17

nuevos articulos

martes, 14 marzo 2017
Publicado por

Federico Willoughby “El riesgo con Guillier es que otros terminarían gobernando por él”

Asesor político de varios ex presidentes –desde Alessandri a Lagos, pasando por Pinochet–, ahora Willoughby sorprende con una novela de intrigas, “Crimen en el Salón Rojo”, que alude directamente a La Moneda. Aquí habla de política, tanto desde la ficción como de cara a la inquietante realidad.

Por: Oscar Sepúlveda / Fotos: Matías Bonizzoni

¿Qué lleva a un analista y asesor comunicacional de trayectoria tan extensa, como Federico Willoughby-Mac-Donald, cuya influencia cruza las últimas seis décadas de la política chilena, ya viviendo sus 80 años, a escribir una novela de intriga, que titula “Crimen en el Salón Rojo”? Razones puede tener muchas, pero la que él confiesa es muy simple: para entretener a la gente, porque la situación en este país, según él, está muy aburrida.
Willoughby ha trabajado con distintos gobernantes de Chile,fue presidente para AméricaLatina de Carma International, una empresa global de análisis de medios, y colabora con la EIU, unidad de inteligencia de la revista The Economist.
“Tenía esta tarea pendiente”, explica. “Desde chico me atraía este género. Agatha Christie, los suecos, los franceses, John Le Carré... Tenía ganas de hacer una novela con intriga y misterio, donde pudiera usar elementos de mi experiencia en ese mundo descrito en el libro, que es el mundo del poder, de los grandes intereses”.
A su juicio, la realidad política en Chile y el mundo está mala y aburrida,“por lo tanto, este es un escape para que la gente se entretenga”.Para subrayar ese propósito, optó por crear una ficción y situarla en el año 2040, año en que gobierna el Presidente Jorge Adler.

–¿Tiene sentido escribir novelas en tiempos en que tan poca gente lee?
–Es un estímulo. A la gente que no lee, no la educan para leer. En estos momentos se está retomando una tendencia, que había estado un poco interrumpida, de indagar en la historia,de hacer periodismo de investigación. Eso ha contribuido a aumentar las aguas de los lectores.

–¿Por qué escogiste como escenario La Moneda y por qué un crimen en ese lugar?
–Porque La Moneda es un lugar que la gente conoce poco. Llevar la trama del crimen a La Moneda permite crear otras intrigas y, además, permite al lector recorrer esos pasillos y salones.

–¿Te inspiraste en personajes reales?
–Sí, claro. Esa es una parte con la que yo me entretuve mucho. Elegí tres presidentes, tres ministros del Interior, y así para abajo, y saqué porcentajes de la vida de ellos para armar a mis personajes, que ya los tenía previamente definidos. Al igual que en el juego del caleidoscopio, tú vas dando vuelta a los personajes y van apareciendo figuran nuevas.

–El “Presidente Jorge Adler”, ¿vendría siendo Jorge Alessandri, tal vez?
–No, Jorge Adler tiene elementos de los tres presidentes reales que mezclé.

–¿Ha habido muchos crímenes en La Moneda?
–Que se sepa, no. Fuera del suicidio de Allende.

–Suicidio que para muchos fue un crimen contra la democracia, en el que tú participaste.
–En el centro de mando donde yo estaba,solamente se supo que había muerto.

–Me refiero a que tú participaste en el golpe de Estado contra Allende.
–La participación en el golpe es algo conocido y yo creo que es un tema en el cual reincidir es ensuciarse más.

–A medida que las personas van madurando, empiezan a evaluar lo que ha sido su vida. ¿Te has arrepentido de haber participado en el golpe?
–No. Era absolutamente inevitable. El país habría tenido, si no, un enfrentamiento muchomás sangriento, y coincidieron conmigo todos los líderes políticos más equilibrados de la época. No, arrepentimiento de nada; al contrario, creo que era una cosa que había que hacer. Había fracasado un régimen y esa es una ley de la política.

Vínculo con la realeza

–¿Qué buscabas decir con “crimen en el Salón Rojo”?
–Quería crear una historia que se desplazara fuera de la política local chilena, que conectara al país con el futuro, con la energía nuclear, con las grandes potencias, con esto de que en todas partes se producen irregularidades. Por eso incluyo a un proveedor del Pentágono que tiene un Ejército propio de guerrilleros para otras cosas.

