo desde arriba"

 

Esta destacada cantante argentina-italiana protagoniza “Teresa, la Obra Musical”, que relata la vida de la santa de Calcuta y se presentará en Santiago a beneficio de la Fundación Auxilio Maltés.

Victoria Buchino, o Vicky para los amigos, es una mujer alegre y sensitiva. Demuestra una capacidad asombrosa en el manejo de sus emociones y la versatilidad propia de una artista con más de 30 años de trayectoria. Es que Vicky, hija del músico y compositor argentino Víctor Buchino, canta desde que dio sus primeros pasos. Creció escuchando a reconocidos artistas como John Coltrain y David Goldman. Quizás por eso, de todos los estilos musicales que maneja –tango, bolero y bossanova–, el jazz es el que más le apasiona.

Poseedora de esas personalidades acogedoras y magnéticas, esta intérprete –mitad italiana y mitad argentina– vino a Chile como protagonista del primer musical dedicado a Santa Teresa de Calcuta y que en Argentina lleva más de un año en cartelera. “Teresa, la Obra Musical” se presentará en Santiago los días 2 y 3 de mayo a beneficio de la Fundación Auxilio Maltés, que se dedica especialmente a ayudar a enfermos de escasos recursos con patologías respiratorias.

Dirigido por Julián Collados, producido por Tito Garabal y musicalizado por Juan Manuel Bevaqua, el musical cuenta en forma de crónica los pasos que llevaron a Teresa de Calcuta a la santidad. Un fotógrafo y periodista es quien va introduciendo al espectador en la vida y muerte de la protagonista. La puesta en escena –que cuenta con más de 25 actores y 150 cambios de vestuario– tiene todos los componentes de un musical típico, pero con un profundo mensaje constructivo y esperanzador.

Una mujer increíble
–¿Cómo llegaste a interpretar a Teresa de Calcuta?
–Bueno, yo estaba haciendo dos obras en Buenos Aires: “La Armadura Oxidada” y “La Madrastra de Cenicienta”. Entonces, Tito Garabal –quien tuvo la idea original del musical de Teresa– propuso mi nombre, porque a él le gustó mucho la obra “El Diluvio que Viene”, que protagonicé durante varios años. Me entregaron el libreto el día del cumpleaños de la santa. Reaccioné con una sonrisa irónica porque pensé: ‘¡¿Yo, Madre Teresa?!’. Pero me entregué y la verdad es que estoy muy agradecida del apoyo del equipo y de la misma Madre Teresa, quien me debe estar guiñando el ojo desde arriba.

“Para mí existe un antes y un después de teresa de calcuta. antes interpretaba canciones, ahora soy actriz y cantante?.

 

–Tuviste que aprender albanés. ¿Cómo fue eso?
–Es una lengua completamente diferente a la nuestra, por lo que significó un gran estudio, que mantengo hasta hoy. En todo caso, la idea de incorporar esta lengua en el parlamento de la obra fue iniciativa mía. Pensé que como el albanés era el idioma original de la Madre Teresa, era muy probable que en sus momentos más íntimos –de soledad o cuando rezaba– lo hacía en esa lengua. Fue un aporte a los miles de documentales y biografías que analicé, además de la postura corporal, porque me encorvo hasta medir ocho centímetros menos, ya que ella era muy menudita.

–¿Qué te dejó este rol?
–Me hizo descubrir que era una mujer con un carácter increíble, una guerrera capaz de golpear la mesa y alzar la voz para conseguir lo que buscaba. De otra manera, no se explicaría cómo logró lo que se proponía. Toda la humanidad cree que la Madre Teresa era una mujer calladita, que siempre estaba con las manos juntas en son de rezo, pero ¡no! Ahora, para mi vida profesional y privada existe un antes y un después de Teresa de Calcuta. Antes yo interpretaba canciones, ahora soy actriz y cantante. Es el personaje que más me ha marcado.

–¿Qué mensaje buscas dar con esta interpretación?
–La obra busca despertar solidaridad. Demostrar que no hace falta irse a la India para erradicar la pobreza, sino empezar por casa, con el niño que limpia los vidrios del auto o el que pide dinero en la esquina. Yo era la típica argentina que hacía caso omiso a este tipo de señales, sin embargo, ya no lo hago. El otro día compré un sándwich con una Coca y se la llevé a un chico que estaba pidiendo a dos cuadras de mi casa. Con esos detalles no vas a acabar con el hambre en el mundo, pero el musical despertó en mí la conciencia.

–¿Cuál ha sido el mejor consejo que te han dado?
–(Lo piensa un momento). Me llegó en forma de un cuento hindú y me lo dio mi madrina Tita Merello. Yo estaba pasando por un mal momento y ella me tomó la mano y me dijo: “Esto también pasará” y me contó una historia. Es el mejor consejo que he recibido. Todo los momentos en la vida pasan. Los aplausos pasan, se van, las lágrimas también. La vida va dando vueltas y hay que vivir el presente. Ahora estoy acá en Santiago rodeada de chilenos maravillosos a los cuales ¡adoro!, y mañana voy a estar en mi casa en Buenos Aires. Así es la vida, una rueda.

–Cuando no estás cantando o actuando, ¿qué es lo que más te gusta hacer?
–Me encanta escribir cuentos que hablen de la vida. Ahora estoy escribiendo uno contado desde la perspectiva de un hombre. Quizás algún día los publique, no sé. Además me encanta leer y, sobre todo, ver películas, pero no ir al cine.

–¿Por qué?
–Me gusta estar en mi casa y retroceder el DVD todas las veces que quiera. Creo que las canciones, los libros o las películas tienen que escucharse, leerse o verse más de una vez. Las salas de cine te limitan mucho en ese sentido.

–Después de 30 años de trayectoria, ¿te sientes una artista consolidada?
–Si la consolidación significa sentirse una artista sólida, entonces sí, me considero una artista sólida. Creo que mi único capital es mi trayectoria, nada más… y, a lo mejor, nada menos.

Valentina Pérez

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