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Buen vino, la mejor gastronomía, un museo de lujo y un recorrido por lo más profundo de la historia del vino chileno, es lo que a diario atrae a turistas nacionales y extranjeros a la Viña Santa Rita. Un panorama cultural y gastronómico imperdible.

Por: Paula Bengolea / Fotos: Ronny Belmar

Recorrer la Viña Santa Rita, ubicada en la zona precordillerana de Alto Jahuel, en la comuna de Buin, es un viaje enriquecedor, en un entorno único, a lo más propio de la historia vitivinícola chilena. Sumado a sus ricos viñedos y antiguas bodegas, está su delicioso restaurante de comida chilena “Doña Paula” y el Museo Andino, un verdadero lujo que reúne miles de piezas de arte precolombino.
“Aquí poseemos un gran patrimonio cultural digno de conocer. En la viña tenemos diversas alternativas de tours, en la mañana y en la tarde. Algunos de ellos tienen degustación y otros la posibilidad de almorzar en el restaurante ‘Doña Paula’”, comenta Roberto Rivas, relacionador público de la viña.
Santa Rita fue fundada en 1880 por Domingo Fernández Concha, quien trajo maquinaria, cepas finas y los mejores enólogos desde Francia. El año 1980, el empresario Ricardo Claro adquirió la viña y en poco tiempo la convirtió en una de las más importantes del país.
Hoy Santa Rita no sólo produce grandes vinos, sino que también ofrece a turistas y amantes del vino la posibilidad de visitar sus bodegas de vinificación, siendo la de Alto Jahuel la más importante, ya que su bodega número uno es una de las más antiguas del país. En el subterráneo de ésta se envejecen –en barricas de roble francés y americano– vinos de gran calidad como Casa Real, Floresta y Medalla Real.
“Generalmente dentro del tour está la cata, para que la gente entienda el proceso de degustación y luego eso lo complemente con la degustación del producto final”, afirma Rivas.

“Doña Paula”
Luego del recorrido y de degustar algunos vinos, nada mejor que sentarse a comer en su restaurante “Doña Paula”, ubicado en un una casona colonial de más de 200 años y que debe su nombre a Paula Jaraquemada, heroína chilena dueña de esta hacienda a principios del siglo XIX. Este atiende sólo en horario de almuerzo, de martes a domingo, y su carta ofrece platos chilenos típicos y comida internacional. Imperdibles son la plateada al jugo, cordero en su jugo, el costillar y el osobuco en salsa Merlot, todo esto obviamente acompañado de una completa carta de vinos de Santa Rita y también da la posibilidad de degustar distintos vinos en copas. ¡Qué mejor!
Bernardita Larraín es la responsable del restaurante “Doña Paula” y quien se preocupa personalmente de que el menú que ofrece sea amplio, variado y de excelente calidad.
Luego del terremoto, y debido a que la casa donde estaba originalmente el restaurante sufrió algunos daños, “Doña Paula” está temporalmente funcionando en una carpa tipo banquetera hasta que los arreglos estén terminados en poco tiempo más, manteniendo, en todo caso, la reconocida calidad de su conocida

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Un museo de lujo
Por último, y para coronar un día acompañado de buen vino y comida, está la imperdible alternativa de visitar el Museo Andino. En una moderna construcción de más de mil 500 metros cuadrados se exhiben gratis al público mil 800 piezas de arte precolombino que Ricardo Claro coleccionó durante 40 años. “Don Ricardo y su mujer comenzaron a recopilar objetos precolombinos, especialmente mapuches hace muchos años y mucho después decidieron mostrar todo esto en un museo público para lo que se creó la Fundación Claro Vial”, cuenta Hernán Rodríguez, director del museo.
Un muro de piedra de inspiración incaica y una escultura de José Vicente Fajardo dan la bienvenida a este edificio de estilo moderno, pero con aires precolombinos.
La museografía se encargó a José Pérez de Arce, quien trabaja en el museo y quien, al tomar este proyecto, trabajó intentando lograr que la gente al visitar el recinto conservara en su memoria la estética de las colecciones.
El museo está organizado en tres naves o secciones. En una de ellas está el patrimonio de los pueblos precolombinos chilenos exhibidos a través de un recorrido geográfico y, en otra, está el patrimonio vivo de los pueblos aborígenes chilenos desde la zona central hacia el sur. “Al meterse en la colección, vas viendo objetos de pueblos completamente desaparecidos”, comenta su director.
El recorrido comienza con la sala Rapa Nui y su colección de antiguos moais de madera. Luego están las colecciones diaguita y mapuche, donde destaca una gran vitrina con objetos de plata del siglo XIX.
El museo abre de martes a domingo de 10 de la mañana a cinco de la tarde.
Un panorama de lujo: tour interesante, recorridos por paisajes preciosos, más la posibilidad de coronarlo con sabores y aromas inigualables. Y, lo que es más increíble, a muy pocos minutos de Santiago.