–Creas también a una reina Leonor, que está rigiendo los destinos de España en 2040. Todo un guiño a la monarquía.
–Es que, como tú sabes, tengo una relación de raza con las monarquías y creo que los países no saben vivir sin monarquías. Ahora, la proyección en la novela es un gobierno presidencialista ideal,que ha sobrepasado toda estas cosas que van a suceder de aquí hasta 2040.

–¿cuál es tu vínculo con la realeza?
–Yo nací en un hogar en el cual las fechas de los nacimientos o matrimonios de la familia real inglesa eran como si fueran de la familia. Cuando fui de niño a Inglaterra, tenía la impresión de que nada era de la gente, porque tú te subías al ferrocarril de Su Majestad, te metías al hotel de Su Majestad, habías viajado en el barco de Su Majestad, todos los brindis terminaban con las palabras expresión “The King!”. Hoy es lo mismo.

–En esa época, ¿ya reinaba Isabel II?
–No. Todavía estaba Jorge VI. Mi padre tenía un baúl, que yo conservo, con el cual viajó mi abuelo desde Liverpool a Valparaíso, cuando vino a entrenar a la Armada Británica. Al nacer Carlos, se abrió el baúl y mi papá sacó una botella de oporto para que brindáramos. Yo conozco a la familia real porque nos han convidado aquí o porque hemos estado allá.

–¿Y cómo ves hoy el futuro de la monarquía?, que es tan criticada por los gastos que irroga para sus Estados.
–Bueno, cuando no eran los gastos, los criticaban por los escándalos. Porque los príncipes de ahora son santos, comparados con los de antes.

–Con tu conocimiento de la realeza, ¿crees que tras la muerte de Isabel II va a asumir su hijo Carlos o su nieto Guillermo?
–Mira, el poder de la monarquía es inherente al pragmatismo. Si uno lee a Shakespeare, verá que –sea por crimen, por desaparición o lo que sea–el que se impone es el que va a llenar las expectativas

–¿Por lo tanto?
–Por lo tanto, puede ser Carlos. A él le corresponde. Es el heredero de la corona. Pero, sin duda, por su edad tendría un reino más corto que su madre. Y entonces le tocaría a Guillermo,a quien conocí el año pasado en Londres. Tiene una popularidad impresionante, casi de futbolista.

–¿Piensas que Carlos tendría la generosidad de cederle el puesto a su hijo?
–No, ¡si estas cosas son muy pragmáticas! Con el poder, los sentimientos no corren.

–Pero, en este caso, ¿sería una decisión de Carlos o de la corte?
–Si magnánimamente lo hiciera, tendría que ser desde la posición y decisión de rey.

–¿Por qué Isabel II, pese a su edad, no abdica en favor de su hijo?
–Es la costumbre. Ella tiene el ejemplo de la reina Victoria. Y cuando juró como reina, en su primer discurso en Kenia, dijo que iba a reinar hasta su último aliento.

–Pero hasta los papas renuncian.
–Ese Papa (Benedicto XVI) era el más político. Renunció para que otro hiciera lo que él quería.

Una crisis de opereta

Con su humor inglés, Willoughby comenta que lo que lo dejó más satisfecho de su novela fue “haberla completado, porque a mi edad...”.También está contento por haber logrado construir una trama real, posible, para que la gente pudiera tener un escape en momentos en que en todas partes el poder está pasando por una crisis de repetición, como de opereta.

–Se dice que la Moneda es la casa donde tanto se sufre. Pero en tu novela es más bien la casa donde tanto se intriga.
–Sí, es que cada personaje de esta novela está manejado por intereses muy distintos a los del gobierno. El único que desea salvarse y proyectarse es el personaje principal.

–Te ha tocado colaborar con varios gobernantes: Alessandri, Frei Montalva, Pinochet, Aylwin, Frei Ruiz-Tagle y lagos. ¿nunca trabajaste con Bachelet?
–A ella la conocí en el Ministerio de Defensa, como asesora de Raúl Troncoso, y, como dice la gente de ahora, “de química” me pareció una persona que estaba como trasplantada en un mundo distinto. Debo admitir que me equivoqué y voté por ella, creyendo que su experiencia en la ONU iba a beneficiar al país. No ha cumplido las expectativas. No la puedo culpar, pero todo Jefe de Estado debe saber dejar de lado todas las pasiones personales,sobre todo las familiares. Un Presidente casi no tiene familia, señora, hijos, nietos, nada. Está entregado a la función del Estado.
“Además, creo que ella tiene una dificultad con el mundo varonil y eso es muy difícil de cara a manejar un gobierno que está compuesto de hombres y mujeres y que está diseñado por siglos para ser manejado por hombres. Ese desencuentro puede ser psicológico, de carácter o lo que sea, pero ha redundado en que su gestión sea muy mala, y así lo aprecia la ciudadanía. No es una opinión mía”.

–Ante la líquida situación que hay actual- mente, ¿cuál sería tu candidato presidencial?
–Creo que estamos en un break. La persona más calificada para gobernar Chile es Ricardo Lagos, sin duda, pero no sé qué campaña ha hecho que no prende. No quisiera referirme a los otros postulantes, pero ninguno da la altura. El riesgo de eso es que surjan líderes populistas que solo dividen a los países.

–Pero ¿cómo se puede contener ese populismo? Pareciera no haber salida.
–Los que prevalecen en estas crisis son los gobiernos que ofrecen estabilidad. Y si nosotros reincidimos con un gobierno que ya estuvo y que representa a los sectores económicamente más poderosos del país, como por matemáticas hay más pobres que ricos, va a ser muy difícil la gobernabilidad.

–Siguiendo el ejemplo de Bachelet, Frei y Lagos, a quienes no les ha ido bien en sus intentos por gobernar en un segundo período, ¿dirías que a Piñera no le conviene volver?
–Piñera es un hombre inteligente y sería un suicida si intentara enfrentar a una oposición política con una carga de duda tan grande sobre sus manejos económicos. Parte mal.

Moralmente desarmados

Willoughby explica que escogió un crimen como tema para su novela “porque se ha ampliado tanto el nivel de la delincuencia y a tantas esferas, que casi todos los demás delitos no conmueven. Además, creo que el surgimiento de tecnología para cometer fraudes y estafas va a una velocidad mayor que las fuerzas que puedan combatir eso.
“Ya las fronteras no significan nada. Hay muchos mensajes que nos pillan desprevenidos y uno dice ‘¡qué mala suerte!’. Pero el crimen se aprovecha de eso, porque las personas se desconectan, pero las organizaciones funcionan”.

–O sea, más allá del estado anárquico en que está la política, ¿hay maquinarias que siguen funcionando por debajo?
–Evidente. Si todos los chilenos sabemos cómo se designan los fiscales generales, cómo se solucionan los problemas en los juzgados. Fíjate que sale un cogotero con un juez de rehén y varios funcionarios armados se limitan a mirar, porque temen que vaya a haber un sumario. El país está moralmente desarmado. Eso me preocupa. Todos tenemos hijos y nietos, y me inquieta el futuro de ellos.

–Tú has votado por la Concertación y la Nueva Mayoría. Si el candidato de tu sector fuera Alejandro Guillier, ¿votarías por él?
–Yo veo que él está ahí, pero creo que no va a ser candidato.

–¿Por qué? ¿No crees que dure?
–Quizás me equivoque, pero las aspiraciones presidenciales pasan por un filtro en que se van transparentando las personalidades y sus características. Él es un profesional destacado, un hombre inteligente, con sanas ambiciones, pero no lo veo como candidato en la papeleta.

–¿Te produce una sensación parecida a la que te dio Bachelet como asesora en Defensa?
–No, porque ella tiene una fuerte convicción ideológica. Ni siquiera es tan pragmática, es muy militante. Guillier tiene las virtudes que te señalé, pero si su nombre sale en la boleta, no voy a votar por él. El riesgo que Guillier representa es que otros terminarían gobernando por él.

Síguenos en redes sociales a través de Twitter, Facebook e Instagram // @revistacosas

Leer articulo completo